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IV DOMINGO DE PASCUA

IV DOMINGO DE PASCUA

El buen pastor da la vida por sus ovejas

Hechos 4,8-12
1 Juan 3,1-2
Juan 10,11-18

 

Como es costumbre, el Cuarto Domingo de Pascua, llamado “Domingo del Buen Pastor”, la Palabra de Dios nos propone, para nuestra reflexión, la figura de Jesucristo Pastor en relación con nosotros, sus ovejas.

Comencemos diciendo que la expresión “buen pastor” aplicada a Jesús, en realidad significa que Jesús es el mejor de los pastores. No es un pastor más, ni siquiera es un “buen” pastor, es, ante todo, el mejor, el excelente pastor.

Cuatro cualidades posee nuestro Señor que el mismo texto del evangelio presenta y que nos ayudan a entender el por qué Jesús es “el buen pastor”.

En primer lugar, Jesús es el buen pastor porque conoce a cada una de sus ovejas: “Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas”. Nos conoce mejor de lo que cada uno de nosotros se conoce a sí mismo. Y su conocimiento no es superficial; él conoce lo más profundo de nuestro interior. Conoce nuestros proyectos, ilusiones, desencantos, problemas, preocupaciones, caídas, ideales. Él nos conoce perfectamente, sabe qué es lo más conveniente para nuestra vida; no le somos indiferentes, se preocupa de nosotros; nos ama así como somos.

Jesús es el buen pastor porque protege a sus ovejas de cualquier peligro. No es como el asalariado, que “cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye…”. Jesús nos cuida, nos protege, sabe de los peligros que amenazan la vida de sus ovejas, pero no nos deja solos; con su palabra nos va exhortando, previniendo de todo aquello que nos pueda dañar; nos hace ver dónde está el enemigo, el lobo que nos asecha. Él nos va acompañando por el camino y nos va dando los medios adecuados para no caer y para no dejarnos engañar por el mal.

El Señor Jesús es el buen pastor porque alimenta a sus ovejas con la mejor comida (ver evangelio de san Juan 10,9). Él lleva a sus ovejas a los mejores y más abundantes pastos para que estén sanas y fuertes. Nos ofrece para alimentarnos manjares sustanciosos que nutren nuestra vida interior. Estos alimentos son, de manera especial, su palabra y su cuerpo sacratísimo. Cuando escuchamos con el corazón la palabra de Dios, ésta se convierte en verdadero alimento; cuando nos acercamos al altar de Dios para comulgar con devoción, la sagrada comunión nos proporciona vida eterna. Qué magnífico pastor que, por amor, se convierte en pasto para que nosotros nos alimentemos de él.

Pero, sin lugar a dudas, la principal cualidad por la que Jesús es el buen pastor es porque él da la vida por sus ovejas: “Yo doy la vida por mis ovejas”. En efecto, él aceptó la muerte en cruz para que nosotros pudiésemos tener la vida eterna. Nos amó hasta el extremo de morir por todos los seres humanos, buenos y malos. ¿Qué pastor es capaz de morir por sus ovejas? Ordinariamente los pastores se cuidan, se protegen, para que no les suceda alguna desgracia, ponen a salvo primero su vida. Jesucristo, en cambio, nos ha dado la mayor prueba de que nos ama muriendo por nosotros, sus ovejas.

Démosle gracias al Señor, en la misa de este domingo, por ser el buen pastor, y pidámosle que nosotros seamos buenas ovejas de su rebaño: que nos dejemos conocer por él, que nos dejemos cuidar por él, que nos alimentemos de él y que, siguiendo su ejemplo, estemos dispuestos a dar la vida por nuestro prójimo. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

III DOMINGO DE PASCUA

III DOMINGO DE PASCUA

Ustedes son testigos de esto

Hechos 3,13-15.17-19
1 Juan 2,1-5
Lucas 24,35-48

 

En el tercer domingo del Tiempo Pascual destacamos, como tema central de la Palabra de Dios, el tema del testimonio que todo discípulo debe dar acerca de la persona de Jesucristo, muerto y resucitado.

El apóstol Pedro en el texto de los Hechos de los apóstoles afirma, con toda claridad, que Jesucristo fue rechazado, entregado y muerto por el pueblo judío; sin embargo, Dios lo resucito de entre los muertos, “de ello nosotros somos testigos”.

El apóstol Juan, en la segunda lectura, señala, es decir, da testimonio, que “él (Jesucristo) se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero”.

Y en el texto del evangelio, los discípulos de Emaús al regresar a Jerusalén después de que han tenido la experiencia de Jesús, muerto y resucitado, cuentan a los demás apóstoles “lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan”. El mismo Jesús, en la aparición que nos relata san Lucas en este domingo, hace ver a los apóstoles que él es quien ha muerto y ahora ha resucitado: “miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse…”. Y ya al final del texto dice: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día…”. La frase última del evangelio es una afirmación contundente que hace el Señor y que, sin lugar a duda, da la clave de lectura del relato mismo: “Ustedes son testigos de esto”.

Dar testimonio, ser testigos de Cristo muerto y resucitado, tiene una finalidad muy importante que repercute positivamente en la vida de quienes reciben este testimonio. Las tres lecturas señalan esto de diferentes maneras: “arrepiéntanse y conviértanse, para que se les perdonen sus pecados” (primera lectura); “les escribo esto para que no pequen”, “aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado a su plenitud” (segunda lectura); “la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados” (evangelio). En pocas palabras, cuando nosotros damos testimonio con nuestra predicación y con nuestra buena conducta, de que Jesús murió por nosotros y resucitó al tercer día, buscamos, en la intención del mismo Señor, que los destinatarios de nuestro testimonio, arrepentidos de sus pecados, se conviertan a Dios y alcancen la salvación que Cristo nos consiguió con su misterio pascual.

Le pedimos al Señor, en la celebración eucarística de este domingo, que como buenos discípulos suyos logremos, cada vez más, ser verdaderos testigos de su resurrección. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

II DOMINGO DE PASCUA

II DOMINGO DE PASCUA

Domingo de la Divina Misericordia – Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos

Hechos 4,32-35
1 Juan 5,1-6
Juan 20,19-31

 

En el segundo domingo del tiempo pascual, el evangelio de san Juan presenta a nuestra consideración una narración de dos apariciones del Señor Jesús resucitado. Ambas apariciones, estrechamente vinculadas, nos ofrecen grandes enseñanzas acerca de algunos aspectos importantes de la vida cristiana.

