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Pbro. Javier Flores Garibay, descanse en paz

H. Matamoros. Condolencias para los familiares del Padre Floritos en este momento de dolor, y a todos nos llene de esperanza.

 

A todo el Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Matamoros
¡Gracia y Paz!

 

Con gran tristeza les comunico que el Padre Javier Flores Garibay, a la edad de 72 años, ha sido llamado por Jesús, el Buen Pastor, a la casa eterna del Padre, el día 30 de noviembre, a la 1:15 am.

Elevemos nuestra oración a Dios para pedirle el consuelo y la fortaleza necesarios para los familiares del Padre Floritos en este momento de dolor, y a todos nos llene de esperanza en que nos reuniremos, algún día, en el Reino de los cielos para celebrar en el Banquete celestial. En un comunicado posterior les informaremos sobre los funerales.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, en H. Matamoros, Tamaulipas, a los 30 días del mes de noviembre de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá

Jeremías 33,14-16
1 Tesalonicenses 3,12 – 4,2
Lucas 21,25-28.34-36

El tiempo de Adviento que iniciamos este domingo nos prepara, personal y comunitariamente, a la celebración del Nacimiento del Hijo de Dios, solemnidad que conocemos con el nombre de NAVIDAD. La palabra de Dios que escucharemos durante este tiempo litúrgico nos irá llevando de la mano, con sugerencias muy prácticas, para celebrar dignamente tan gran festividad.

El texto del profeta Jeremías nos expresa cómo Dios promete a su pueblo enviar un vástago santo, que nacerá del tronco (descendencia) de David. Este enviado de Dios traerá la salvación: “Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura…”. Además, promoverá la justicia y el derecho en la tierra. Esta misión que aplicamos a nuestro Señor Jesucristo, el “Mesías prometido”, vendrá a transformar las estructuras y los ambientes contrarios a Dios de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

En efecto, hoy en día, el Evangelio de Jesús sigue ayudando a erradicar la maldad reinante en nuestra sociedad; maldad que se traduce, por ejemplo, en inseguridad, violencia y tráfico de personas, injusticia, corrupción y lavado de dinero, extorciones, robos y secuestros. Para lograr que el Evangelio transforme la realidad en que vivimos, purifique nuestros ambientes sociales y sane los corazones que obran el mal, se requiere que todos los seres humanos nos demos tiempo para escuchar atentamente el mensaje que Jesús, nuestro salvador, vino a traer a este mundo. Esto es sencillo ¿no creen?

San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece algunas recomendaciones prácticas que conviene considerar en este tiempo de la espera gozosa de nuestro salvador: “Que el Señor los llene y los haga rebosar de un amor mutuo y hacia todos… para que él conserve sus corazones irreprochables en la santidad… vivan como conviene…”. En este Adviento podemos nosotros esforzarnos por practicar la caridad hacia los más necesitados, así como también, perseverar en la vida de la gracia, viviendo como verdaderos hombres y mujeres de fe.

El evangelio, por otra parte, nos presenta un discurso acerca de la segunda venida de Jesús. Quitado el ropaje literario (símbolos propios del lenguaje apocalíptico), el Señor, con mucha claridad, nos exhorta a lo siguiente: “Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente… Velen, pues, y hagan oración continuamente…”. Traduciendo estas palabras, se nos invita a llevar una vida sobria, austera, libre de apegos que apartan nuestra mente de las cosas realmente valiosas e importantes a los ojos de Dios. La vigilancia y la oración, durante estas semanas del Adviento, serán dos buenas prácticas para prepararnos al Nacimiento del Niño Jesús.

Que en la Eucaristía del primer domingo de Adviento, nos comprometamos con el Señor a intensificar la justicia, la caridad, la vida de gracia, la sobriedad, el desapego a las cosas materiales, la vigilancia y la oración. Amén.

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Tiempo de Adviento: preparación para celebrar la Navidad

En la Iglesia católica estamos iniciando un nuevo Año Litúrgico. Como cada año, por estas fechas (fines de noviembre), comenzamos a recordar los sucesos más importantes del plan de salvación de Dios para el hombre y, claro está que el primero de ellos es el Nacimiento de Jesucristo: la hermosa fiesta de Navidad.

La redención del hombre se debe a la muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, “Adviento”. Navidad y Adviento no son fiestas independientes. El Adviento nació como tiempo de preparación para celebrar la fiesta de la Navidad, igual que la Cuaresma respecto a la Pascua.

Significado del Adviento

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.

Esquema del adviento

Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: “Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento”.

Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.

Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: “Preparen el camino, Jesús llega” y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.

Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.

Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: “Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.

Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.

Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a “Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo”. Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta del Nacimiento del Salvador. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.

 

http://www.mercaba.org/

Papa Francisco en Africa

«Proclamar en África el amor de Jesucristo y su mensaje de paz y reconciliación», es el anhelo del Papa Francisco, como señaló él mismo, en la víspera del XI Viaje Apostólico internacional de su pontificado, para visitarKenia, Uganda y la República Centroafricana, del 25 al 30 de noviembre.

En dos vídeo mensajes, uno en inglés para las poblaciones keniata y ugandesa, y uno en francés para los centroafricanos, el Obispo de Roma, con su saludo y amistad, hace hincapié en su deseo de llevar en nombre de Jesús consolación y esperanza, con especial atención a los que sufren y a los pobres. Así como de impulsar el diálogo interreligioso y de alentar el perdón, la solidaridad y el progreso para todos los miembros de la familia humana, animando asimismo el compromiso de todos para lograr un mundo más justo y fraterno. (CdM – RV)

 

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25-11-2015 12.11.2 1Click para ir al sitio

Homilía Misa de clausura de la Asamblea Diocesana

H. Matamoros. Mons. Christophe Pierre Nuncio Apostólico en México nos comparte el texto de su homilía en la clausura de la Asamblea Diocesana de Pastoral.

 

Queridas hermanas y hermanos,

“Mis ovejas escuchan mi voz;
yo las conozco y ellas me siguen”.

Son palabras de Jesús que la liturgia aclama hoy antes de la proclamación del Evangelio. “¡Yo las conozco!”, afirma categóricamente Jesús. Conoce a cada una de sus ovejas, a cada una y a cada uno de nosotros; y nos conoce en profundidad.

Afirmación reveladora de Jesús que podría movernos al temor. Pues Él –dice-, conoce todo de todos, de cada uno, y nos conoce individualmente. Conoce nuestros aciertos y nuestros errores, nuestros esfuerzos y nuestras caídas. Y saber que Él nos conoce, podría, sí, justamente hacer que nos sintiéramos temerosos ante su presencia.

Pero, lo que realmente interesa a Jesús no es provocarnos miedo, sino todo lo contrario: infundirnos confianza. ¡Él nos conoce! Y aún así, nos habla. Nos conoce, y por ello nos invita a no quedarnos estancados en lo triste de nuestra propia realidad individual y comunitaria; nos invita, por tanto, a escuchar su voz y a seguirle.

Y lo hace con ternura y con insistencia. Nos habla como Buen Pastor y, al hacerlo, espera que nosotros, sus ovejas, lo escuchemos. Porque, de sus ovejas Jesús dice que ellas “escuchan mi voz”. Pero, ¿esto es verdad en nosotros? ¿Nosotros verdaderamente lo escuchamos? Pues, fijémonos bien, no se trata solo de oír, sino de escuchar. Oír es dejar que los sonidos, los ruidos, las palabras entren a nuestros oídos; escuchar, en cambio, es el acto de acoger libre y conscientemente la palabra que viene del Otro para, a semejanza de la Virgen María, meterla en nuestra mente, pensarla, reflexionarla y meditarla, aprender de ella, guardarla y conservarla en el corazón, para, día a día, hacerla norma de nuestra misma vida; hacerla vida.

Quien simplemente oye, al rato olvida. Quien, en cambio, escucha, se alimenta, vive y se deja modelar por lo escuchado. Por ello solo escuchando verdaderamente a Jesús es que resulta posible tener y experimentar vivo el encuentro íntimo y profundo con Él, Buen Pastor que cuida de sus ovejas, que busca a la extraviada, cura a la herida, carga en sus hombros a la extenuada; el Buen Pastor que por amor da la vida por sus ovejas y que también da vida a sus ovejas, porque las ama; porque nos ama; porque para Él, cada una y cada uno es importante.

Ojalá, queridas hermanas y hermanos, pudiéramos comprender cabalmente lo que significa que Jesús mismo, en persona; que el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador se digne seguirnos hablando, invitándonos a escucharlo y a seguirlo. Y es que, si verdaderamente logramos tomar conciencia de esto, de siervos perezosos y temerosos, de cristianos indiferentes, pasivos o superficiales lograremos convertirnos en dinámicos discípulos misioneros de Jesús, y de alguna manera lograremos ser efectiva y eficazmente, en nuestra historia y en nuestro mundo, cristianos convencidos, decididos, apostólicos; discípulos misioneros que llenos de dinamismo por la fuerza de la palabra, no dudarán echar las redes para pescar (Cfr. Lc 5, 5), esperando aún contra toda esperanza.

Porque, en efecto, escuchar la voz de Jesús y seguirle implica también colaborar con Él en la realización del proyecto de salvación del Padre a favor de toda la humanidad. Colaboración nuestra que misteriosa y eficazmente se une, prolongándola de alguna manera, a la de los primeros apóstoles y discípulos de Jesús, quienes estando día a día con Él, permaneciendo unidos a Él como el sarmiento a la vid, enviados a proclamar “la buena nueva” del Evangelio, llegado el momento se pusieron en obra para evangelizar, llevando la buena noticia, a la persona misma de Jesús, a todos los hombres y por todas las latitudes del mundo conocido.

Escuchando, reflexionando y meditando la palabra del Señor, acogiendo con siempre renovado entusiasmo su mandato, al igual que los primeros discípulos y siguiendo los pasos de quienes los han precedido, ustedes, hermanas y hermanos, se han estado preparando para proseguir con creciente conciencia y dinamismo su propio servicio evangelizador en estas tierras. Tarea para nada fácil. Porque evangelizar, proclamar fielmente el nombre de Jesús en la Iglesia y siendo Iglesia, también hoy comporta ir al encuentro inevitable de las persecuciones e insidias que fabrican quienes se oponen al plan de Dios.

Pero Jesús nos dice: “Yo las conozco y ellas me siguen”. Jesús sabe lo que ha tomado en sus manos al llamarnos a trabajar en su obra; más aún, en su realización no estamos solo, pues, siguiéndolo, nosotros estamos con Él, o mejor, es Él quien está con nosotros, como Buen Pastor.

Por tanto, aún de frente a los mayores retos tenemos suficientes motivos para no amedrentarnos y sí para ser valientes. Valientes como Cristo Jesús, que en la proclamación de la verdad y en la defensa del derecho del hombre y de su mismo Padre, no rehuyó enfrentarse a los importantes de su tiempo, con palabras y actitudes que nos enseñan a ser valientes, a no convertirnos en cómplices de la oscuridad y de la confusión, a ser amigos de la luz y de la verdad sin ambigüedades. Porque el amor a la verdad es irrenunciable compromiso del cristiano, llamado a dar testimonio de ella: de la verdad de Dios, de la verdad del mundo, de la verdad de la revelación, de la verdad de Cristo, de la verdad del hombre.

Una valentía, una parresía, que jamás debería faltar a ninguno de los discípulos misioneros de Jesús. Clarividencia y valentía ante los desafíos del mundo de hoy, y valentía y coherencia también ante los retos que se presentan al interior de nuestras comunidades y de la Iglesia. Porque misterio no es constatar cómo, entre otras cosas, en ellas no está del todo ausente uno de los fenómenos que suele debilitar nuestro testimonio y nuestra acción: el provocado por la fragilidad y la inconstancia de los miembros que se confiesan cristianos, pero que en sus actitudes y comportamientos cristianos y de fe, dejan mucho que desear o hasta manifiestan todo lo contrario.

Nuestra vida de fe, queridos hermanos, no debería conformarse ni puede conformarse con la simple aceptación mental y abstracta de un Dios hecho hombre llamado Jesucristo. La verdadera vida de fe, en cambio, se conforma y fundamenta sólo en la acogida radical e indisoluble de la Persona de Jesús, nuestro Buen Pastor, el único Salvador que, resucitado, vive, habla, fatiga, enseña, levanta, trabaja, camina entre nosotros, con nosotros, en nosotros. Vida dinámica y eficaz de fe, que parte de la conciencia de que Jesucristo no es una idea; de que el Evangelio, ni es solo un mensaje ni mucho menos una ideología; de que el cristianismo no nace de una decisión ética. Nuestra vida de fe parte de la consciencia de que, ella, tiene su firme, total y comprometedor fundamento, solo en el encuentro real con una Persona: con la Persona de Jesucristo Cristo resucitado, nuestro Buen Pastor.

Como a los apóstoles, hoy también a nosotros Jesús nos anima a ser mensajeros fieles y apasionados. Nos anima a ser discípulos que escuchan la palabra y a ser misioneros y apóstoles que la proclaman. En este sentido es que San Pablo llegó a decir a Timoteo: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo (…). Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2Tim 4, 2-4).

Escuchar, por tanto, la palabra. Escucharla permanentemente para, asumiéndola personal y comunitariamente, proclamarla a todos con la propia voz, actitudes y obras, siguiendo a Cristo Jesús y asumiendo “un dinamismo nuevo” que nos lleve a salir de nosotros mismos y de nuestros costumbrismos; que nos mueva a salir y a llegar hasta las diversas periferias existenciales del ser humano; a elevar la mirada ante el vasto desierto del mundo que, si bien inconscientemente, también a través de la mediación de nuestro servicio está en espera de encontrar a Jesucristo. Lo que hoy se nos pide es, pues, conversión y renovación. Y es esto lo que el Espíritu quiere impulsar también en esta Iglesia particular.

¡Cristo es la esperanza que no defrauda! Él, resucitado y glorioso se hace presente en la Iglesia a través de la Palabra, los sacramentos y el testimonio de los santos.

Tengamos confianza y tengamos esperanza. Con el esfuerzo de cada uno podemos mantener vivo el sueño de que un día, muy pronto, Cristo, escuchado y seguido, reine verdadera y totalmente en estas tierras y reine en todo México. Soñamos y esperamos que, con la colaboración generosa de todos y de cada uno de los hombres y mujeres que acogen a Cristo en su vida, México logrará vivir en paz; sus habitantes podrán ver el sol que alumbra y da calor a todos sin distinción cada mañana; ver las nubes, los valles y los mares seguros de que nadie atropellará la dignidad de nadie y se sabrán respetar y valorar los derechos y la vida de los otros. Es un sueño ciertamente. Pero con la ayuda del Señor que incesantemente imploramos con la oración, podrá convertirse en maravillosa realidad. Pidámosle que así sea.

Y, ¡adelante! Sigamos avanzando tras las huellas de Jesús en la construcción del Reino. En nuestro camino y al alcance de nuestras fuerzas podemos siempre alimentarnos con el “pan de vida” y contar con la compañía de la Virgen Santa María. A Ella, que encarnó la esperanza de Israel y donó al mundo al Salvador, le pedimos que interceda por nosotros, que nos modele, nos guíe e ilumine en la oscuridad de nuestras dificultades hacia el alba radiante del encuentro definitivo con el Resucitado. A Ella le rogamos nos ayude a imitarla en el saber ir, “caminando juntos” y escuchándonos, al encuentro del mundo y de los hombres, para ofrecerles desde la coherente y fiel vivencia de nuestra propia vocación, con el testimonio de vida y con el anuncio, el mayor de los tesoros, la mayor de las noticias: a Jesucristo, Buen Pastor, “Rostro de la misericordia del Padre”.

Que Él, queridos hermanos y hermanas, regale a todos un gran celo apostólico por la misión y la evangelización. Les conceda abundantemente su gracia y, con ella, el don de la paz, fruto de la justicia, de la solidaridad, de la fraternidad, del perdón, de la misericordia, del amor.

¡Ánimo! Él les acompaña porque Él les ama; porque Él ama la paz: porque Él es nuestra paz. ¡Ánimo y adelante! Amén.

 

S.E.R. Mons. Christophe Pierre
Nuncio Apostólico en México
Clausura de la Asamblea Diocesana
(H. Matamoros, Tam. 20 de noviembre de 2015)

Homilía Misa de apertura de la Asamblea Diocesana

H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón nos comparte el texto de la homilía que pronunció en la apertura de la Asamblea Diocesana de Pastoral llevada a cabo los días 19 y 20 de noviembre de 2015.

 

HOMILÍA
MISA DE APERTURA
ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL 2015

 

1 Mac 2,15-19
Lc 19,41-44

 

MUY QUERIDAS HERMANAS Y HERMANOS EN CRISTO JESÚS:

El evangelista san Lucas nos presenta, el día de hoy, el final del recorrido que nuestro Señor realiza desde la región del norte, su tierra Galilea, hasta la ciudad de Jerusalén, meta de su largo camino. Él durante este itinerario fue predicando la Buena Nueva de la Salvación, fue presentando un nuevo estilo de vida en nuestra relación con Dios y con nuestros semejantes. De modo particular, con sus palabras y obras, nos fue manifestando a un Dios cercano, compasivo y misericordioso, lento para la ira y pronto para perdonar.

Ahora, al estar cerca de Jerusalén, contempla la ciudad, llora por ella y le habla, exclamando: “Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz”. Tres acciones significativas: contemplar, llorar, hablar con el corazón…

1.Jesús contempla la ciudad, se da cuenta de la realidad que envuelve la vida de sus habitantes: enemistades, hipocresías, injusticias, faltas de caridad, falsa religiosidad, culto carente de amor fraterno y solidaridad, egoísmos, indiferencias… ¿Qué contemplaría Jesús en la vida de los ciudadanos de Jerusalén? El Papa Francisco en Evangelii Gaudium al hablar de la ciudad expresa los sufrimientos y pesares por los que pasan miles y miles de personas hoy en día, habitantes de las muchas ciudades del mundo.

¿Qué realidad contemplará Jesús en la vida de los hombres y mujeres de los pueblos y ciudades de nuestra diócesis: Camargo, Díaz Ordaz, Reynosa, Valle Hermoso, Río Bravo, Matamoros, Méndez, San Fernando? Indiferencia religiosa, ateísmo práctico, materialismo, cultura de muerte, pobreza, marginación, inseguridad, violencia, sufrimiento. Sin duda Jesús contempla todo aquello que nos quita la paz y que no nos hace vivir plenamente nuestra dignidad humana de hijos de Dios.

Hoy estamos reunidos aquí: hermanas y hermanos laicos, hombres y mujeres de la vida consagrada, diáconos permanentes, sacerdotes y obispos, en el inicio de nuestra Asamblea Anual de Pastoral; queremos contemplar con ojos de discípulos la realidad de nuestra Iglesia diocesana de Matamoros. Queremos ver los dinamismos y necesidades, lo bueno y las así llamadas áreas de oportunidad. Contemplemos como Jesús nuestra querida diócesis de Matamoros; contemplemos con amor y con profundidad las causas y las tendencias de lo que está sucediendo en nuestras parroquias, instituciones y comunidades; lo que está pasando por nuestras calles, por nuestras plazas, colonias, barrios y casas, por nuestros pueblos, por nuestros ejidos y campos pesqueros. Pidámosle a Jesús que contemplemos con sus ojos lo que nos llena de felicidad, pero también lo que nos preocupa y nos hace perder la paz.

2. Jesús llora por la ciudad. Jesús es el Dios hecho hombre, su corazón vibra de emoción, se da cuenta que sus habitantes andan más preocupados por sus afanes cotidianos que por lo verdaderamente importante. Jesús llora por Jerusalén porque se da cuenta que no ha habido respuesta positiva a su ministerio: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, nos dice san Juan en su evangelio. Jesús llora por las personas, no por las construcciones, murallas, calles o plazas de la ciudad, llora por los niños, los huérfanos y las viudas, por los enfermos, por los pecadores, por los pobres. Jesús llora por las actitudes de sus dirigentes y poderosos, quienes se han apartado del camino de Dios y han hecho que muchos se aparten de la verdadera observancia de la Ley.

Jesús llora porque es el Buen Pastor, porque conoce a cada una de sus ovejas y carga sobre sus hombros los sufrimientos que les afligen. Llora porque tiene un corazón compasivo y misericordioso: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Todos los agentes de pastoral, quienes estamos hoy aquí en el inicio de nuestra Asamblea diocesana, debemos imitar a Jesucristo, no solo en su actitud contemplativa, sino también en sus sentimientos que conmueven sus entrañas. El apóstol san Pablo en su carta a los Filipenses nos exhorta: “Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo”. Por esto, un laico comprometido, una religiosa, un diácono, un sacerdote párroco o un obispo pastor de una Iglesia que no haya llorado alguna vez por su pueblo, por sus hermanos a quienes sirve y acompaña, seguramente o no ha entendido las palabras “los amó hasta el extremo”, o no ha llegado aún a vivir plenamente la imitación de Cristo, haciendo suyas las palabras del apóstol: “vivo yo, ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. El Papa Francisco en su viaje a Filipinas nos decía que las lágrimas son la respuesta de Dios ante los grandes sufrimientos y problemáticas por los que atraviesa nuestra gente y que muchas veces son situaciones que no tienen solución.

Pidámosle a Jesús que con sus ojos y con su corazón lloremos emocionados por todo lo que nos llena de felicidad, pero también por lo que nos preocupa y nos hace perder la paz. Que nosotros, agentes de pastoral, tengamos siempre un corazón comprensivo, compasivo y misericordioso para con nuestros semejantes. Y que en todos nuestros proyectos y acciones pastorales estén involucrados la razón, pero también y sobre todo, el corazón.

3. Jesús, por último, le habla a la ciudad, exclamando: “Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz”

Si en este día comprendieras, es decir, se trata del hoy de la salvación que el evangelista san Lucas nos refiere constantemente. Ese día que Jesús contempla, llora y le habla a los habitantes de Jerusalén, es una nueva oportunidad para escuchar a Jesús, para aceptar su mensaje, para convertirse a él. Recordemos aquella parábola del trabajador de la viña que le pide a su patrón no cortar la higuera infecunda, y él mismo se ofrece cuidar de ella un año más para que pueda dar fruto. Así es el Señor, paciente, ofreciendo una y otra vez la salvación a su pueblo, dando una nueva oportunidad, como a Zaqueo o al ladrón arrepentido: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Qué hermosas palabras! Hoy es el día, no ayer, no mañana, HOY… “Si en este día comprendieras tú”. Los habitantes de Jerusalén recibían de Jesús, con etas palabras, una nueva oportunidad.

Lo que puede conducirte a la paz, es decir, lo que podía dar a los judíos bienestar, felicidad plena, armonía, salvación, paz. Sin duda estas palabras nos recuerdan todo lo que Jesús nos ofrece también a nosotros si lo aceptamos, si creemos en él, si ponemos en práctica sus enseñanzas. No olvidemos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. El camino verdadero que nos lleva a la vida eterna.

Hermanos y hermanas: HOY ES PARA NOSOTROS EL DÍA DE LA SALVACIÓN. Vivamos intensamente el presente, comprometidos con Dios, con la Iglesia, con los seres humanos. Aprovechemos este nuevo día que el Señor nos regala. No nos quedemos en el pasado, no pensemos tanto en el mañana, que cada día tiene su propio afán. Vivamos con entusiasmo esta Asamblea diocesana de pastoral involucrando todo nuestro ser, con la seguridad que Jesús nos dará lo que más requiere hoy en día nuestra Iglesia diocesana de Matamoros.

Nos duele, ciertamente, el sufrimiento de tanta gente a consecuencia de la violencia que impera en nuestros pueblos y ciudades. Anhelamos la paz, deseamos la paz, no como resultado de acuerdos, sino como fruto de nuestro esfuerzo y como un don de Dios. No olvidemos que ¡Cristo es nuestra paz! Esforcémonos por seguir construyendo la paz que tanto necesitamos, que tanto necesita nuestro mundo.

Que cada uno de nosotros cultivemos pensamientos y sentimientos de paz, palabras y gestos de paz, acciones y actitudes de paz. AMÉN.

 

MONS. RUY RENDON

Apoyemos el diezmo 2015 en la Diócesis

H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón Leal mediante una circular exhorta a todos los fieles para participar en la colecta del diezmo parroquial en la Diócesis el 29 de noviembre y durante los meses de diciembre 2015 y enero 2016 en la colecta por domicilio.

 

A toda la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Matamoros.
¡Gracia y Paz!

 

Muy queridos hermanos y hermanas:

Como cada año, nuestra Iglesia diocesana promueve, entre sus fieles, la actividad del DIEZMO o COLECTA ANUAL DIOCESANA. Ya desde el año pasado hemos tomado, del apóstol san Pablo, el texto: “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), con la finalidad de que promovamos juntos esta gran actividad.

De esta manera, con el ánimo de proseguir con las múltiples tareas evangelizadoras en nuestra amada Diócesis de Matamoros, hoy me dirijo a ustedes para exhortarles oportuna y encarecidamente a manifestar su espíritu de corresponsabilidad y solidaridad eclesial, imprescindible también desde la perspectiva económica.

En este sentido el Diezmo 2015 constituye una hermosa oportunidad para colaborar ampliamente en el sostenimiento de nuestra Iglesia diocesana de Matamoros. Tengamos en cuenta que la norma o criterio que desde hace tiempo se ha sugerido respecto a la cantidad que podemos aportar es: un día de nuestro salario o ingreso, aunque habrá personas que, con amor a la Iglesia y sintiendo la gran responsabilidad de los discípulos del Señor, podrán dar más.

Así, el próximo DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE, de acuerdo a la agenda diocesana, se realizará la colecta del Diezmo en cada uno de nuestras parroquias, cuasiparroquias, rectorías y capillas de toda la Diócesis de Matamoros, de manera que la ofrenda con la que contribuyamos en las misas de este domingo, se destine íntegramente a este fin. Unida a esta actividad, durante los meses de DICIEMBRE Y ENERO se realizará, la colecta domiciliaria del Diezmo, la cual será organizada y coordinada por cada una de las comunidades, como se acostumbra.

Desde el año pasado se impulsó la actividad complementaria denominada: “5A”, en donde el número 5 significa que, con 5 pesos, durante 5 días, se ayudará a 5 instituciones; la letra A, encabeza la siguiente oración: “AYUDEMOS, Ayúdame A Ayudar Ahora”. Esta actividad va dirigida, principalmente, a los niños y niñas de nuestras comunidades. Es importante enseñarles que, con esto, tendrán la oportunidad de ofrecer, durante una semana, un poco de lo suyo para apoyar alguna obra de servicio que se brinda en “las casas” de nuestra diócesis.

Ya desde hace algunos días los Señores Decanos han recordado, en cada decanato, sobre esta actividad; así mismo en la Asamblea Diocesana se les distribuyó el material que el Departamento de Economía preparó para esta ocasión.

Les proporciono las cuentas en que podrán depositar el diezmo, enviando la respectiva ficha de depósito, o bien podrán enviarlo directamente a la Economía Diocesana. Para quienes requieran o soliciten comprobante fiscal digital (CFDI), favor de dirigirse a la siguiente dirección electrónica: facturaciondiocesismatamoros@hotmail.com

 

Bancomer Afirme Banamex (dólares)
No. cuenta 0150985872 117000532 7979020222
Clabe 012818001509858725 062818001170005326 002818079790202229

Pido a Dios que cada una de nuestras actividades encaminadas al bien de nuestra Iglesia, fructifique en la expansión del Reino de Dios.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, de H. Matamoros, Tamaulipas, a los 23 días del mes de noviembre de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

 

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

Pilato le dijo: ¿Conque tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo has dicho. Soy rey

Daniel 7,13-14
Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33-37

Este domingo, como cada año, la Iglesia culmina la celebración de los diversos misterios de la vida de nuestro Señor Jesucristo; misterios que van desde su Encarnación y Nacimiento, hasta su gloriosa Ascensión, Pentecostés y la expectativa de su dichosa Venida, al final de los tiempos. A este ciclo completo le llamamos Año Litúrgico, el cual se cierra con esta Solemnidad de Cristo Rey.

Dentro de este gran marco celebrativo, con el significado propio del título “Jesucristo, Rey del Universo”, las lecturas bíblicas, de este domingo en particular, nos ofrecen algunos aspectos interesantes. Resaltan, por ejemplo: el reino, la grandeza y el poder eterno del hijo del hombre que el profeta Daniel nos describe en la primera lectura; el reino sacerdotal de Jesucristo y todos los títulos que san Juan en la segunda lectura le da a Jesús: “el testigo fiel”, “el primogénito de entre los muertos”, “el soberano de los reyes de la tierra”, “el Alfa y la Omega”, “el que es, el que era y el que ha de venir”, “el Todopoderoso”; títulos que ciertamente expresan la gloria y el poder eterno del reinado de Jesucristo.

El evangelio, por otra parte, nos presenta a Jesús como rey: “Tú lo has dicho. Soy rey”, le responde el Señor a Pilato; lo curioso es que es rey no al estilo humano, como los reyes de la tierra que poseen palacios lujosos y abundantes bienes materiales, ejércitos y armamentos, y que se distinguen por su prepotencia y triunfalismo, muchas veces desplegando a su alrededor muerte, injusticia, odio y mentira. Jesús es rey, pero es un rey que se entrega y muere por los suyos, un rey pobre y humilde, un rey amante de la paz, la vida, la justicia, el amor y la verdad.

Ahora bien, su reino y quienes forman parte del mismo, poseen las mismas cualidades de Jesús. El prefacio de la Misa de esta Solemnidad dice a la letra: “y sometiendo a su poder la creación entera, entregará a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz”. ¡Qué gran tarea y responsabilidad tenemos en la vida cristiana! Como miembros de la Iglesia, como discípulos de Jesús, debemos esforzarnos, día con día, para pertenecer al Reino que él vino a establecer entre nosotros. Solo perteneciendo a su Reino podremos ser verdaderos misioneros suyos, propagadores de sus valores en todo el mundo.

Al profesar este domingo nuestra fe, no pasemos por alto esa pequeña parte del credo que dice: “y su reino no tendrá fin”. Pidamos también a Jesús: que él reine en nuestro corazón, que él sea, de verdad, nuestro Rey y Señor. Amén.

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

 

 

Mons. Christophe Pierre visita nuestra Diócesis

H. Matamoros. El Sr. Nuncio Apostólico en México participa en la Asamblea diocesana invitado por Mons. Ruy Rendón para compartir la fe con las diversas comunidades los días 19 y 20 de noviembre.

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Mons. Ruy Rendón, Mons. Christophe Pierre

Se iniciaron los trabajos de la Asamblea con la Santa Misa presidida por Mons. Rendón, Obispo diocesano, estando presentes el Sr. Nuncio Apostólico, sacerdotes, diáconos, religiosas, laicos en el Salón Buen Hogar de esta ciudad. “Aceptar y creer en Jesús, camino verdadero… vivir comprometidos día con día” expresó en su homilía Mons. Ruy Rendón.

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Participantes de todas las parroquias, presentes en la Asamblea

En el transcurso de la Asamblea, Mons. Christophe Pierre ha tenido la oportunidad de dialogar con diversos grupos de Iglesia.

Nuncio vida religiosa

Representantes de la Vida Consagrada

Posteriormente Mons. Christophe Pierre develó una placa en la Universidad del Noreste de México, Universidad de la Diócesis, siendo recibido por el Rector de esta Casa de estudios Pbro. Dr. Eduardo González y directivos del plantel.

UNM NuncioEl Sr. Nuncio en la Universidad del Noreste de México

Más tarde se dirigió a las instalaciones del Seminario de Matamoros para bendecir la etapa del filosofado, mediante el primer edificio del Instituto de Filosofía. “El estudio de la filosofía nos debe llevar a la búsqueda de la verdad” enfatizó Mons. Pierre en su alocución previa a la bendición.

 filosofia NunicoMons. Christophe Pierre bendice Instituto de Filosofía en el Seminario de Matamoros

edifico filosPrimera sección del edificio de Filosofía

El Sr. Nuncio Apostólico se dirigió a los medios de comunicación para invitarlos a difundir esperanza, ante un panorama desafiante y seguir fortaleciendo procesos educativos a todos niveles.

 prensa NuncioAlgunos de los periodistas participantes en conferencia de prensa

Finalmente se reunió con el presbiterio de la Diócesis invitando a cada sacerdote “vivir con autenticidad la vida” y seguir trabajando por el Reino de Dios y su justicia con tenacidad.

 presbiterio NuncioPresbiterio de la Diócesis

pbrio Nuncio

La visita del Sr. Nuncio es motivo alentador, para que cada quien, según su vocación en el ser y quehacer, reavivemos la fe. Sigamos en oración por los frutos presentes y futuros de la Asamblea.

Nombramiento Obispo de Nuevo Laredo

Felicitamos a nuestra hermana Diócesis de Nuevo Laredo, en Tamaulipas, por el nombramiento de su Obispo. La Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano comunica que Su Santidad Francisco se ha dignado nombrar Obispo de Nuevo Laredo a S.E. Mons. Enrique SÁNCHEZ MARTÍNEZ, al presente Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Durango y Obispo Titular de Thamugadi.

 La noticia fue publicada en L’Osservatore Romano en Roma al mediodía del lunes 16 de noviembre de 2015.

 

+ Eugenio Lira Rugarcía

Obispo Auxiliar de Puebla, Secretario General de la CEM

Curriculum vitae

MONS. ENRIQUE SÁNCHEZ MARTÍNEZ

Nació el 2 de diciembre de 1960 en Cuencamé, Dgo.

Hijo de José Isabel Sánchez Vázquez (difunto) y de María Guadalupe Martínez Contreras.

Es el segundo de una familia de nueve hermanos.

Realizó sus estudios de primaria y secundaria en Cuencamé su pueblo de origen.

Recibió la formación sacerdotal en el Seminario Conciliar de Durango (1975-1985).

Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1986 en la Catedral de Durango, de manos del Excmo. Sr. Arz. Antonio López Aviña.

Realizó estudios en Ciencias Sociales y la Licenciatura en Sociología en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma (1986-1989).

 

 

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre

Daniel 12,1-3
Hebreos 10,11-14.18
Marcos 13,24-32

Estando casi por concluir el Año Litúrgico, la palabra de Dios nos presenta a nuestra consideración uno de los temas más inquietantes para los seres humanos, me refiero al tema acerca del “fin del mundo”.

El texto de Daniel (primera lectura), hablando del final de la historia, nos dice cómo Dios, por medio de su arcángel San Miguel hará “despertar” a los que duermen en el polvo, “unos para la vida eterna y otros para el eterno castigo”. Más que detenernos en los aspectos de temor: “será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo”, la lectura nos invita a la esperanza en la victoria definitiva de Dios y en la salvación que les aguarda a “todos aquellos cuyos nombres están escritos en el libro”. El texto de Daniel termina diciendo: “Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad”.

Jesús en el evangelio, en un lenguaje llamado “apocalíptico” (lenguaje que para transmitirnos un mensaje particular, utiliza mucho de los símbolos: números, colores, imágenes, seres diversos, convulsiones cósmicas, cuerpos celestes, etc.) nos habla, mezclando los hechos, sobre el fin de los tiempos y sobre la destrucción de la ciudad de Jerusalén. Debemos insistir que lo importante no es entrar en pánico, deteniéndonos en los fenómenos descritos, sino, más bien, destacar la finalidad que encierra la segunda venida de Cristo: “congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales…”, es decir, se trata de un final esperanzador que nos debe llenar el corazón de una profunda alegría, ya que las promesas divinas de salvación serán cumplidas.

La aclamación antes del evangelio: “Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre”, nos da la pauta práctica en torno a este acontecimiento que la palabra de Dios nos ofrece este domingo. En realidad, lo importante, que no debemos pasar por alto, es estar preparados para cuando el Señor nos llame a cuentas.

El texto de hebreos (segunda lectura), corona, por así decirlo, parte de la historia de la salvación, hablándonos de cómo Cristo, una vez ofrecido el sacrificio de su vida por los pecados de toda la humanidad, “se sentó para siempre a la derecha de Dios”. El autor de este escrito del nuevo testamento, deja abierta una importante etapa de esta misma historia: “no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies”.

Que al rezar el credo este domingo, pongamos atención en esa parte de nuestra profesión de fe que habla acerca de la segunda venida de nuestro Señor: “y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin…”. Amén.

 

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Asamblea Diocesana 2015

H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón Leal, Obispo de Matamoros convoca a la Asamblea durante los días jueves 19 y viernes 20 de noviembre.

Muy queridos hermanos y hermanas: Desde el inicio de este año hemos convocado a la participación de todas las comunidades parroquiales y de los distintos Equipos para el análisis de la realidad, a la reflexión sobre la realidad diocesana, con la finalidad de llegar a la redacción del marco de la realidad.

Ha sido un tiempo de Dios, que nos ha permitido abordar los 13 ámbitos del campo social y eclesial en nuestra Diócesis, profundizando en las raíces y tendencias en los dinamismos y necesidades de dichos ámbitos.

Los resultados nos han llevado a descubrir las principales causas y tendencias de los dinamismos y necesidades comunes en nuestra Diócesis. La información recibida en los primeros meses del año se ha regresado a las comunidades y desde las Asambleas Parroquiales y Decanales se ha tenido la oportunidad de integrar las correcciones y nuevas aportaciones sobre las causas y tendencias que pudieran estar pendientes de considerar en la redacción del marco de la realidad.

Por ello, convoco a todos los sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y laicos a la Asamblea Diocesana de Pastoral que se celebrará en el Salón de Eventos el “Buen Hogar” de la Ciudad de H. Matamoros, Tam., durante los días jueves 19 y viernes 20 de noviembre la Asamblea en pleno, contando con la presencia de Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México, en los dos días, como ya se los había comentado y la Post-Asamblea el sábado 28 en la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes solamente los sacerdotes miembros de la Comisión del Plan y los miembros del Consejo Diocesano de Pastoral.

La participación en esta Asamblea es fundamental ya que integra toda la información diocesana que va conformando toda la base de reflexión para la elaboración del plan.

La información recibida muestra las necesidades que deberán ser iluminadas desde la Palabra de Dios y el Magisterio preparando así el siguiente momento en nuestro caminar diocesano: el de la Reflexión doctrinal.

Pido a Dios para que los trabajos que realicemos en estos días nos ayuden a encontrar los caminos pastorales que hemos de tomar para que a todos llegue el mensaje de Salvación.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, en H. Matamoros, Tamaulipas, a los 11 días del mes de noviembre de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

 

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

 

 

MENSAJE DE LOS OBISPOS EN SU 100 ASAMBLEA PLENARIA

Los Obispos de México reunidos en nuestra Centésima Asamblea Plenaria, saludamos a todo el pueblo de Dios, y a todos los mexicanos, deseándoles toda clase de bendiciones.

Con gran alegría hemos recibido la noticia de la próxima visita pastoral del Papa Francisco. Para los católicos el Sucesor de Pedro es el principio visible de la unidad de la Iglesia. Estamos contentos porque la visita pastoral del Santo Padre fortalecerá nuestra fe, alentará nuestra esperanza y nos impulsará a ser testigos del amor misericordioso. Nos da gusto saber que nuestra alegría es compartida por muchos mexicanos que reconocen el liderazgo moral y aprecian el testimonio del Papa Francisco.

El Papa viene a confirmarnos en la fe que, como él mismo nos ha enseñado, «nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida» Por ello, la visita del Papa nos consuela y nos conforta. La fe tiene la capacidad de iluminar toda la existencia, es como una luz que orienta nuestro camino. Estamos seguros que en medio de las situaciones difíciles que vivimos en nuestra patria, el mensaje del Papa renovará en nosotros las ganas de luchar por un mundo y un México mejor.

El Papa viene a alentarnos en la esperanza que nos permite recorrer el camino de la vida con alegría. Hoy más que nunca, en medio de tanto sufrimiento de nuestro pueblo, no podemos permitir que nada ni nadie nos robe la esperanza, que es regalo de Dios, que nos da impulso y fuerza nueva para vivir cada día y que nos proyecta hacia un futuro cierto, de amor, de justicia y de paz. Esperamos al Papa Francisco como mensajero de la paz. Su ministerio pastoral nos abrirá nuevos horizontes al comunicarnos la alegría del evangelio de donde brota el entusiasmo y la generosidad para que todos los discípulos del Señor seamos constructores de comunidad y artesanos de la paz.

El Papa viene a impulsarnos en la caridad, pues «las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.» Esperamos al Papa como misionero de la misericordia, pues viene a anunciar a Cristo, el rostro visible de la misericordia de Dios. ¡Qué necesitados estamos en México de renovarnos en el amor benevolente de Dios que abre para nosotros caminos de reconciliación y de paz que se recorren a través de la cercanía, el consuelo, la compasión y el perdón!

Este pueblo de México que visita el Papa vive situaciones de desconcierto y de esperanza. A los Obispos mexicanos nos duele profundamente todo lo que lesiona o amenaza la vida digna de las personas. Nos preocupa la posible legalización del uso lúdico o recreativo de la marihuana, el deterioro ecológico, la desigualdad social, la acentuación de la pobreza, el calvario de los migrantes y las diferentes violencias que atentan contra la dignidad de las personas.

Reconocemos los esfuerzos de distintos actores sociales comprometidos en la transformación de esta compleja realidad. La crisis que pesa sobre el país es también una oportunidad para estimular nuestra creatividad, para tejer redes de solidaridad, para construir condiciones de paz y para cuidar nuestra casa común. Ojalá cada día sean más quienes se sumen a estos esfuerzos.

Los Obispos de México queremos hacerlo desde nuestra misión pastoral y nos inspira el tiempo de gracia del Año de la Misericordia. Este año jubilar nos permite poner nuestra atención en aspectos esenciales de la vida cristiana. Jesús nos muestra el rostro misericordioso del Padre y nos pide ser misericordiosos como Él, al salir al encuentro del dolor y sufrimiento de los enfermos, ancianos, presos, migrantes, de las familias, de los jóvenes y de toda persona que pasa necesidad. La cultura del encuentro nos pide desarrollar nuestra capacidad de escucha, crecer en nuestra compasión para consolar y ofrecer acompañamiento a las víctimas de las violencias y fortalecer nuestras capacidades para seguir aportando en la construcción de la paz.

La visita del Papa Francisco a nuestra patria en el Año de la Misericordia nos fortalece en estos propósitos, pues viene a confirmarnos en la fe y ésta, por su conexión con el amor «se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz.»

Para recibir al Papa hemos de prepararnos adecuadamente. No sólo de manera logística y mediática sino principalmente espiritual, eclesial y pastoral; de modo que se abra nuestro corazón, nuestra mente y todo nuestro ser para reconocer en las palabras del Vicario de Cristo, la voz de Dios que nos invita a una conversión pastoral para continuar con  dinamismo misionero la transformación de nuestra Iglesia.

Confiamos que la alegría de la visita del Papa a México sea un acontecimiento significativo. Invitamos a todos los fieles católicos y personas de buena voluntad a estar atentos a su enseñanza, en la que sin duda encontraremos inspiración y aliento para contribuir al progreso de nuestra Patria por caminos de justicia y de paz.

Que las celebraciones guadalupanas nos dispongan a iniciar el Año de la Misericordia en cada una de las diócesis con la presencia y el testimonio de María, Madre  Misericordiosa, que vino a nuestro pueblo para acercarnos la ternura de Dios.

José Francisco, Card. Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, Presidente de la CEM.

Eugenio Andrés Lira Rugarcía, Obispo Auxiliar de Puebla, Secretario General de la CEM

México, D.F., a 12 de noviembre de 2015

CEM /2015

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

Esa pobre viuda…, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir

1 Reyes 17,10-16
Hebreos 9,24-28
Marcos 12,38-44

Las lecturas bíblicas en este domingo nos proponen, para nuestra reflexión, el ejemplo de dos mujeres, pobres y además viudas, que con toda generosidad le ofrecen a Dios todo lo que ellas tienen, sin importarles, incluso, tener que morir.

El profeta Elías, al llegar a la ciudad de Sarepta, le pide a una viuda que tenía en casa un puñado de harina y un poco de aceite, que le prepare un pan para comer, con la promesa de que Dios no la abandonaría a pesar de su extrema pobreza: “La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”. Ella confía en las palabras del profeta, hace lo que le pide y la promesa de Dios no se deja esperar: “a partir de ese momento ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó”.

Dos grandes enseñanzas encontramos en este texto de la primera lectura: a Dios hay que darle todo lo que somos y tenemos, que él no se deja ganar en generosidad; el Señor, además, es siempre fiel a su palabra, debemos confiar en él.

El evangelio nos relata cómo en una ocasión, estando Jesús en el templo, observa que las personas ricas echaban en las alcancías lo que les sobraba, incluso daban en abundancia; en cambio, una pobre viuda echa dos moneditas de muy poco valor. Jesús, al comentar con sus discípulos lo que estaba mirando, les dice: “esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

El Señor nos invita, pues, a que le ofrezcamos no lo que nos sobra: tiempo, recursos, amor, etc. Él quiere que le entreguemos nuestra vida, lo que nosotros somos, todo lo que somos y tenemos, por su Reino, por la Iglesia, por la humanidad. La recompensa es el ciento por uno: gozo, bendición, felicidad, amor, gracia, paz.

Pidamos al Señor que nos dé un corazón generoso al estilo de estas dos grandes mujeres que nos presenta la palabra de Dios hoy domingo. Y que el ejemplo de Cristo, sumo y eterno sacerdote que ofreció su vida en sacrificio por nuestra salvación, nos mueva a entregar también nuestra propia vida al servicio de Dios y de los hermanos. Amén.

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Intenciones del Papa para noviembre 2015

El director general del Apostolado de la oración, el padre Frederic Fornos SJ explica a Radio Vaticano las intenciones de oración del Papa para este mes de noviembre.

“El Apostolado de la oración es la red mundial de oración del Papa, es una misión confiada a la Compañía de Jesús, cada mes da a conocer los grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia que el Papa confía a toda la Iglesia”.

“En el mes de noviembre nos confía dos orientaciones para nuestra vida y para la misión de la Iglesia, es decir, para mi parroquia, mi grupo y movimiento eclesial. Una de ellas es sobre el diálogo, sobre la cultura del encuentro, sobre la capacidad de acogida y de escucha del otro. Por ejemplo, esa insistencia sobre el hecho de poder abrirse a los demás aunque piensen de manera distinta a nosotros”.

“El Papa ha dicho muchas veces cuánto es necesario entrar en el diálogo, sino crecen los muros, y siempre es más difícil la reconciliación. Entonces este mes nos invita a entrar en este diálogo y apertura a los demás que solo puede ir con una capacidad de escucha”.

La intención universal es “para que nos abramos al encuentro personal y al diálogo con todos, también con quienes piensan distinto de nosotros”.

La intención para la evangelización es “para que los pastores de la Iglesia con profundo amor por su rebaño, acompañen su camino y animen su esperanza”.

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano)

 

 

 

En oración por nuestros difuntos

Ayer hemos celebrado a todos los santos, no sólo los del Cielo, sino también los del Purgatorio y los de la Tierra (Iglesia triunfante, purgante y militante). Hoy detenemos nuestra consideración y nuestra oración en nuestros hermanos, los fieles difuntos.

Oración por nuestros difuntos

Señor, Maestro Bueno,
recibe en tu paz a los que mueren, especialmente a aquellos
con quienes estamos ligados por la justicia y el amor:
nuestros parientes, bienhechores, hermanos de comunidad y amigos.
Te pedimos por las personas que en el mundo tuvieron mayor responsabilidad:
los sacerdotes, los gobernantes de las naciones, las autoridades religiosas,
las personas consagradas a tu servicio.
Te pedimos también por los que mueren abandonados sin la asistencia sacerdotal,
y luego son olvidados por todos.
Por las víctimas de los accidentes de tránsito, por los suicidas,
y los que mueren a causa del odio entre los hermanos.
Por los niños inocentes, cuyas vidas fueron cercenadas antes de nacer.
Te pedimos por todos aquellos que se entregaron con un amor grande
a Ti y a los hombres.
Jesús Maestro, recíbelos pronto a todos en la felicidad de tu Reino,
por mediación de María.

Amén

http://es.catholic.net/

 

 

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Esta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob…

Apocalipsis 7,2-4.9-14
1 Juan 3,1-3
Mateo 5,1-12

Cada año, el día primero de noviembre, la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos. Esta es una gran fiesta litúrgica que debe mover nuestra mente y nuestro corazón para comprender y contemplar la santidad como una especial vocación que todos los bautizados hemos recibido de parte de Dios nuestro Señor.

Los santos que la Iglesia celebra este día son todos aquellos hermanos nuestros en la fe que entendieron perfectamente de qué se trataba la vida cristiana; no se contentaron con un estilo de vida mediocre, sino que, escuchando la invitación del Señor: “Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo” (Lev 19,2), “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), tomaron la mejor decisión de su vida y, buscando agradar plenamente a Dios poniendo en práctica su Palabra, reprodujeron en sus personas los mismos sentimientos que tuvo Cristo, llegando al extremo de dar la vida por la causa del Evangelio.

Ellos ya murieron y ahora gozan de la presencia de Dios en la vida eterna, y la Iglesia, una vez que los ha canonizado, los propone como dignos de ser venerados, como ejemplos y como intercesores nuestros. ¿Quién de nosotros no recuerda con cariño y admiración a san Juan Pablo II, santo de nuestro tiempo?

Los seres humanos tendemos a imitar a quienes por su personalidad, virtudes o comportamiento, representan mucho para nosotros; buscamos incluso ser como ellos, porque los hemos conocido felices, triunfadores y realizados en su vocación. Hoy en día necesitamos, con urgencia, hombres y mujeres de extraordinaria virtud, maduros humanamente hablando, santos en su vivencia cristiana, comprometidos en la transformación de la sociedad. ¡Basta ya de resaltar solo la apariencia y la vanidad, el poder y el prestigio! Esto solo nos conduce a una sociedad egoísta en la que lo importante es lo superficial, lo pasajero, lo agradable a los sentidos y lo que nos es útil.

Las lecturas bíblicas de esta fiesta expresan algunos aspectos significativos que, sin duda, nos ayudarán a optar por el camino a la santidad. Así el autor del Apocalipsis, hablando de la gran muchedumbre de personas salvadas, afirma con un lenguaje lleno de simbolismos: “Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero, iban vestidos con una túnica blanca; llevaban palmas en las manos y exclamaban con voz potente: ‘La salvación viene de nuestro Dios…’”. San Mateo, por último, nos propone el camino de las bienaventuranzas como el camino a la santidad: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos…”.

Pidamos a Dios nuestro Señor, en la Eucaristía de este domingo, que la santidad sea el adorno de su Iglesia. Y que cada uno de nosotros nos esforcemos no solo en pedir favores a los santos, sino en imitar sus ejemplos y virtudes. Amén.

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Papa Francisco confiará el Año de la Misericordia a la Virgen de Guadalupe

Roma. El Papa Francisco presidirá la Celebración Eucarística Solemne en la Basílica de San Pedro por ocasión de la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el próximo día 12 de diciembre.

Después de la celebración, el Santo Padre confiará el Año de la Misericordia a la Virgen de Guadalupe, así como todas las iglesias y la población de México, país que deberá visitar en el 2016.

La información fue confirmada por el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, Guzmán Carriquiry Lecour, que además declaró que la solemnidad deberá ser transmitida para todo el mundo.

De esta forma, el Papa proseguirá con la tradición iniciada por Benedicto XVI, que el 12 de diciembre de 2011 celebró la misa en la Basílica de San Pedro en memoria de Nuestra Señora Guadalupe, amada por toda América Latina.

Vale recordar que anualmente, el santuario dedicado la Madre Santísima y Patrona de México atrae multitudes de fieles por todo el continente americano. (LMI)

Gaudium Press/Aleteia

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Jeremías 31,7-9
Hebreos 5,1-6
Marcos 10,46-52

Dios se muestra siempre lleno de misericordia, ternura y compasión, en las situaciones de sufrimiento y de dolor que experimentamos los seres humanos. La palabra de Dios de este domingo nos ofrece este tema de reflexión.

Dios, por medio del profeta Jeremías, anuncia una acción salvífica extraordinaria al pueblo de Israel que vive en el exilio, lejos de su tierra. A los judíos que pasan por una experiencia dolorosa en la tierra de Babilonia, Dios les promete el retorno a la tierra que años atrás habían perdido a consecuencia de sus infidelidades.

La última palabra de Dios no es de “castigo” sino de perdón y salvación; por ello, con todo poder, el Señor les promete conducirlos de nuevo a su patria. El lenguaje utilizado expresa, por una parte, la condición anímica y física de los exiliados y, por otra parte, la cercanía bondadosa de Dios que acompaña a estos sobrevivientes de Israel. El texto de la primera lectura está salpicado de esperanza, alegría y consuelo, por esta intervención salvadora de Dios.

El salmo responsorial, que trata esta misma temática, refleja lo que significó para el pueblo el regreso del exilio. Los sentimientos de los israelitas se expresan con bellas imágenes que conviene meditar.

San Marcos, por último, nos narra un milagro de Jesús realizado en las afueras de Jericó, a orillas del camino. Todo comienza con el grito desgarrador del ciego que, pidiendo limosna, se da cuenta que Jesús pasa por el camino: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Este grito manifiesta, sin duda, la gran fe de aquel hombre que, sin tener la luz de sus ojos, tenía en cambio, la luz de una fe llena de confianza y de humilde súplica al Señor.

El ciego, tirando su manto, de un salto se pone en pie y se acerca a Jesús cuando los acompañantes del Señor le dicen que el Maestro lo está llamando. Ahora está de pie, ya no está sentado, se ha quitado el manto de la aflicción y Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?”. La respuesta era obvia: “Maestro, que pueda ver”. El Señor le dice entonces: “Vete; tu fe te ha salvado”. Y el milagro no se deja esperar: “Al momento recobró la vista”. El relato termina presentándonos al hombre, ya sanado, convertido en discípulo de Jesús: “y comenzó a seguirlo por el camino”. El cambio es total: el que estaba sentado al borde del camino, se puso en pie y ahora, ya sanado (salvado), sigue a Jesús por el camino.

Nosotros, al igual que el ciego de Jericó, debemos tener una gran fe en Jesús. En la oración de este domingo debemos expresarle al Señor el dolor que sufre nuestro pueblo por tantas situaciones difíciles. Pidámosle que tenga compasión de nosotros, que nos mire con benevolencia y que nos conceda la paz tan anhelada. Amén.

 

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES 2015

Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura

Zacarías 8,20-23
Romanos 10,9-18
Marcos 16,15-20

Cada año, el tercer domingo de octubre, la Iglesia celebra el “Domingo Mundial de las Misiones”, llamado popularmente DOMUND. Esta fecha es una excelente oportunidad para ver más allá de nuestras fronteras y entender que Dios nuestro Señor quiere que la salvación que nos ha dado en su Hijo Jesucristo esté al alcance de todos los seres humanos, hombres y mujeres de todas las naciones de la tierra.

Dios a través del profeta Zacarías nos recuerda que su salvación es para todas las naciones del mundo, no solo para el pueblo de Israel: “Vendrán numerosos pueblos y naciones poderosas a orar ante el Señor Dios en Jerusalén y a implorar su protección”. Ciertamente Israel, como pueblo elegido, tendrá un papel protagónico, ya que a través de él los paganos conocerán al Dios verdadero: “En aquellos días, diez hombres de cada lengua extranjera tomarán por el borde del manto a un judío y le dirán <Queremos ir contigo, pues hemos oído decir que Dios está con ustedes>”. Con el salmo 66 oramos a Dios y le decimos con emoción: “Que todos los pueblos conozcan tu bondad”.

Dios realiza este plan universal de salvación de manera extraordinaria enviando al mundo a su Hijo Jesucristo. Esto sucedió históricamente hace 2000 años. Jesucristo es “el primer misionero” en cuanto que Dios Padre lo envía (missio = envío) y le confía una “misión”: la de salvar a la humanidad del pecado y de la muerte. Esta salvación la lleva a cabo por medio de palabras (su predicación) y obras (sus milagros) que culminan en su pasión, muerte y gloriosa resurrección; a esto le llamamos “Misterio Pascual”. Su sangre ha borrado ya nuestros pecados, quedando así reconciliados con Dios.

Ahora bien, nuestro Señor en el evangelio de san Marcos (Mc 16,15-20) aparece enviando a los Once, es decir, a la Iglesia (recordemos que el grupo de los apóstoles son el cimiento de nuestra Iglesia, así lo dice san Pablo en Efesios 2,20). En este envío, Jesús les dice a sus apóstoles: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”. La obra de Jesús se ha continuado a través de los siglos por medio de su Iglesia. Por ello afirmamos que la Iglesia es misionera por naturaleza en cuanto que ella ha sido enviada a todas las naciones con una misión muy específica: anunciar y realizar la salvación de Dios en la persona de Jesucristo. Esto lo hace por medio de la predicación del Evangelio, la celebración de los sacramentos, y la caridad hacia los más necesitados.

San Pablo en la carta a los romanos (segunda lectura) nos insiste en la necesidad de que haya personas concretas que anuncien el Evangelio: “Todo el que invoque al Señor como a su Dios será salvado por él… Ahora bien, ¿cómo van a invocar al Señor, si no creen en él? ¿Y cómo van a creer en él… si no hay nadie que se lo anuncie?…”. En este punto, nos toca a cada uno de nosotros, los bautizados, entender con el corazón que la vida cristiana comporta una exigencia ineludible: ser misioneros llevando a todos el mensaje del Evangelio.

Oremos al Señor en la Eucaristía de este domingo por cada uno de nosotros, los bautizados, para que seamos verdaderos discípulos misioneros de Jesucristo. Amén.

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros