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Apoyemos el Diezmo Diocesano 2018

El próximo domingo 2 de diciembre será la colecta del DIEZMO en todas las Parroquias, Cuasiparroquias y Rectorías, como una oportunidad para apoyar las acciones comunes en nuestra Diócesis de Matamoros.

A lo largo de la historia de la Iglesia, el Diezmo ha fungido como uno de los grandes apoyos por los cuales el Pueblo de Dios ayuda en el sostenimiento de la misma Iglesia en todas sus obras por el bien de las comunidades.

El Diezmo, por tanto, es una ofrenda que cada uno de nosotros damos a la Iglesia como expresión de nuestro compromiso y responsabilidad para continuar apoyando los procesos de evangelización, para los sacerdotes jubilados y enfermos, así como apoyar las necesidades sociales apremiantes.

Agradecemos inmensamente su generosidad en las colectas de las Misas, sus donativos en sobres membretados para la ocasión e incluso de trasferencias bancarias. ¡Muchas gracias!

¿Qué es el Diezmo Diocesano?

Es la ofrenda anual para impulsar las obras de la Iglesia y quinto mandamiento de la Iglesia

¿Cuánto debemos aportar?

Por lo menos 1 día de ingresos al año (para las personas que tienen un trabajo)

Con tu aporte:

  • Ayudarás a la propagación del Evangelio en la Diócesis
  • Al trabajo común entre las Parroquias
  • A la formación en la Iglesia
  • Al apoyo de las acciones sociales

¿Dónde entregar el Diezmo?

  • En tu Parroquia, Cuasiparroquia y Rectoría.
  • En las oficinas de la Economía diocesana (Calle 4 #37 entre Morelos y González, Zona Centro, Matamoros, Tamaulipas. Tel. (868) 812-4318

 

 

Misa en Matamoros, Tamaulipas, como parte del 60 aniversario de la Diócesis

En cada municipio de las Zonas Pastorales de la Diócesis habrá celebraciones como parte del Jubileo por el LX aniversario de la fundación de nuestra Diócesis.

El próximo viernes 23 de noviembre de 2018 toca el turno al Municipio de Matamoros. Dios mediante será en la Catedral. Daremos inicio con una Hora Santa a las 11:00 am, para luego concelebrar la Misa con nuestro Señor Obispo a las 12:00 pm.

Se invita a toda la comunidad diocesana y en especial a los hermanos de la Zona Pastoral correspondiente dando gracias al Señor por los beneficios recibidos.

 

 

Retiros para catequistas en la Diócesis

La formación espiritual del catequista es fundamental para compartir la fe, de manera alegre, dinámica y sólida. Se convoca en estos retiros a todos aquellos catequistas, de acuerdo a la ciudad más cerca que radiquen. Este esfuerzo lo organiza la Dimensión Diocesana de Catequesis.

 

 

XXXIII Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

Verán venir al Hijo del hombre (cfr. Mc 13, 24-32)

Una señora se quejaba con una amiga de que su hijo adolescente era muy atarantado. “El mío es peor –dijo la otra–, y te lo voy a demostrar”. Lo llamó y le dijo: “¡Rápido!, ve a casa a ver si estoy”. Y el muchacho salió corriendo. “El mío es peor –dijo la señora–, y ahora lo verás”. Lo llamó y le dijo: “¡Pronto!, toma dos pesos y ve a comprarme un coche”. Y el chico salió a toda prisa. “¡Son realmente atarantados!”, concluyeron ambas. Pero por el camino los chavos se encontraron, y uno le dijo al otro: “Mi mamá es muy atarantada; me mandó a casa a ver si estaba ¡Y no me dio las llaves!”. “La mía es peor –comentó el otro–; me dio dos pesos para comprar un coche ¡Y no me dijo qué modelo!”

Con respeto, a veces nos parecemos a estos adolescentes atarantados; nos quedamos en lo inmediato y no reflexionamos sobre lo que sucede para comprender. Entonces terminamos corriendo por la vida siguiendo ideologías y modas. Y cuando enfrentamos penas, problemas y desastres morales y naturales nos quedamos confundidos y sin saber qué hacer ¡Y peor si alguien, con relatos espeluznantes, nos dice que ahora sí se acerca el fin del mundo!

Para que no seamos atarantados, Jesús, usando un lenguaje simbólico llamado “apocalíptico”, nos enseña lo realmente importante: comprender que todo se pasa y que sólo él permanece acompañándonos y ofreciéndonos un futuro. Para eso, siendo Dios, se hizo uno de nosotros y nos amó hasta entregar la vida para liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz .

Jesús nos hace ver que aunque no falten en esta vida las dificultades y las desgracias, él volverá para hacer triunfar definitivamente el bien, la verdad, la justicia, el amor, el progreso y la vida. Su retorno, como explica san Teofilacto al meditar en el ejemplo de la Higuera, “será para los justos como el verano después del invierno” .

El Señor vendrá de nuevo para hacernos partícipes de su vida eterna, como anuncia el profeta Daniel . Eso es lo importante. No nos atarantemos tratando de saber cuándo o cómo sucederá, sino preparémonos para ese encuentro, escuchando su Palabra, recibiendo sus sacramentos, orando y viviendo como nos enseña: amando a Dios y amando al prójimo .

“Habrá un día –comenta el Papa– en que yo me encontraré cara a cara con el Señor” . Esta es nuestra esperanza. Y, como recuerda Benedicto XVI: “Quien tiene esperanza vive de otra manera” . Vive las alegrías y la prosperidad sin olvidarse de Dios y de los demás; vive la enfermedad, las penas y los problemas sin caer en la resignación fatalista del que ya no lucha, sino que le echa ganas para mejorar, para unir a su familia y ayudarla a salir adelante, para construir un mundo en el que todos puedan tener una vida digna, y para alcanzar la eternidad.

No lo olvidemos: nuestra vida está en manos de Dios. Por eso podemos vivir tranquilos, sabiendo que él no nos abandonará, sino que nos enseñará el camino para saciarnos de gozo en su presencia y de alegría perpetua junto a él . Con esta confianza, ¡a echarle ganas!

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

1 Cf. 2ª Lectura: Hb 10, 11-14.18.
2 Catena Aurea, 7328.
3 Cf. 1ª Lectura: Dn 12, 1-3.
4 Cf. Aclamación: Lc 21, 36.
5 Ángelus, Domingo 15 de noviembre de 2015.
6 Spe salvi, 2.
7 Cf. Sal 15.

 

 

¡Tendámosle la mano a nuestros hermanos migrantes!

Comunicado de los obispos de las diócesis de
Piedras Negras, Nuevo Laredo y Matamoros

 

Preocupados por el bien de nuestros hermanos de la caravana migrante y buscando la forma concreta en que podemos tenderles la mano, los obispos de las fronterizas diócesis de Piedras Negras, Nuevo Laredo y Matamoros nos hemos reunido, animados por la enseñanza y el ejemplo de Jesús (cf. Mt 25,40), que muchos católicos y personas de buena voluntad han seguido al brindarles apoyo a lo largo de su camino.

Conscientes de que la responsabilidad de atender a los migrantes compete ante todo a las diversas autoridades federales, estatales y municipales, hemos acordado promover encuentros para coadyuvar con ellas, incentivando la participación de otras iglesias y de las organizaciones de la sociedad civil, a fin de velar por la integridad, la salud y los servicios que los migrantes requieren, así como por su seguridad y la de todos los que los atienden.

También hemos acordado servir como vínculo entre los migrantes y las autoridades; organizar y poner a su disposición los distintos recursos diocesanos con los que contamos, como casas de migrantes, bancos de alimentos, cáritas, etc.; invitar a los fieles a apoyarlos con agua, alimento y ropa; convocar y organizar a los voluntarios para atenderlos; prestarles servicios pastorales, como Misa, confesión, escucha, charlas; fomentar la solidaridad entre las diócesis fronterizas de México y Estados Unidos para enviar ayudas a los lugares donde lleguen y mantener una estrecha comunicación para apoyarlos en sus necesidades; promover una cultura que, viendo a los migrantes como personas con dignidad y derechos, nos impulse a todos a acogerlos, protegerlos, promoverlos e integrarlos, como ha pedido el Papa.

Sin duda, lo numeroso de la caravana migrante presenta un reto para las autoridades y para la sociedad. Pero también es una oportunidad para ejercer la solidaridad y crecer en humanidad. Con esta convicción invitamos a todos a que, confiando en Dios y en la intercesión de la Madre de Guadalupe, sumemos esfuerzos para tender la mano a nuestros hermanos migrantes.

 

 +Alonso Gerardo Garza Treviño   + Enrique Sánchez Martínez   +Eugenio Lira Rugarcía

      Obispo de Piedras Negras            Obispo de Nuevo Laredo           Obispo de Matamoros

 

 

 

XXXII Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

Esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos (cf. Mc 12, 38-44)

Jesús se interesa por nosotros y nos observa siempre ¿Porqué? Porque nos ama. Por eso tiene en cuenta todo, hasta los pequeños detalles de nuestra vida. Y queriendo que seamos felices por toda la eternidad, nos echa la mano y nos orienta.

Así lo hace cuando nos previene de la soberbia, la codicia y la hipocresía de los escribas. Esa soberbia, esa codicia y esa hipocresía, que nacen del egoísmo, nos hacen sentirnos más que los demás y a darles una cara falsa a fin de engañarlos y manipularlos para sacar ventaja. Esto hacían los escribas, que fingiendo ser buenos y entregados, se aprovechaban injustamente de la gente, especialmente de los más vulnerables.

Sería bueno revisar si tenemos algo de “escribas”. Para ello preguntémonos ¿Cuáles son mis intenciones en lo que digo y hago en mi matrimonio, con mi familia, en mi noviazgo, con los amigos, con los compañeros y con la gente que trato, especialmente los más necesitados? ¿Los quiero de verdad y busco su bien? ¿O aparentando que me entrego intento manipularlos para servirme de ellos?

Jesús, que nos previene de la soberbia, la codicia y la hipocresía para con Dios y para con los demás, nos propone como ejemplo a una viuda pobre que, con honestidad y confiando en Dios , entrega en la limosna del templo todo lo que tenía para vivir: dos moneditas, que, como explica san Beda, simbolizan el amor a Dios y al prójimo . Lo da todo. Le echa ganas de verdad. “No es cosa de billetera –comenta el Papa– sino de corazón” .

Otros, en cambio, le dan a Dios y a los demás las sobras de su tiempo, de su interés y de su amor. Van a Misa y rezan sólo cuando les nace o cuando tienen alguna necesidad. Si se van a casar, sólo piensan en la fiesta y no en preparase para el matrimonio. Si van a bautizar a sus hijos, procuran que les dispensen de las catequesis y eligen por padrinos, no a los mejores, sino a sus cuates o a quienes les conviene. Dicen que hacen todo por su familia, menos estar con ella. Si donan algo, sólo dan lo que les estorba en casa. Y si dan limosna, únicamente entregan las monedas que les sobran.

Jesús, que se ofreció a sí mismo para quitar los pecados de todos , nos enseña a darnos en serio a Dios y a los demás, amándolos de verdad. “Estamos llamados –comenta el Papa– a dar el tiempo necesario, no el que nos sobra; a dar sin reservas algún talento nuestro” . Sólo así alabamos a Dios. Sólo así contribuimos al bien de los demás y a construir una familia y un mundo mejor. Sólo así nos realizamos de verdad.

Quizá nos parezca difícil, pero si ponemos de nuestra parte, Dios, que es fiel a su palabra , no dejará de ayudarnos, como ayudó a la viuda de Sarepta . Esto no significa que no nos vaya a faltar nada en esta vida, sino que él, a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración, nos llenará de su Espíritu de Amor para que no nos falte amor para amarlo a él y al prójimo, hasta que llegue el día en que, unidos a él, seamos felices por siempre ¡A echarle ganas!

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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1. Cf. Aclamación: Mt 5, 3.
2. Cf. In Marcum, 3,42.
3. Angelus, 8 de noviembre de 2015.
4. Cf. 2ª Lectura: Hb 9, 24-28.
5. Angelus, 8 de noviembre de 2015.
6. Cf. Sal 145.
7. Cf. 1ª Lectura: 1 Re 17, 10-16.

 

 

 

Oración por el eterno descanso De la Sra. María de los Ángeles

Al Pueblo de Dios de la Diócesis de Matamoros:

Por medio del presente comunicado, les informo que la Sra. María de los Ángeles García Macías, hermana del Padre José de Jesús García Macías, fue llamada a la Casa del Padre, a la edad de 82 años el día de hoy, 07 de noviembre de 2018.

Estará siendo velada en la Funeraria Escobedo (Calle República de Cuba #46, Col. Modelo, H. Matamoros, Tam.) a partir de hoy a las 6:00 pm y hasta mañana jueves 8 de noviembre a las 6:00 pm, siendo cremada posteriormente. La misa con las cenizas presentes será el viernes 9 de noviembre a las 4:00 pm en la Parroquia Cristo Rey, de H. Matamoros, Tam.

A mis hermanos sacerdotes les invito a que tengamos en cuenta esta intención en las eucaristías y juntos elevemos a Dios nuestra oración, para que el Dios del consuelo, fortalezca al Padre Chuta y a la familia García Macías en este momento de dolor y les dé el consuelo necesario.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

En H. Matamoros, Tamaulipas, a los 7 días del mes de noviembre de 2018, Año jubilar diocesano.

 

II Jornada Mundial de los Pobres / 18 noviembre

 

1. «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7). Las palabras del salmista las hacemos nuestras desde el momento en el que también nosotros estamos llamados a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en la que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien ha escrito esas palabras no es ajeno a esta condición, sino más bien al contrario. Él ha experimentado directamente la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo nos permite también hoy a nosotros, rodeados de tantas formas de pobreza, comprender quiénes son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha a los pobres que claman a él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge. A la luz de estas palabras podemos comprender más plenamente lo que Jesús proclamó en las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3).

En virtud de esta experiencia única y, en muchos sentidos, inmerecida e imposible de describir por completo, nace el deseo de contarla a otros, en primer lugar a los que, como el salmista, son pobres, rechazados y marginados. Nadie puede sentirse excluido del amor del Padre, especialmente en un mundo que con frecuencia pone la riqueza como primer objetivo y hace que las personas se encierren en sí mismas.

2. El salmo describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “gritar”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. ¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? Podemos preguntarnos: ¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no consigue llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? En una Jornada como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres.

Lo que necesitamos es el silencio de la escucha para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aun siendo meritorias y necesarias, están dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Estamos tan atrapados por una cultura que obliga a mirarse al espejo y a preocuparse excesivamente de sí mismo, que pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente.

3. El segundo verbo es “responder”. El salmista dice que el Señor, no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. Su respuesta, como se muestra en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre. Así ocurrió cuando Abrahán manifestó a Dios su deseo de tener una descendencia, a pesar de que él y su mujer Sara, ya ancianos, no tenían hijos (cf. Gn 15,1-6). También sucedió cuando Moisés, a través del fuego de una zarza que ardía sin consumirse, recibió la revelación del nombre divino y la misión de hacer salir al pueblo de Egipto (cf. Ex 3,1-15). Y esta respuesta se confirmó a lo largo de todo el camino del pueblo por el desierto, cuando sentía el mordisco del hambre y de la sed (cf. Ex 16,1-16; 17,1-7), y cuando caían en la peor miseria, es decir, la infidelidad a la alianza y la idolatría (cf. Ex 32,1-14).

La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos. La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de cercanía para cuantos pasan necesidad, para que sientan la presencia activa de un hermano o una hermana. Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia —que es necesaria y providencial en un primer momento—, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 199), que honra al otro como persona y busca su bien.

4. El tercer verbo es “liberar”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle la dignidad. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que afectan a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas. La acción con la que el Señor libera es un acto de salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios. Tantos salmos narran y celebran esta historia de salvación que se refleja en la vida personal del pobre: «[El Señor] no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchó» (Sal 22,25). Poder contemplar el rostro de Dios es signo de su amistad, de su cercanía, de su salvación. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro; […] me pusiste en un lugar espacioso (cf. Sal 31,8-9). Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf. Sal 91,3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar libremente y mirar la vida con ojos serenos. La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

5. Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del que habla el evangelista Marcos (cf. 10,46-52). El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que Jesús pasaba «empezó a gritar» y a invocar al «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Rabbunì, que recobre la vista”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades fundamentales, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).

Por el contrario, lo que lamentablemente sucede a menudo es que se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, a los que se les considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre los otros y uno mismo, sin darse cuenta de que así nos distanciamos del Señor Jesús, quien no solo no los rechaza sino que los llama a sí y los consuela. En este caso, qué apropiadas se nos muestran las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «Soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo» (Is 58,6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf. 1P 4,8), que la justicia recorra su camino y que, cuando seamos nosotros los que gritemos al Señor, entonces él nos responderá y dirá: ¡Aquí estoy! (cf. Is 58, 9).

6. Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no deja que falte el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos. Solo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198).

En esta Jornada Mundial estamos invitados a concretar las palabras del salmo: «Los pobres comerán hasta saciarse» (Sal 22,27). Sabemos que tenía lugar el banquete en el templo de Jerusalén después del rito del sacrificio. Esta ha sido una experiencia que ha enriquecido en muchas Diócesis la celebración de la primera Jornada Mundial de los Pobres del año pasado. Muchos encontraron el calor de una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera sencilla y fraterna. Quisiera que también este año, y en el futuro, esta Jornada se celebrara bajo el signo de la alegría de redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos en comunidad y compartir la comida en el domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y sencillez: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. [….] Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42.44-45).

7. Son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana como signo de cercanía y de alivio a tantas formas de pobreza que están ante nuestros ojos. A menudo, la colaboración con otras iniciativas, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, nos permite brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente, nos lleva a tender la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda lograr su objetivo con más eficacia. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, aunque sabemos reconocer otras formas de ayuda y de solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; pero no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y hacia la santidad. Una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos dar es el diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo.

En relación con los pobres, no se trata de jugar a ver quién tiene el primado en el intervenir, sino que con humildad podamos reconocer que el Espíritu suscita gestos que son un signo de la respuesta y de la cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo de acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para que se reconozca su presencia y su salvación. Lo recuerda san Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, que competían ente ellos por los carismas, en busca de los más prestigiosos: «El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”; y la cabeza no puede decir a los pies: “No os necesito”» (1 Co 12,21). El Apóstol hace una consideración importante al observar que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios (cf. v. 22); y que «los que nos parecen más despreciables los rodeamos de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los más decorosos no lo necesitan» (vv. 23-24). Pablo, al mismo tiempo que ofrece una enseñanza fundamental sobre los carismas, también educa a la comunidad a tener una actitud evangélica con respecto a los miembros más débiles y necesitados. Los discípulos de Cristo, lejos de albergar sentimientos de desprecio o de pietismo hacia ellos, están más bien llamados a honrarlos, a darles precedencia, convencidos de que son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

8. Aquí se comprende la gran distancia que hay entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza. Las palabras del Apóstol son una invitación a darle plenitud evangélica a la solidaridad con los miembros más débiles y menos capaces del cuerpo de Cristo: «Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). Siguiendo esta misma línea, así nos exhorta en la Carta a los Romanos: «Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde» (12,15-16). Esta es la vocación del discípulo de Cristo; el ideal al que aspirar con constancia es asimilar cada vez más en nosotros los «sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5).

9. Una palabra de esperanza se convierte en el epílogo natural al que conduce la fe. Con frecuencia, son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39). Así escribía santa Teresa de Ávila en su Camino de perfección: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (2,5). En la medida en que sepamos discernir el verdadero bien, nos volveremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: en la medida en que se logra dar a la riqueza su sentido justo y verdadero, crecemos en humanidad y nos hacemos capaces de compartir.

10. Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos unos a otros, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega.

 

Francisco

 

 

Mensaje del Santo Padre al Foro Social Mundial de las Migraciones

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco la invitación extendida por los organizadores del Foro Social Mundial de las Migraciones, a dirigirles algunas palabras de aliento al comienzo de las sesiones de trabajo.

El programa de acción de la octava edición del foro Social Mundial de las Migraciones recuerda el mandato del profeta Jeremías, enviado por Dios «para extirpar y arrasar, para destruir y derrocar, para reconstruir y plantar» (Jr 1,10). Como en el tiempo del profeta, hoy hay maldades que extirpar, injusticias que arrasar, discriminaciones que destruir, privilegios que derrocar, dignidades que reconstruir y valores que plantar.

La transformación positiva de nuestras sociedades comienza por el rechazo de todas las injusticias, que hoy buscan su justificación en la “cultura del descarte” —una enfermedad “pandémica” del mundo contemporáneo—. Esta oposición se pone como una primera actuación de justicia, sobre todo cuando ella logra dar voz a los “sin voces”. Y entre estos últimos están los migrantes, los refugiados y los desplazados, que son ignorados, explotados, violados y abusados en el silencio culpable de muchos.

Sin embargo, la acción transformadora no se limita a denunciar las injusticias. Es necesario identificar pautas de solución concretas y viables, aclarando roles y responsabilidades de todos los actores. En el ámbito migratorio (migrar), la transformación (transformar) se alimenta de la resiliencia (resistir) de los migrantes, refugiados y desplazados, y aprovecha sus capacidades y aspiraciones para la construcción (construir) de «sociedades inclusivas, justas y solidarias, capaces de restituir dignidad a aquellos que viven con gran incertidumbre y que no logran soñar con un mundo mejor» (Mensaje al Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial, 23-26 enero 2018).

Este foro se propone abordar siete ejes temáticos directamente relacionados con las migraciones contemporáneas: derechos humanos, fronteras, incidencia política, capitalismo, género, cambio climático y dinámicas transnacionales. Se trata de temas muy importantes, que merecen una reflexión atenta y compartida entre todos los actores, una reflexión que busca la integración de las distintas perspectivas, reconociendo la complejidad del fenómeno migratorio.

Y es precisamente a raíz de esta complejidad que desde hace un par de años la comunidad internacional se ha comprometido en el desarrollo de dos procesos de consultaciones y negociaciones, que tienen como objetivo la adopción de dos pactos mundiales, uno para una migración segura, ordenada y regular, y otro sobre refugiados. Como contribución a estos procesos, la Sección Migrantes y Refugiados, bajo mi dirección, ha preparado un documento, titulado 20 puntos de Acción para los Pactos Mundiales, que aboga por una serie de medidas eficaces y acreditadas que, en su conjunto, constituyen una respuesta coherente a los retos que se plantean en la actualidad. Los 20 Puntos se articulan en torno a cuatro verbos —acoger, proteger, promover e integrar— que sintetizan la respuesta a los «desafíos planteados a la comunidad política, a la sociedad civil y a la Iglesia» (Discurso a los participantes del Foro Internacional sobre “Migraciones y Paz”, 21 febrero 2017) por el fenómeno migratorio hoy.

Muchos de los principios declarados y de las medidas sugeridas en los 20 Puntos de Acción coinciden con las declaraciones que organizaciones de la sociedad civil han suscrito con el deseo de contribuir al proceso iniciado por las Naciones Unidas en vista de los Pactos Mundiales. Asimismo, son notables las coincidencias de principios y medidas entre los 20 Puntos y los textos finales de los mismos Pactos.

Más allá de sus limitaciones, que la Santa Sede no ha dejado de señalar, y de su naturaleza no vinculante, los Pactos Mundiales constituyen «un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2018, 13 noviembre 2017). Como para cualquier acción de alcance global, la implementación de las recomendaciones y sugerencias contenidas en los Pactos Mundiales requiere la coordinación de «los esfuerzos de todos los actores, entre los cuales, pueden estar seguros, estará siempre la Iglesia» (Discurso a los participantes del Foro Internacional sobre “Migraciones y Paz”, 21 febrero 2017). Para ello, espero poder contar con la colaboración de todos ustedes y de las organizaciones que ustedes representan en este foro.

La misma colaboración se requiere para mejorar los acuerdos bilaterales y multilaterales en el ámbito migratorio, y que sean siempre para mayor beneficio de todos: migrantes, refugiados, desplazados, sus familias, sus comunidades de origen y las sociedades que los acogen. Esto solo se podrá lograr en un diálogo transparente, sincero y constructivo entre todos los actores, en el respeto de los roles y responsabilidades de cada uno.

Quiero aprovechar esta ocasión para animar a las organizaciones de la sociedad civil y a los movimientos populares a colaborar en la difusión masiva de aquellos puntos de los Pactos Globales que apuntan a la promoción humana integral de los migrantes y refugiados —como también de las comunidades que los acogen—, evidenciando las buenas iniciativas propuestas. Las mismas organizaciones y movimientos están invitadas a comprometerse para promover una repartición de responsabilidades más equitativa en la asistencia de los solicitantes de asilo y refugiados. Asimismo, es determinante su actuación para identificar con prontitud las víctimas de la trata, realizando todos los esfuerzos necesarios para liberarlas y rehabilitarlas.

Por último, pido la intercesión de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, para que los cuide y sostenga con su ayuda maternal en sus actividades en favor de los migrantes, refugiados y desplazados. Dios bendiga vuestro trabajo en los próximos días.

Vaticano, 26 de octubre de 2018.

Francisco

 

 

 

El Video del Papa / Noviembre 2018

Paz. Tres letras que algunos usan como lo más normal y que otros hace años que no viven. Porque en muchos lugares del mundo no es una realidad: es sólo un deseo para miles de personas que sufren por su ausencia. Pensemos más que en esas tres letras , en lo que significan.

Recemos y trabajemos para conseguir la verdadera paz. “Todos queremos la paz. Y, más que nadie, los que sufren por su ausencia. Recordemos que Jesús también vivió en tiempos de violencia. Y Él nos enseñó que la verdadera paz está en el corazón humano. Podemos hablar con palabras espléndidas, hacer una gran conferencia, pero si en nuestro corazón no hay paz, no la habrá en el mundo. Practiquemos esta paz en lo pequeño, con el diálogo guiando las relaciones personales y sociales. Con cero violencia y 100 por ciento ternura, construyamos la paz evangélica que no excluye a nadie, sino que integra a todos, especialmente a los jóvenes y los niños. Recemos juntos para que el lenguaje del corazón y del diálogo prevalezca siempre sobre el lenguaje de las armas.”

 

 

Promulgación y entrada en vigor de los Estatutos del Consejo Operativo de Protección (COPNNAV)

Al clero y a los fieles laicos de la Diócesis de Matamoros:

En la solemnidad de todos los Santos, que nos anima a seguir el camino de la santidad a la que Dios nos llama (cf. Lv 11,45; 1 P 1,16; Ef 1,4), buscando hacer de nuestra Diócesis una Iglesia segura para todos a fin de responder mejor a la misión que el Señor nos ha confiado de anunciar el Evangelio (cf. Mc 16,15), después de un serio trabajo que ha estado inspirado en las orientaciones del Romano Pontífice, de la Sede Apostólica, de la Conferencia del Episcopado Mexicano y de las leyes de nuestro país, he considerado conveniente emitir el presente

DECRETO

mediante el cual apruebo y promulgo los Estatutos del Consejo Operativo de Protección a Niñas, Niños, Adolescentes y Adultos Vulnerables (COPNNAV). Determino que dichos Estatutos entren en vigor a partir del día 2 de diciembre de 2018, primer domingo de Adviento (cf. C.I.C., cc. 94 §3; 8 §2), y que sean conocidos por los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y fieles laicos de la Diócesis de Matamoros, para que los acepten y obren conforme a su espíritu, teniendo presente aquella exhortación de san Clemente Romano: “Procuremos hacernos dignos de la bendición divina y veamos cuales son los caminos que nos conducen a ella” (Epístola a los Corintios, 31-33).

Ponemos en manos de Dios Nuestro Señor estos Estatutos pidiendo la intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, de san José y de todos los santos, para que sean un instrumento que nos haga “caminar hacia una cultura del cuidado y protección” (Carta del Santo Padre Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, 1 de mayo de 2018).

Dado en la Sede Episcopal de Nuestra Señora del Refugio de pecadores, en H. Matamoros, Tamaulipas, el primer día del mes de noviembre de 2018, solemnidad de todos los Santos, Año jubilar diocesano.

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

Pbro. Lic. Juan Martín Tejeda Cavazos
Canciller

 

 

XXXI Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo (cf. Mc 12, 28-34)

Hace unos días recordamos de forma especial a nuestros difuntos. Así, de alguna manera pensamos en la muerte, frente a la cual hacemos todo lo posible por prolongar la vida ¿Por qué? Porque instintivamente sentimos que estamos hechos para vivir. Y así es; Dios nos creó para que viviéramos por siempre. Sin embargo, desconfiamos de él y pecamos, con lo que abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte.

Pero Dios no nos abandonó; se hizo uno de nosotros en Jesús para, amando hasta dar la vida, liberarnos del pecado, unirnos a sí mismo, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz, que consiste en amar.

¿Qué nos toca hacer para alcanzar esa vida? Seguir el camino del amor que él nos ha dado a través de sus mandamientos, como aconsejaba Moisés al pueblo[1]. Sin embargo, siendo varios estos mandamientos, puede surgirnos una inquietud: ¿Cuál es el más importante? Esa es la pregunta que el escriba dirige a Jesús.

Entonces, citando la Palabra de Dios, el libro del Deuteronomio, Jesús responde: “El primero es: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” ¡Sí! Lo primero que debemos hacer es abrirnos a Dios para que él pueda entrar en nosotros y llenarnos de su amor[2] ¿Cómo? Escuchando y haciendo vida su Palabra, recibiendo sus sacramentos y platicando con él en la oración.

Así, llenos de su amor, seremos capaces de amarlo a él y al prójimo, puesto que, como señala san Teofilacto: “el que ama a Dios ama sus obras” [3]. Esto es lo que Jesús recuerda cuando, citando nuevamente la Palabra de Dios, ahora el libro del Levítico, le dice al escriba: “el segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y concluye: “No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

De esta manera, como hace notar el Papa, al poner juntos estos dos mandamientos –el amor a Dios y el amor al prójimo–, Jesús revela que son inseparables; “son las dos caras de una misma medalla”[4].

¿Y qué es amar? Es comprender, actuar con justicia, ser paciente y servicial, echar la mano, perdonar y pedir perdón ¿Y quién es el prójimo al que debemos amar? La esposa, el esposo, los hijos, los papás, los hermanos, la suegra, la nuera, el yerno, las cuñadas, los amigos, los vecinos, los compañeros y cuantos encontremos por el camino de la vida, especialmente los más necesitados.

Quizá nos parezca difícil amar a algunos de esos prójimos, porque no faltan los que son pesados, los que se portan mal, los que no nos quieren, los que no queremos y los que parecen una carga. Pero, ¡animo! Jesús intercede siempre por nosotros ante Dios[5], que es nuestra fortaleza[6]. Fiados en su ayuda, pongamos todo de nuestra parte para amar a Dios con todo nuestro ser y todas nuestras fuerzas, y amar al prójimo como a nosotros mismos.

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Dt 6,2-6.
[2] Cf. Aclamación: Jn 14,23.
[3] Catena Aurea, 7228.
[4] Ángelus, Domingo 26 de octubre de 2014.
[5] Cf. 2ª Lectura: Hb 7, 23-28
[6] Cf. Sal 17.

 

 

Oración por el eterno descanso del Sr. José González

A todo el Pueblo de Dios de la Diócesis de Matamoros ¡Gracia y paz!

Por medio del presente comunicado, les informo que el Sr. José González Cervantes, papá del Padre Luis Alberto González Coronado, fue llamado a la Casa del Padre, a la edad de 81 años el día de hoy, 29 de octubre de 2018.

Va a ser velado en la Funeraria Gayosso (Boulevard Hidalgo en Reynosa) a partir de las 3:30 pm en la Sala A, y la misa de cuerpo presente será mañana 30 de octubre a las 12 de medio día en la Parroquia Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa, de Reynosa, Tam.

A mis hermanos sacerdotes les invito a que tengamos en cuenta esta intención en las eucaristías y juntos elevemos a Dios nuestra oración, para que el Dios del consuelo, fortalezca al Padre Luis Alberto y a la familia González Coronado en este momento de dolor y les dé el consuelo necesario.

 

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

H. Matamoros, Tam. a 29 de octubre de 2018

 

 

Memoria de los fieles difuntos – noviembre 2

Conmemoración de todos los fieles difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

Un poco de historia

La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.
Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.
Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.
A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. “No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos”.

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)

 

http://es.catholic.net/op/articulos/34652/cat/725/fieles-difuntos.html#modal

 

 

Fiesta de todos los santos – nov 1

El primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Para nosotros, como Iglesia, es una oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios. Celebremos este día con un corazón agradecido, porque Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor.

La Iglesia ha instituido la Fiesta de Todos los santos por las siguientes razones:

1.- Para alabar y agradecer al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos en la tierra y coronándolos de gloria en el cielo.
2.- Para honrar en este día aun a los Santos de que no se hace fiesta particular durante el año.
3.- Para procurarnos mayores gracias multiplicando los intercesores.
4.- Para reparar en este día las faltas que en el transcurso del año hayamos cometido en las fiestas particulares de los Santos.
5.- Para animarnos más a la virtud con los ejemplos de tantos Santos de toda edad, sexo y condición, y con la memoria de la recompensa que gozan en el cielo.

Ha de alentarnos a imitar a los Santos el considerar que ellos eran tan débiles como nosotros y sujetos a las mismas pasiones; que, fortalecidos con la divina gracia, se hicieron santos por los medios que también nosotros podemos emplear, y que por los méritos de Jesucristo se nos ha prometido la misma gloria que ellos gozan en el cielo.

Se celebra la fiesta de Todos los Santos con tanta solemnidad porque abraza todas las otras fiestas que en el año se celebran en honor de los Santos y es figura de la fiesta eterna de la gloria.

Para celebrar dignamente la fiesta de Todos los Santos:

1.- Alabar y glorificar al Señor por las mercedes que hizo a sus siervos y pedirle que asimismo nos las conceda a nosotros.
2.- Honrar a todos los Santos como a amigos de Dios e invocar con más confianza su protección.
3.- Proponer imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.

Es importante en este día tan importante para toda la Iglesia detenernos a pensar en todo el bien que Dios ha dado a la humanidad por medio de tantos hombres y mujeres que fieles a la voluntad de Dios, fieles a su amor fueron testigos del Reino del Señor. La cantidad de santos, santas y mártires que dejaron una huella tan profunda en su paso por esta tierra que ni el tiempo ni los cambios de generaciones han podido borrar. Y si decimos que es de todos los Santos es porque también celebramos a tantos Santos y Mártires que Dios a querido tener en el anonimato, y que nosotros no conocemos por su nombre pero sabemos por la fe que están dando gloria a Dios.

Celebremos con gozo este día, y pidámosle a Dios Nuestro Señor nos conceda disfrutar en esta tierra de la protección de sus santos y que un día nos conceda estar con ellos para glorificarlo en su eternidad. Que Santa María Reina de los santos nos conceda la alegría de servir con humildad a Dios esta tierra para verle y gozarle en la vida eterna.

 

P. Idar Hidalgo/catholic.net

 

 

XXX Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

¿Qué quieres que haga por ti? (cf. Mc 10, 46-52)

Bartimeo estaba ciego; no podía verse a sí mismo, ni a nadie, ni a nada. Por eso estaba sentado al borde del camino, viviendo de limosna. Eso es lo que hace el pecado: nos impide vernos a nosotros mismos, a los demás, al mundo y a Dios. Así nos deja atorados en la oscuridad del egoísmo, marginados de lo realmente valioso, resignados a vivir de la limosna de placeres y de cosas que no alcanzan para darle sentido a la vida.

Pero Bartimeo no se conformaba con vivir así. Comenta san Beda: “No hay nada que pueda desear el ciego con preferencia a la vista, puesto que tenga lo que tenga, no puede verlo” . Por eso, cuando escucha que Jesús pasa, le grita: “ten compasión de mí”. Y Jesús, aunque iba en un importante viaje hacia Jerusalén, se detuvo a atenderlo.

No se contentó con darle limosna, sino que, como señala el Papa, se implicó en su situación . Le pregunta qué quiere que haga por él. Así le demuestra que Dios se interesa por él. Ese Dios, creador de todas las cosas, que en Jesús se ha hecho uno de nosotros para sanarnos de la ceguera del pecado, unirnos a él, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz.

Entonces Bartimeo le dice con fe: “Maestro, que pueda ver”. Jesús, a quien el Padre constituyó sumo sacerdote para intervenir en favor nuestro , le responde: “tu fe te ha salvado”. Y al momento, Bartimeo recobró la vista y comenzó a seguirlo.

Dios es capaz de cambiar nuestra suerte . Él, que puede hacer resplandecer en nosotros la verdadera vida , viene a través de su Iglesia, por medio de su Palabra, sus sacramentos y la oración, y nos pregunta con amor: “Qué quieres que haga por ti”. Si con fe le pedimos: “Que pueda ver”, él hará que miremos todo con claridad para seguirle por el camino que conduce a la vida por siempre feliz.

¿Y cuál es ese camino? El propio Jesús, a quien debemos imitar aprendiendo a ver a los demás, interesarnos por ellos, escucharlos y saber qué anhelan y qué esperan de nosotros. Como a los discípulos, Jesús nos envía a llamar a la esposa, al esposo, a los hijos, a los hermanos, a los vecinos, a los compañeros y a los más necesitados, y animarlos a encontrarse con él. Porque como dice el Papa: “sólo el encuentro con Jesús da la fuerza para afrontar las situaciones más graves” .

No vaya a sucedernos que, demasiado ocupados en nuestras actividades, pasemos de largo ante las necesidades de la familia y de los demás. No vaya a sucedernos que no seamos capaces de dedicar un poquito de nuestro tiempo a preguntarles, como Jesús, “¿Qué quieres que haga por ti?”. Ni menos vaya a sucedernos que seamos de aquellos que se sienten incómodos ante las necesidades de los que nos rodean, y los ven sólo como una molestia.

Jesús no se desentendió de nosotros ni nos vio como una molestia ¡Al contrario! Nos amó tanto que fue capaz de entregar su vida para salvarnos y llevarnos a la vida por siempre feliz que se encuentra en Dios . Dejémosle que nos ayude a ver. Y si de momento parece que no pasa nada, sigámosle echando ganas como Bartimeo. Entonces el Señor nos sanará de nuestra ceguera para que ayudemos a muchos a salir de la oscuridad y a encontrarse con él, que hace grandes cosas por todos .

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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1. Catena Aurea, 7046.
2. Cf. Homilía en la Misa de clausura de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de octubre de 2015.
3. Cf. 2ª Lectura: Hb 5, 1-6.
4. Cf. Sal 125.
5. Cf. Aclamación: 2 Tim 1,10.
6. Homilía en la Misa de clausura de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de octubre de 2015.
7. Cf. 1ª Lectura: Jr 31, 7-9.
8. Cf. Sal 125.

 

 

Quinto Retiro de Sanación Interior en H. Matamoros

Del 9 al 11 de noviembre en las instalaciones del Colegio Don Bosco en H. Matamoros, Tamaulipas, se llevará a cabo el quinto retiro de sanación y liberación interior. Una oportunidad de reconciliarte contigo mismo, con Dios y con quien te rodea. Te esperamos!

 

 

XXIX Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

El hijo del hombre ha venido a servir (cf. Mc 10, 35-45)

Existe una tentación terrible, que provoca injusticias y conflictos, y que nos puede seducir a todos: el poder, que es querer estar por encima de los demás y servirnos de ellos. Y esta tentación no sólo acecha a los políticos, sino a todos, en casa, la escuela, el trabajo, la Iglesia y la convivenca social.

¿Acaso no muchos de los pleitos entre esposos, hijos, papás, hermanos, la suegra, la nuera, las cuñadas, en el noviazgo y con los amigos son provocados por luchas de poder? ¿Qué son las mentiras, los berrinches, los chantajes y los gritos, sino intentos de dominar a los otros? ¿Qué son el bullying, las trampas, los insultos, la corrupción y la violencia, sino formas de demostrar quién puede más?

Sí, la tentación de poder nos acecha a todos; incluso a la gente buena. Así lo vemos con dos de los discípulos cercanos a Jesús: Santiago y Juan, que, pensando que el Reino de Dios era el triunfo de un nuevo orden político y social, le pidieron un puesto importante. “Lo que en realidad pedían –comenta san Juan Crisóstomo– era la supremacía sobre los demás”[1].

Entonces Jesús, Dios creador de cuanto existe que se ha hecho uno de nosotros para liberarnos del pecado, unirnos a sí mismo, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz, les ayuda a comprender las cosas. Él, que ha sido probado en todo como nosotros, comprende nuestras luchas y nos echa la mano[2].

Así, a Santiago, a Juan, a los demás Apóstoles y a nosotros nos enseña qué es la vida, dándonos ejemplo. Nos hace ver que, como anunciaba el profeta Isaías, él ha venido a realizarse sirviéndonos hasta entregar su vida para llevarnos a Dios[3]. Si queremos realizarnos, llevar a Dios a nuestra familia y al mundo, y alcanzar la eternidad, debemos ser servidores como él.

Jesús nos invita a comprender que el verdadero poder, capaz de ponerle un límite al mal y hacer triunfar para siempre la verdad, el bien, el progreso y la vida, es el amor. Un amor que impulsa a servir a los demás, como Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

“Jesús –comenta el Papa– nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de servir”[4] ¡Démonos esa oportunidad! Así estaremos menos tensos y viviremos más tranquilos al no sentir necesidad de probarnos algo dominando a los que nos rodean. Buscando el bien de los otros ayudaremos a la familia, a los compañeros, a la Iglesia y a la sociedad, especialmente a los más necesitados, a tener una vida mejor ¡Esa es nuestra misión!

Quizá nos cueste trabajo ¡Ánimo! Acudamos a Dios para pedirle su ayuda a través de su Palabra, sus sacramentos y la oración, rogándole que la fuerza de su misericordia venga sobre nosotros[5]. Entonces veremos que él nos echa la mano para que le echemos la mano a los demás.

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Homiliae in Matthaeum, hom. 65, 2.
[2] Cf. 2ª Lectura: Hb 4, 14-16.
[3] Cf. 1ª Lectura: Is 53, 10-11 /o Is 60, 1-6.
[4] Homilía Santa Misa, XXIX Domingo Ordinario, 18 de octubre de 2015.
[5] Cf. Sal 32.