En primer lugar debemos tener en cuenta el día en que suceden dichas apariciones. Ambas se dan en domingo, día en que la Iglesia celebra la resurrección del Señor. Es significativo también darnos cuenta que los discípulos están reunidos tanto “el día de la resurrección”, como “ocho días después”. Una enseñanza muy práctica es la valoración que los discípulos de Jesucristo debemos hacer de nuestra reunión dominical, la Eucaristía. En ella el Señor se hace presente con sus dones pascuales.

Los dones pascuales que el Señor nos ofrece son: la paz (“la paz esté con ustedes”), la alegría (“se llenaron de alegría”), el Espíritu Santo (“reciban el Espíritu Santo”), el envío misionero (“como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”). Cada uno de estos dones es una fuente de gracia que el Misterio Pascual de Jesucristo nos concede a cada uno de nosotros.

El tema acerca de la fe, es sin duda importante y central en el relato de este domingo. Tomás “no estaba con ellos cuando vino Jesús…”; él pide ver y tocar para creer: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Al siguiente domingo, el Señor invita a Tomás a acercarse y tocarlo, diciéndole además: “y no sigas dudando, sino cree”. La respuesta de Tomás no se hace esperar: “¡Señor mío y Dios mío!”. Magnífica profesión de fe la que hace Tomás; ejemplar para nosotros.

Jesús termina diciendo: “dichosos los que creen sin haber visto”. Una gran bienaventuranza que es motivo de consuelo y que nos recuerda la oscuridad por la que tantos hombres y mujeres de fe caminamos diariamente.

En la Eucaristía de este domingo le pedimos al Señor Jesús resucitado que, por su divina misericordia, nos otorgue sus dones pascuales: la paz, la alegría, el Espíritu Santo, la misión, y que también aumente nuestra fe. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

DOMINGO DE RAMOS 2015

De la pasión del Señor – De las palmas a la cruz

Isaías 50,4-7
Filipenses 2,6-11
Marcos 14,1 – 15,47

 

Con el Domingo de Ramos, también llamado “De la Pasión del Señor”, iniciamos la Semana Santa, la Semana Mayor, la semana más importante del año, ya que durante estos 8 días (del Domingo de Ramos al Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor) celebramos los Misterios de la vida de nuestro Señor Jesucristo que nos han redimido: su pasión, muerte, sepultura y gloriosa resurrección.

Las palmas benditas que llevamos en nuestras manos durante la procesión nos recuerdan la victoria, el triunfo del Señor sobre la muerte. Él ha salido victorioso, ha vencido el mal, el pecado, la misma muerte. Que las palmas, al volver a casa después de la Misa, sean colocadas en un lugar visible para que a lo largo de los próximos meses, sobre todo cuando llegue a nuestro hogar la aflicción de la cruz, nos recuerden que hace dos mil años, Jesús de Nazaret, después de padecer por nosotros, resucitó gloriosamente del sepulcro, venciendo así el poder de la muerte.

La pasión de nuestro Señor Jesucristo, que leemos este domingo en el evangelio de san Marcos, nos hace acompañar a Jesús por el camino de la pasión, desde la unción en Betania, pasando por el Cenáculo, Getsemaní, el Sanedrín, Poncio Pilato, el Gólgota y el Santo Sepulcro. Nosotros, como discípulos, estamos invitados a contemplar a Jesús, a escuchar sus palabras. Él es el Siervo de Yahvé (primera lectura), que haciéndose semejante a los hombres, “se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz” (segunda lectura).

Pidamos a Dios nuestro Padre, en la Eucaristía de este domingo, que nos conceda vivir santamente estos días de la Semana Mayor, acompañando a su Hijo Jesucristo en su pasión, muerte, sepultura y gloriosa resurrección. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

V DOMINGO DE CUARESMA

Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto

Jeremías 31,31-34
Hebreos 5,7-9
Juan 12,20-33

El domingo anterior meditamos en el gran amor que Dios ha tenido al género humano ya que no escatimó entregarnos a su propio Hijo como Salvador del mundo. Ahora, en el quinto domingo de Cuaresma, reflexionaremos en un importante tema que el Señor nos presenta en el texto del evangelio.

El relato de san Juan comienza diciendo que unos griegos querían ver a Jesús. Magnífico deseo si consideramos que el verbo “ver” es clave en la teología del cuarto evangelio. La actitud de estas personas griegas denota “búsqueda”, deseo de “conocer” y, por qué no decirlo, de “fe” en la persona de Jesucristo.

Cuando el Señor se entera de que lo buscan, responde diciendo: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado… Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere…; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece…, se asegura para la vida eterna”. Para entender estas palabras de Jesús hay que recordar cómo nuestro Señor, al comienzo del evangelio de San Juan, le dice a su Madre: “Mujer, todavía no llega mi hora…”.

Al parecer, al entrar en escena los paganos, la hora de Jesús ha llegado, es decir, su glorificación está a la puerta, puesto que él, como el grano de trigo, caerá en la tierra, morirá, y así producirá un fruto de salvación eterna, no sólo para los judíos, sino para toda la humanidad.

A ejemplo suyo, también nosotros debemos estar dispuestos a “aborrecernos”, es decir, a no “buscarnos” a nosotros mismos, sino más bien buscar a Dios y a nuestro prójimo, y a ellos amarlos y servirlos. Aquí tenemos la clave del éxito y de nuestra propia felicidad. Se trata de volcarnos hacia Dios y hacia nuestros hermanos poniéndolos a ellos en el centro de nuestra existencia. Si hacemos esto nuestra vida fructificará notablemente y nos sentiremos felices y realizados como hombres y mujeres de fe.

No olvidemos, además, que quien sirve a los hermanos más necesitados, sirve a Jesús, siendo extraordinaria su recompensa: “El que me sirve será honrado por mi Padre”.

Contemplemos este domingo a Cristo crucificado; contemplemos su aparente derrota y fracaso, que en realidad es su triunfo y su gloria, puesto que muriendo en la cruz  nos ha conseguido vida eterna.

En la Misa de este cuarto domingo de Cuaresma le pedimos a Dios nuestro Señor que nos siga fortaleciendo para que a ejemplo de Jesús, también nosotros estemos en la mejor disposición de dar la vida por nuestros hermanos. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

IV DOMINGO DE CUARESMA

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único

2 Crónicas 36,14-16.19-23
Efesios 2,4-10
Juan 3,14-21

Hace ocho días reflexionamos en el relato de la expulsión de los mercaderes del templo de Jerusalén. Con tal acción simbólica e iluminados por las mismas palabras del Señor, hemos entendido que Jesús es ahora, para nosotros, el Nuevo Templo, el nuevo lugar de encuentro que tenemos con Dios. En este cuarto domingo de Cuaresma  meditaremos en el amor tan grande que Dios ha tenido al género humano. En efecto, Dios no escatimó entregarnos a su propio Hijo como nuestro Salvador.

El texto del evangelio comienza recordando una escena interesante sucedida en el Antiguo Testamento, cuando los israelitas iban caminando por el desierto. En esa ocasión Moisés, por iniciativa divina, levantó una serpiente de bronce para que, quien la viera, pudiese recobrar la salud y no morir por el grave pecado cometido contra Dios. Tal evento le sirve a nuestro Señor para aplicarlo a su propia persona: “así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna”.

Estas palabras de Jesús nos hacen caer en la cuenta de cómo su sacrificio en la cruz ha sido causa de salvación eterna para los seres humanos. Sin olvidar que, detrás de todo esto, está la iniciativa amorosa del Padre, quien envió a su Hijo a este mundo para salvarnos y poder así nosotros tener vida eterna.

Hay, sin embargo, un pequeño detalle que no debemos pasar por alto. El texto del evangelio insiste en algo que nos toca manifestar a cada uno de nosotros para poder así hacernos acreedores de la salvación de Dios; nos referimos a la fe. En efecto, el verbo “creer” aparece 5 veces en el texto, lo cual no nos sorprende ya que para el evangelista san Juan es uno de los verbos preferidos que más utiliza en sus escritos.

Nos preguntamos: ¿pero, qué significa creer? Las palabras mismas de Jesús en el evangelio nos responden la cuestión. Se trata de obrar el bien, vivir en la luz, rechazar las tinieblas del pecado. La fe no es una cuestión meramente intelectual; la fe se traduce en amor a Dios y al prójimo, cumplimiento de los mandamientos divinos, fidelidad a la voluntad de Dios, obediencia a su palabra.

Con devoción le suplicamos a Dios nuestro Señor, en la Eucaristía de este domingo, que acreciente nuestra fe, de tal manera que la observancia de los mandamientos divinos sea una constante en nuestra vida diaria. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

III DOMINGO DE CUARESMA

Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré

Éxodo 20,1-17
1Corintios 1,22-25
Juan 2,13-25

El domingo pasado meditamos cómo Jesús subió a un monte alto acompañado de tres de sus discípulos. Allí se transfiguró en su presencia, dejándonos entrever su gloria. Ahora, en este tercer domingo de Cuaresma, contemplamos al Maestro en una acción simbólica que realiza en el templo de Jerusalén.

Lo primero que debemos destacar es la importancia que tenía el templo de Jerusalén para los judíos. Era el lugar sagrado por excelencia; lugar de encuentro con Dios; la casa misma de Dios; meta de las grandes peregrinaciones del pueblo; lugar donde se le ofrecían a Dios los diversos sacrificios estipulados por la Ley.

El relato comienza diciendo que “se acercaba la Pascua de los judíos”. Esta frase indica la relación del suceso que a continuación se describe, con la gran solemnidad anual de los judíos, la fiesta de la Pascua y, por consiguiente, con nuestra Pascua cristiana.

Jesús se encuentra con los vendedores y cambistas, a quienes los echa materialmente de los espacios del templo, llegándoles a decir: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. Un gran disgusto experimentó el Señor al ver la distorsión que el lugar sagrado estaba sufriendo a causa de la compra y venta de las cosas necesarias para el culto. Qué importante es, por consiguiente, purificar nuestros espacios cultuales, de todo aquello que empañe el sentido y el valor tan grande que tiene el culto que la Iglesia ofrece a Dios Padre.

Ante la pregunta que los judíos le hacen a Jesús. Éste responde: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Palabras que no fueron entendidas sino hasta que el Señor murió y resucitó de entre los muertos. En realidad “él hablaba del templo de su cuerpo”. Aquí dos cosas son significativas: en primer lugar, este acontecimiento y las palabras de Jesús nos conectan con la Pascua, meta de la santa Cuaresma; y, en segundo lugar, nuestro Señor nos adelanta que él, ahora, es el Nuevo Templo donde todo ser humano se encuentra con Dios.

En la Misa de este domingo le pedimos a Dios, nuestro Señor: que valoremos y respetemos los espacios dedicados al culto divino, nuestros templos; y que no olvidemos que el lugar sagrado por excelencia, donde encontramos a Dios, es la persona de Jesucristo, presente en su palabra, en la eucaristía y en el prójimo, sobre todo el más necesitado. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

II DOMINGO DE CUARESMA

Este es mi Hijo amado; escúchenlo.

Génesis 22,1-2.9-13.15-18
Romanos 8,31-34
Marcos 9,2-10

 

El evangelio del domingo pasado trató, entre otras cosas, de cómo “el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás”. El Señor, ahora, sube a un monte alto acompañado de tres de sus discípulos. En este monte sucede un hecho extraordinario que conviene reflexionar.

El primer aspecto a considerar es el significado que tiene “el monte alto” en la Sagrada Escritura. De ordinario, Dios se manifiesta, se revela, se da a conocer, en un sitio elevado: un monte, una montaña. En este sentido podemos decir que Jesús sube al monte para encontrarse con su Padre Dios, para participar de una manifestación divina. El monte es, pues, símbolo de la revelación de Dios. Nosotros en esta Cuaresma requerimos también subir al monte para encontrarnos con el Señor y disfrutar de su compañía. Hagamos el propósito de participar en retiros o ejercicios espirituales, tiempos de reflexión; tanta falta nos hacen hoy en día.

El Señor en el monte se transfigura en presencia de sus discípulos. Fue sin duda “una probadita” de su gloria como Hijo de Dios. Pedro llega a expresar la felicidad, el gozo, y, a la vez, el temor que les embargaba: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas…”. En medio de nuestros sufrimientos y pruebas de la vida, no olvidemos que la gloria de Dios será la meta de nuestro caminar aquí en la tierra. Animémonos, mutuamente, pensando que un día disfrutaremos por siempre de la presencia gloriosa de la Trinidad Santa.

La voz del Padre se deja oír en medio de la nube que en ese momento los cubre con su sombra. Dios presenta a su amado Hijo, expresando, además, un imperativo muy claro a manera de invitación: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Escuchar a Jesús deberá ser para cada uno de nosotros una tarea permanente a lo largo de esta Cuaresma. Más que oír tanto ruido que nos invade y nos distrae, escuchemos al Señor, démonos tiempo para leer, escuchar y meditar su Palabra.

Jesús, al bajar de la montaña, pide a sus discípulos que no cuenten lo que han visto, hasta que él resucite de entre los muertos. La expresión “resucitar de entre los muertos”, colocada al final de este relato, nos recuerda que el camino que nos conduce a la resurrección, a la vida eterna, a la gloria de Dios, pasa antes por el sufrimiento, la cruz y la muerte. No nos desesperemos ante la cruz de cada día; ella forma parte de nuestra condición humana. Recordemos siempre al Maestro, quien antes de entrar en su gloria atravesó el camino de la pasión y muerte.

Le pedimos al Señor en la Eucaristía de este segundo domingo de Cuaresma, que no olvidemos nunca que la pasión es el camino de la resurrección. Amén.


01+ Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros

I DOMINGO DE CUARESMA

Conviértanse y crean en el Evangelio

Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 08 de febrero de 2015.

Génesis 9,8-15
1 Pedro 3,18-22
Marcos 1,12-15

La fiesta más importante del año litúrgico es, sin duda, la Solemnidad de la Pascua; fiesta en la que celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y que está colocada al término de la Semana Santa.

Pues bien, para prepararnos a esta gran festividad, la Iglesia nos propone el así llamado tiempo de Cuaresma, que abarca desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo por la mañana. Durante este tiempo, la Palabra de Dios que estaremos escuchando, nos irá proponiendo acciones, actitudes, palabras y pensamientos, que nos ayudarán notablemente para llegar bien dispuestos a la celebración del Misterio Pascual de Cristo.

El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto (evangelio de este domingo) es presentado por san Marcos de manera muy sobria, sin bajar a detalles; pero no por ello carente de significado y de una profunda enseñanza. Los cuarenta días en el desierto vienen a ser, para nosotros, el tiempo de Cuaresma que Dios nos regala ahora para encontrarnos con él, en la oración, en el ayuno y en la escucha de su Palabra. En efecto, al desierto se va, no de paseo, sino para encontrarnos con el Señor, para reflexionar, para contemplar el Plan de Dios en nuestra vida, para prepararnos a una misión o a un acontecimiento importante.

La primera propuesta que el Señor nos invita a practicar es la conversión del corazón: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. En realidad son dos exhortaciones que van de la mano y que no se da una sin la otra: la conversión y el creer en el Evangelio.

Hablemos en primer lugar de la conversión.
La Cuaresma deberá ser aprovechada por cada uno de nosotros para suscitar, ante todo, una verdadera y auténtica conversión del corazón. Esta conversión no se entiende como un pequeño cambio, como quien dice: “ahora me voy a portar un poco mejor que antes…”; el cambio, para que sea una conversión en sentido estricto, debe alcanzar las intenciones, motivaciones y criterios más profundos de nuestro ser. Se trata de una renovación de la mente y del corazón, que necesariamente se traduce en una vida de rectitud y compromiso: vida de amor a Dios y de amor al prójimo.

El “creer en el Evangelio” expresa, por otra parte, la importancia que tiene el aceptar plenamente, en nuestra vida, a Jesucristo; se trata de creer en él y creerle a él; sin olvidar que la fe auténtica no es sólo cuestión intelectual sino, sobre todo, un compromiso de fidelidad a la alianza en el cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios.

Le pedimos al Señor, en este primer domingo de Cuaresma, que bendiga nuestro itinerario que nos lleva a la Pascua; y que, venciendo toda tentación, demos pruebas tangibles de una auténtica conversión. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

MENSAJE PARA LA CUARESMA 2015

H. Matamoros. Circular del Sr. Obispo con motivo de la Cuaresma, tiempo litúrgico que comienza el miércoles de ceniza.

A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN LA DIÓCESIS DE MATAMOROS
¡GRACIA Y PAZ!

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús:

La cuaresma es un tiempo de gracia que el Señor nos ofrece para renovar, fortalecer y comprometer nuestra vida personal, familiar y eclesial.

Como tiempo de preparación para la Pascua, la cuaresma comienza el miércoles de ceniza y concluye el jueves santo por la mañana.

Es un tiempo favorable para intensificar la oración, practicar el ayuno y desbordarnos en caridad hacia el hermano necesitado.

Así mismo, escuchando con el corazón la palabra que Dios nos estará compartiendo en la sagrada escritura, en la liturgia y en el prójimo, sin duda tendremos muchos elementos a nuestro alcance para descubrir lo que el Señor hoy en día quiere de nosotros.

Les propongo para esta cuaresma:

1. Renovar con fe nuestra vida personal, familiar y eclesial.

Se trata de convertir nuestra mente y nuestro corazón de tal manera que los criterios que nos muevan sean los criterios del Evangelio de Jesús y no los criterios particulares que muchas veces están marcados por el egoísmo. Un buen examen de conciencia, hecho con responsabilidad y honestidad, nos ayudará a detectar esas limitaciones que conviene, arrepentidos, poner en la presencia de Dios por medio de una buena confesión.

Renovar el entorno familiar, quitando aquellas actitudes pesimistas y negativas que nos desunen o que nos hacen indiferentes a las necesidades de nuestra gente. Los padres y los hijos tienen aquí una gran tarea por realizar. Durante la cuaresma habrá que reunirnos y, en ambiente de oración, ponernos de acuerdo para reavivar nuestros ideales familiares que con el correr del tiempo se van apagando.

Renovar el ambiente de nuestra comunidad eclesial, buscando que la Iglesia aparezca como signo claro de la presencia del Reino en medio de una sociedad que vive sin Dios. Qué importante es que en las comunidades parroquiales se vivan los valores del Reino: vida, amor, gracia, justicia, unidad, verdad y paz. Todos los que formamos parte de una comunidad tenemos el compromiso de luchar permanentemente por estos valores.
2. Fortalecer con esperanza nuestra vida personal, familiar y eclesial.

Hoy más que nunca necesitamos el don de fortaleza que nos haga capaces de afrontar con valentía los grandes retos personales del tiempo presente. La gran tentación, al no ver un mañana prometedor, es claudicar, abandonando nuestros principios e ideales. No estamos solos. El Señor es nuestra fuerza, perseveremos en el buen camino.

Y, ¿qué decir de nuestra vida familiar, muchas veces dañada por la desesperanza y la frustración? ¡Ánimo! Tenemos que reconstruir sólidos lazos familiares ya que es en el hogar donde se enseña y se aprende a dialogar, a compartir, a perdonar, a orar, a ser solidarios.

Debemos también fortalecer el ambiente de Iglesia fijándonos no tanto en las debilidades y problemáticas, sino sobre todo en aquello positivo que tenemos en nuestra comunidad: predicación de la palabra, celebraciones litúrgicas, obras de servicio, movimientos y asociaciones laicales. Así también, aprovechando lo que se nos ofrece en este tiempo litúrgico, como por ejemplo: ejercicios de piedad, retiros espirituales, homilías, reuniones parroquiales.

3. Comprometer con caridad nuestra vida personal, familiar y eclesial.

La cuaresma no solo es tiempo para recibir gracias de Dios; también, y sobre todo, es tiempo para dar y compartir. En efecto, el Señor nos invita de manera particular a que nos acerquemos a los hermanos y hermanas que pasan por situaciones difíciles y que abramos nuestro corazón ofreciéndoles una palabra, un gesto, una ayuda concreta y efectiva que les haga sentirse reconfortados y motivados para continuar su diario camino de lucha y de esfuerzo.

En este compartir, nuestra familia puede involucrarse participando en algún proyecto fraterno a favor de algún sector de la población; los hijos deben ser testigos del corazón bondadoso de sus padres, incluso como familia se puede llevar a cabo alguna obra de misericordia que contribuya para mitigar el dolor o la necesidad de los demás.

El compromiso, por último, como comunidad eclesial, conviene dirigirlo a una obra especial de nuestra Iglesia. Tantas instituciones e iniciativas de carácter social que tenemos en la diócesis de Matamoros: casas de migrantes, casas de indigentes, casas hogar, centros de rehabilitación, pastoral de la salud, etc. La cuaresma, sin duda, es el tiempo oportuno para abrir el corazón de nuestras comunidades y volcarnos en ayuda solidaria con estos grupos humanos más vulnerables.
Con mi mejor deseo de que todos vivamos una excelente cuaresma y que lleguemos bien dispuestos a celebrar los Misterios que nos han dado nueva vida. Y que la Santísima Virgen María interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo. Amén.
Dado en la Sede de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores de H. Matamoros, Tamaulipas, a los 14 días del mes de febrero 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

“Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo…” Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 15 de febrero de 2015.

“Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo…”

Levítico 13,1-2.44-46
1Corintios 10,31 – 11,1
Marcos 1,40-45

Continuamos la secuencia narrativa del evangelio de san Marcos. Los domingos anteriores hemos acompañado a nuestro Señor junto al mar de Galilea; hemos escuchado su predicación; lo hemos visto llamar a varios pescadores para que lo sigan; hemos sido testigos de un sinnúmero de curaciones; nos hemos dado cuenta, además, cómo se retiraba a lugares solitarios para orar; en fin, su actividad ha sido intensa, completa, sin tregua alguna.

Ahora nos encontramos con una magnífica y pedagógica enseñanza que el Maestro nos da, al curar a un enfermo de lepra.

Lo primero que debemos considerar es el sufrimiento que experimentaban los leprosos en el tiempo de Jesús. En realidad era un doble sufrimiento, ya que, por una parte, sus cuerpos presentaban malformaciones, llagas, manchas que afeaban la apariencia externa; era, sin duda, un sufrimiento físico terrible. Sin embargo, sus mayores dolores eran, sobre todo, de tipo moral puesto que tenían que soportar el desprecio, la soledad y la lejanía de los suyos. Moralmente hablando eran catalogados “impuros” por la misma ley, sintiéndose incluso, abandonados por Dios.

La oración que hace aquel hombre enfermo de lepra es una oración de súplica: humilde (“de rodillas”), madura (“si tú quieres…”) y llena de fe (“puedes curarme”). Oración ejemplar, digna de ser imitada.

¿Cómo reacciona Jesús ante esta oración de súplica? Nuestro Señor reacciona magistralmente, contrastando con la mentalidad de su tiempo: “se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ¡Sí quiero: sana!”. Aquí tenemos toda una gran enseñanza para la atención de nuestros hermanos enfermos. Primero debe estar presente en nosotros un sentimiento de compasión y amor por quienes sufren. Este sentimiento nos llevará a acercarnos a ellos, a tocarlos con delicadeza y ternura, y a hablarles con seguridad y confianza.

Jesús, pues, al hacer todo esto por el leproso, nos enseña cómo debemos proceder con toda persona marginada o excluida por la sociedad: niños, indígenas, enfermos, presos, migrantes, pobres, etc.

Le pedimos al Señor en la Eucaristía de este domingo que suscite en nuestro corazón los más vivos sentimientos de compasión y ternura para con nuestros hermanos enfermos. Amén.

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo…

Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 15 de febrero de 2015.

Levítico 13,1-2.44-46
1Corintios 10,31 – 11,1
Marcos 1,40-45

Continuamos la secuencia narrativa del evangelio de san Marcos. Los domingos anteriores hemos acompañado a nuestro Señor junto al mar de Galilea; hemos escuchado su predicación; lo hemos visto llamar a varios pescadores para que lo sigan; hemos sido testigos de un sinnúmero de curaciones; nos hemos dado cuenta, además, cómo se retiraba a lugares solitarios para orar; en fin, su actividad ha sido intensa, completa, sin tregua alguna.

Ahora nos encontramos con una magnífica y pedagógica enseñanza que el Maestro nos da, al curar a un enfermo de lepra.

Lo primero que debemos considerar es el sufrimiento que experimentaban los leprosos en el tiempo de Jesús. En realidad era un doble sufrimiento, ya que, por una parte, sus cuerpos presentaban malformaciones, llagas, manchas que afeaban la apariencia externa; era, sin duda, un sufrimiento físico terrible. Sin embargo, sus mayores dolores eran, sobre todo, de tipo moral puesto que tenían que soportar el desprecio, la soledad y la lejanía de los suyos. Moralmente hablando eran catalogados “impuros” por la misma ley, sintiéndose incluso, abandonados por Dios.

La oración que hace aquel hombre enfermo de lepra es una oración de súplica: humilde (“de rodillas”), madura (“si tú quieres…”) y llena de fe (“puedes curarme”). Oración ejemplar, digna de ser imitada.

¿Cómo reacciona Jesús ante esta oración de súplica? Nuestro Señor reacciona magistralmente, contrastando con la mentalidad de su tiempo: “se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ¡Sí quiero: sana!”. Aquí tenemos toda una gran enseñanza para la atención de nuestros hermanos enfermos. Primero debe estar presente en nosotros un sentimiento de compasión y amor por quienes sufren. Este sentimiento nos llevará a acercarnos a ellos, a tocarlos con delicadeza y ternura, y a hablarles con seguridad y confianza.

Jesús, pues, al hacer todo esto por el leproso, nos enseña cómo debemos proceder con toda persona marginada o excluida por la sociedad: niños, indígenas, enfermos, presos, migrantes, pobres, etc.

Le pedimos al Señor en la Eucaristía de este domingo que suscite en nuestro corazón los más vivos sentimientos de compasión y ternura para con nuestros hermanos enfermos. Amén.

+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Obispos Solidarios

Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Monterrey envían carta solidaria a nuestra Diócesis por los recientes acontecimientos de violencia suscitados en nuestra región.

Provincia Eclesiástica de Monterrey

Miércoles 11 de febrero del 2015

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” Mt 5, 9.

 

S.E.R. Mons. Ruy Rendón Leal

Muy estimado hermano en el episcopado, le saludamos con afecto deseándole todo bien en el Señor.

Enterados de los hechos de violencia que se han acentuado en la querida Diócesis de Matamoros en las últimas semanas, y que han enlutado a numerosas familias, queremos hacer llegar por su medio, un saludo solidario a todas las personas que han sufrido la pérdida de algún ser querido, y ofrecerles nuestras oraciones por el eterno descanso de todos los que han fallecido, y por ellos mismos, para que el Señor les fortalezca en la fe y en la esperanza de reencontrar a sus seres queridos en la Casa del Padre.

Sabemos del dolor que muchos otros están sufriendo por sus familiares desaparecidos, los que se han tenido que desplazar a otros lugares, y quienes viven sometidos a amenazas y extorsión. A todos ellos también les expresamos nuestra solidaridad.

A toda la población les ofrecemos igualmente nuestra oración para que tengan el ánimo de la esperanza de que un día pueda llegar la anhelada paz. También pedimos al Señor que les inspire las acciones convenientes para la construcción de la paz, la cual es don de Dios y tarea de todos los ciudadanos. Creemos que es muy importante estar cercanos a los niños y jóvenes, para ayudarles a expresar sus sentimientos y sus propuestas en favor de la paz, tanto en la familia, como en la escuela y en los grupos de Iglesia.

El Señor inspire a nuestras autoridades las acciones más convenientes para la paz, y que inspire el arrepentimiento y cambio de vida a los que han ejercido la violencia. Nuestra Señora del Refugio, Reina de la paz, interceda por todos ustedes.

Con el saludo fraterno de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Monterrey.

S.E.R. Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey.
S.E.R. Mons. José Luis Dibildox, Obispo de Tampico.
S.E.R. Mons. Gustavo Rodríguez Vega. Obispo de Nuevo Laredo
S.E.R. Mons. Alonso G. Garza Treviño, Obispo de Piedras Negras
S.E.R. Mons. Raúl Vera López, Obispo de Saltillo.
S.E.R. Mons. Antonio González Sánchez, Obispo de Ciudad Victoria
S.E.R. Mons. Hilario González García, Obispo de Linares.
S.E.R. Mons. Ramón Calderón Batres, Obispo Emérito de Linares.
S.E.R. Mons. Jorge A. Cavazos Arizpe, Obispo Auxiliar de Monterrey.
S.E.R. Mons. J. Armando Pérez Talamantes Obispo Auxiliar de Monterrey
S.E.R. Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola Obispo Auxiliar de Monterrey

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 08 de febrero de 2015.

Job 7,1-4.6-7
1Corintios 9,16-19.22-23
Marcos 1,29-39

 

El evangelio de este domingo nos presenta una jornada completa de trabajo pastoral realizada por nuestro Señor. En esta jornada contemplamos a Jesús desgastando su vida con el único afán de servir; para ello: cura a los enfermos, hace oración y predica la Palabra.

Todo comienza con la noticia de que Jesús, saliendo de la sinagoga (recordamos el evangelio del domingo pasado), va a la casa de Simón y Andrés (al parecer, Jesús convirtió esta casa, en su propia casa). Allí cura a la suegra de Simón “se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó…”. Al atardecer continúa su labor de curar a los enfermos y expulsar los demonios. Concluimos cómo el Señor se compadecía de los enfermos, manteniendo una actividad desgastante, buscando siempre mitigar el sufrimiento de las personas. Nosotros, siguiendo su ejemplo, debemos comprometernos en la atención de aquellas personas más vulnerables de nuestra sociedad.

La acción de Jesús es complementada con algo que para muchos pudiera ser “pérdida de tiempo”. El Señor, muy de madrugada, “se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar”. Esta es otra gran enseñanza que nos da el Maestro; enseñanza que nos lleva, necesariamente, a valorar los tiempos formales que le dedicamos a la oración. No sólo “trabajar y trabajar”; el discípulo misionero requiere de momentos en los que él se encuentre a solas con Aquél que sabemos que nos ama.

Ante el comentario que Simón y sus compañeros le hace: “todos te andan buscando”. Él les responde invitándolos a ir a otros pueblos para predicar en ellos la Buena Nueva. Al final, el evangelio de este domingo nos habla de que Jesús recorría toda Galilea, “predicando en las sinagogas”. Esta actividad de Jesús es también digna de resaltar. En efecto, cada uno de nosotros, junto con la acción dirigida a los más necesitados y la oración dirigida a nuestro Padre Dios, tenemos, en la predicación de la Palabra, una tarea imprescindible.

San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda precisamente la gran responsabilidad que tiene todo bautizado de predicar el Evangelio. La frase del apóstol es magistral: “¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!”. Recorriendo su vida y leyendo sus escritos, nos daremos cuenta de lo que representó para él esta tarea de predicar a Jesucristo.

Le pedimos a Dios nuestro Señor, en la Misa de este domingo, que nunca nos falte en cada jornada de nuestra vida: las buenas acciones, la oración, y la predicación de la Palabra. Amén.

 

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

Colecta Anual del Seminario

Carta Circular. Nuestro Seminario Diocesano tiene la hermosa misión de ser el lugar en el que los jóvenes, que sintiendo el llamado de Dios a la entrega total, se van formando a imagen de Jesús, el Buen Pastor, para ser los futuros pastores que apacienten el rebaño de Dios.

A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN LA DIÓCESIS DE MATAMOROS
¡GRACIA Y PAZ!

Una de mis mayores preocupaciones como pastor de esta Iglesia diocesana, es la formación integral de nuestros seminaristas, pues, para llegar a tener el mejor presbiterio de México, es necesario empezar por los formandos, para que vayan adquiriendo aquellas actitudes propias del fiel discípulo del Señor.

No obstante la reciente y sensible pérdida del Padre Santiago Enríquez Rangel, Rector del Seminario, que ha sacudido el ánimo de nuestro pueblo, especialmente de la familia del Seminario, se mantiene firme en nosotros la esperanza de la vida eterna que el Señor nos ha prometido.

Así mismo, la acción evangelizadora de todos los sectores de la Iglesia diocesana debe continuar siguiendo los pasos del Maestro, promoviendo, especialmente, la cultura vocacional en los diferentes espacios y ámbitos pastorales, como son: la familia, la escuela de la fe, los movimientos y asociaciones de adolescentes y de jóvenes, la comunidad parroquial, etc.  De esta manera, quienes son llamados(as) podrán más fácilmente responderle al Señor con la propia vida.

Este mes de febrero, el Seminario Diocesano de Matamoros realizará algunas actividades que debemos tener en cuenta, pues con ellas se logran subsidiar muchas de las necesidades que se presentan en el diario vivir. Es por esto que les invito a que, con responsabilidad y amor, apoyemos esta importante Institución diocesana:
•    15 de febrero: Pre-Colecta Anual,
•    16-20 de febrero: Visita a los Colegios católicos de nuestra diócesis
•    22 de febrero (I Domingo de Cuaresma): Colecta Anual.

Pongamos en manos de Dios cada una de las actividades que nuestro Seminario va a estar realizando, pero, sobre todo, sigamos impulsando la cultura vocacional que lleva a los jóvenes a responder decididamente al llamado de Cristo; y elevemos nuestra oración para que esta bendita casa de formación siga siendo el corazón de nuestra Iglesia Diocesana que provea de muchos y muy santos sacerdotes para el Pueblo de Dios.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, de H. Matamoros Tamaulipas, a los 6 días del mes de febrero de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Renovación de Ministerios Laicales

Carta Circular. Cada año celebramos, en nuestra diócesis, la Liturgia de Reconocimiento y Renovación de Ministerios Laicales. Esta ceremonia es de suma importancia, ya que permite asegurar y fortalecer nuestra marcha decidida hacia una Iglesia ministerial, servidora, a la manera de Cristo Servidor, y avanzar hacia una Iglesia en la que los laicos tengan un papel relevante.

A TODOS LOS PÁRROCOS, ADMINISTRADORES PARROQUIALES, CUASI PÁRROCOS, RECTORES, MIEMBROS DE LA VIDA CONSAGRADA Y MINISTROS LAICOS
DE LA DIÓCESIS DE MATAMOROS.
¡GRACIA Y PAZ!

Los saludo con afecto, esperando se encuentren bien, en el Señor Jesús.

Espero que ya para estas fechas los interesados hayan cumplido todos los requisitos y presentado la documentación correspondiente ante la Secretaría Diocesana del IDITEP – IITD, que es la misma de la Comisión Diocesana de Ministerios Laicales.

Agradezco a la Comisión Diocesana de Ministerios Laicales, integrada por el Director General y los Directores Locales del IDITEP – IITD, todo el trabajo desempeñado durante el año pasado para seleccionar y formar a los fieles que desean servir como ministros laicos. Sin embargo, los ministerios laicales son responsabilidad de todo el pueblo de Dios. Los exhorto, pues, a todos y a cada uno, a cumplir, responsable y gustosamente, con la parte que nos corresponde en este aspecto tan importante de nuestra misión eclesial.

Debido a las circunstancias de inseguridad y violencia que estamos viviendo en estos días y que se ha recrudecido especialmente en el tramo carretero Matamoros – Reynosa, y sólo por esta ocasión, he decidido celebrar esta Liturgia de Reconocimiento y Renovación en dos fechas y lugares: La primera el 14 de Febrero, a las 11:00 horas, en la santa iglesia Catedral de H. Matamoros; a ésta deberán acudir las zonas pastorales de Matamoros y Valle Hermoso; la segunda será el 28 de Febrero, a las 10:30 horas, en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Cd. Reynosa; a ésta deberán acudir los que pertenecen a la zona pastoral de Reynosa.

Recuerden los Directores Locales del IDITEP y los que van a recibir o a renovar ministerios, que deben hacerse presentes al menos una hora antes de la ceremonia litúrgica.

Que bajo el amparo y la protección de nuestra Señora del Refugio de Pecadores, el Señor bendiga y haga fecundos nuestros trabajos.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, de H. Matamoros, Tamaulipas, a los 6 días del mes de febrero de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

Jornada Mundial del Enfermo

Carta Circular. La festividad mariana de la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, que celebramos el 11 de febrero, enmarca la Jornada Mundial del enfermo, a la que los Santos Padres, desde San Juan Pablo II, nos han invitado a vivir eficazmente

A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN LA DIÓCESIS DE MATAMOROS
¡GRACIA Y PAZ!

Esta jornada de oración por aquellos que viven una situación de enfermedad corporal, nos llama a la solidaridad, de manera especial, atendiendo sus necesidades más apremiantes, pero sobre todo a estar cercanos en su dolor y saber ofrecerles compasión.

La enfermedad, que en la experiencia diaria se percibe como una frustración de la fuerza vital natural, se convierte para los creyentes en una invitación a leer la nueva y difícil situación, en la perspectiva propia de la fe. De esta manera, a la luz de la muerte y resurrección de Cristo, la enfermedad no aparece ya como hecho exclusivamente negativo: más bien, se contempla como una visita de Dios, como una ocasión para provocar amor, para hacer nacer obras de caridad, para transformar toda la civilización humana en la civilización del amor (cfr. Mensaje para la I Jornada Mundial del Enfermo, San Juan Pablo II, 21 de octubre de 1992).

Es pues necesario poner nuestros ojos en aquellos que más nos necesitan y se encuentran en esta situación. El Papa Francisco en el mensaje para esta próxima jornada, nos invita a saber usar la sabiduría del corazón, para poder estar con el hermano, para poder salir hacia el hermano, para poder servir al hermano; esta sabiduría, que procede de Dios, nos impulsa a ser los “ojos del ciego” y “del cojo los pies”, tal como lo expresa el libro de Job (29,15), para encontrar nuestro camino de santificación y ayudar a aquellos que están en esta situación a conocer la misericordia de Dios (cfr. Mensaje del Santo Padre Francisco con ocasión de la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015, 30 de diciembre de 2014).

Animados con estas palabras, preparemos esta jornada de oración de manera personal y en nuestras comunidades, teniendo como intención principal para la eucaristía de este día 11 de febrero a nuestros enfermos y a aquellas personas que dedican su vida a ellos. Visitemos a los enfermos, teniendo la certeza de aquellas palabras de Jesús: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40).

Que Dios nuestro Señor nos permita seguir entregándonos por nuestros enfermos, que nos permita ser instrumentos de su misericordia para aquellos que más la necesitan, pero sobre todo que, en la situación de enfermedad, nos llene de su paciencia, consuelo y esperanza.

Aprovecho la ocasión para convocar a todos los agentes de la Pastoral de la Salud de la diócesis de Matamoros a que participen en el Encuentro anual que tendremos, Dios mediante, el sábado 21 de febrero en el gimnasio del Instituto Colón de la Cd. de Reynosa, Tam. Comenzaremos a las 9 am y culminaremos el evento con la Eucaristía a la 1:30 pm, para luego tener una sencilla convivencia y concluir hacia las 3 pm.

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores, de H. Matamoros Tamaulipas, a los 6 días del mes de febrero de 2015, Año de la Interpretación de la Realidad Diocesana, y de la Vida Consagrada.

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

“Enseñaba como quien tiene autoridad”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 01 de febrero de 2015.

“Enseñaba como quien tiene autoridad”.

Deuteronomio 18,15-20
1Corintios 7,32-35
Marcos 1,21-28

Dos importantes temas de reflexión nos sugiere este domingo la Palabra de Dios. En primer lugar se destaca la predicación (enseñanza) que Jesús hace del Evangelio y, en segundo lugar, la valoración que hace san Pablo respecto de la vida de soltería.

Jesús enseña la Palabra divina con una maravillosa pedagogía. Aprovecha la reunión semanal de los judíos en la sinagoga de Cafarnaúm. Les habla al corazón tomando para ello, seguramente, los mismos textos bíblicos que ese sábado habían sido leídos ante la asamblea. El hablar de Jesús es un hablar claro, sencillo, entendible y, a la vez, profundo. La gente lo escuchaba con gusto y con asombro; había algo en sus palabras predicadas que sonaban totalmente diferentes a como ellos estaban acostumbrados oír cuando los escribas enseñaban la Ley de Moisés. La gente decía que Jesús enseñaba con autoridad y no como lo hacían los escribas.

Pero, ¿qué significa enseñar con autoridad? La predicación de la Palabra de Dios hecha por Jesús era, sin duda, una predicación respaldada por una vida congruente, honesta, transparente, bien intencionada, llena de buenas acciones a favor del prójimo más necesitado. Esto, y además el hecho de oponerse radicalmente al mal en sus diversas manifestaciones, como lo constatamos en el evangelio de este domingo al expulsar un demonio, le daban a Jesús tal autoridad: “Jesús le ordenó: ¡Cállate y sal de él! El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él”.

Nosotros, como bautizados, tenemos una clara invitación de parte del Señor. En efecto, nuestra misión de transmitir el Evangelio, hablar de Dios a los demás, compartir a los hermanos nuestra experiencia de fe, enseñar la doctrina cristiana, necesariamente debe estar apoyada por una vida intachable de amor a Dios y al prójimo. ¡Qué gran responsabilidad!

San Pablo, en la segunda lectura, nos presenta una reflexión interesante y que en ocasiones no ha sido muy bien comprendida. Se trata de la oportunidad tan grande que tienen las personas solteras, célibes, de orientar toda su vida hacia Dios nuestro Señor, Supremo Bien, consagrándose a él en cuerpo y alma. San Pablo comparte, en cierta forma, su propia experiencia celibataria, y lo hace convencido que es el mejor estado de vida, ya que de esta manera el corazón de un(a) consagrado(a) se mantiene indiviso, totalmente para Dios.

Hoy le suplicamos al Señor, con el salmista: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”, recordando que, antes de predicar la Palabra de Dios a nuestros hermanos, debemos escucharla atentamente y ponerla en práctica. Amén.

No olvidemos orar también por los hombres y mujeres de la vida consagrada.

+Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros