About admin

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el día de Nuestra Señora de Guadalupe

María se encaminó presurosa (cf. Lc 1, 39-48)

Isabel estaba viviendo momentos emocionantes, pero complicados, porque siendo ya mayor esperaba a su primer hijo ¿Y qué hizo María? Fue corriendo a ayudarla. En el siglo XVI los habitantes de lo que llegaría a ser México enfrentaban tiempos difíciles ¿Y qué hizo María? Corrió para auxiliarlos.

Así ha sido en nuestra vida ¿Verdad? Cuando más lo hemos necesitado, María ha corrido para echarnos la mano, repitiéndonos lo que dijo a san Juan Diego: “No te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”[1].

Sí, María, a quien Dios creo y eligió para ser Madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo, es sensible a lo que le sucede a los demás y corre para ayudar. Porque como dice san Ambrosio: “el amor no conoce de lentitudes”[2]

¡Esa es nuestra Mamá! La Mamá que Jesús nos ha regalado. La Mamá que nos ama y nos cuida. Por eso venimos a darle gracias y a pedirle que siga echándonos la mano, con la confianza de que seguirá dándonos lo mejor que tiene: a Jesús, el único que puede liberarnos del pecado, unirnos a Dios y hacer nuestra vida eternamente feliz[3].

Jesús, Dios hecho uno de nosotros para salvarnos, nos abraza a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración, y nos llena de su Espíritu para que, como él y como la Virgencita, amemos y corramos a servir a los que nos rodean, empezando por casa. 

¡Hay tanta necesidad! La esposa, el esposo, los hijos, los papás, los hermanos, la suegra, la nuera, los vecinos, los empleados, los compañeros de escuela o de trabajo, los niños, los adolescentes, los jóvenes, los viejitos, los enfermos, los pobres, los abandonados, los adictos, los presos, las víctimas de la violencia, los desaparecidos, los migrantes, ¡necesitan tanto de nosotros!

Necesitan que estemos abiertos a Dios y a ellos. Que veamos lo que les pasa y que los ayudemos a tener una vida digna, a sentirse queridos, a realizarse, a progresar, a encontrar a Dios, a ser felices[4]. Por eso, como dice el Papa, nuestra Madrecita de Guadalupe nos pide: “ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos” [5].

Somos hijos de Dios y herederos de su vida eternamente feliz[6]. Vivamos esta grandeza. Amemos, como nuestro Padre Dios, que es amor. Y, como María, por amor, seamos buenos y corramos a hacer el bien.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

_______________________________

[1] VALERIANO Antonio, Nican Mopohua, traducción del náhuatl al castellano del P. Mario Rojas Sánchez, Ed. Fundación La Peregrinación, México 1998.
[2] Catena Aurea, 9139.
[3]  Cf. Is 7, 10-14.
[4] Cf. Sal 66
[5] Santa Misa en la Basílica de Guadalupe, 13 de febrero de 2016.
[6] Cf. 2ª  Lectura: Gál 4,4-7.

 

 

Comunicado sobre el uso de pólvora y cohetones en nuestra Diócesis

Comunicado No. 14/2019
Asunto: Sobre el uso de pólvora y cohetones
H. Matamoros, Tam., a 2 de diciembre de 2019
Año de preparar el terreno.

 

A los sacerdotes y fieles de la Diócesis de Matamoros:

Consciente de que el Señor nos pide cuidarnos unos a otros (cf. Gál 6, 2), lo que ha motivado la creación del Programa “Iglesia segura” y del “Consejo Operativo para la Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y Adultos Vulnerables”, y considerando la tragedia que hemos vivido el día de ayer en nuestra Diócesis durante una procesión en la que se usaron cohetones sin autorización de la Curia Diocesana, experiencia dolorosa que también han sufrido diversas comunidades en algunas diócesis de la República Mexicana, notifico a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos que queda totalmente prohibido el uso de pólvora y cohetones, que, además de afectar el medioambiente, ponen en riesgo la salud y la vida de las personas. Así mismo, les recuerdo que, cuando se organicen procesiones, hay que informar a las autoridades y a Protección Civil, y observar puntualmente las leyes y normas en esta materia, a fin de garantizar la seguridad de todos.

Ruego al Señor que, por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, nos conceda el don del discernimiento y la gracia de la prudencia para observar esta disposición.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Segundo Domingo de Adviento, Ciclo A

Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos (cf. Mt 3, 1-12)

Todos queremos estar en paz ¿Verdad? En paz con nosotros mismos y con los demás. Y eso es lo que Dios quiere para nosotros.

Por eso, a pesar de que le fallamos y pecamos, con lo que abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte, él prometió que enviaría a alguien que nos trajera la paz[1].

Y ese alguien es Jesús, que, haciéndose uno de nosotros y amando hasta dar la vida, nos ha defendido del pecado, nos ha  dado su Espíritu y nos ha hecho hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz[2].

Lo único que necesitamos es recibirlo. Y para ayudarnos, Dios envía al Bautista que, invitándonos a preparar el camino a Jesús, que viene a nosotros para unirnos a Dios y darnos su paz y su vida, nos dice: “Conviértanse”.

No vaya a ser que, por estar bautizados y formar parte de la familia de Dios, pensemos que ya no hace falta más ¡Cuidado! Porque así le ponemos obstáculos a Jesús, corriendo el riesgo de que, al impedirle que venga a salvarnos, terminemos encerrados para siempre en el laberinto sin salida del amor reusado.

Por eso debemos revisar cómo estamos llevando nuestra vida, para no ponerle obstáculos a Jesús ¿Qué obstáculos? Inventarnos nuestra propia verdad, utilizar a los demás, ser indiferentes a sus necesidades y sufrimientos, ser esclavos del dinero, de la moda y de las cosas, ser flojos, envidiosos, corruptos, chismosos, rencorosos y violentos.

Y quizá uno de los obstáculos más grandes sea pensar que, aunque nos portemos mal, al final Dios nos va a salvar, porque es tan bueno que no puede condenar a nadie al infierno. Efectivamente, Dios es bueno. Y porque es bueno, no puede convertir la injusticia en derecho[3]. Por eso dará a cada uno lo que con sus obras haya elegido.

De ahí la importancia del llamado de Juan: “Conviértanse”, es decir “cambien”, “mejoren”. Hay que ser honestos y convertirnos. “El que no se arrepiente de su vida pasada –dice san Agustín–, no puede emprender otra nueva”[4]. Se trata, como dice el Papa, de ir un paso adelante cada día[5].

Para eso dejemos que Dios nos ayude fortaleciéndonos con su Palabra, sus sacramentos y la oración. Así tendremos el auxilio de su amor para vivir en armonía en casa, el barrio, la escuela, el trabajo, la escuela y el mundo[6], siendo comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, perdonando y pidiendo perdón.

¡Por favor! Mejoremos. Seamos honestos, reconozcamos nuestros errores y cambiemos lo que debamos corregir. Quitemos los obstáculos y dejemos que Jesús venga a nuestra vida, a nuestra familia y a nuestra sociedad. Sólo él puede darnos la paz verdadera que dura para siempre.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

______________________________________

[1] Cf. 1ª. Lectura: Is 11,1-10.
[2] Cf. Sal 72.
[3] Cf. Spe salvi, 44.
[4] Catena Aurea, 3301.
[5] Cf. Ángelus 4 de diciembre de 2016.
[6] Cf. 2ª. Lectura: Rm 15, 4-9.

 

 

Peregrinos accidentados en H. Matamoros, Tamaulipas.

H. Matamoros, Tam.,
diciembre 1 de 2019.
Comunicado 01/12/2019

 

Con profunda pena informamos, que peregrinos de la Parroquia Santísima Trinidad en Matamoros, Tamaulipas, resultaron heridos, presuntamente al estallar accidentalmente los cohetes de pólvora, que se llevaban en la caja de una camioneta tipo pick up, en la Avenida Pedro Cárdenas, alrededor de la una de la tarde de este domingo 1 de diciembre.

La Parroquia se ubica en el Ejido 20 de noviembre de esta ciudad. Los heridos fueron trasladados a hospitales para su inmediata atención. Estaremos atentos a las investigaciones con las autoridades correspondientes.

Elevamos nuestra oración e imploramos la intercesión de la Virgen de Guadalupe, pidiendo a Dios por la pronta y satisfactoria recuperación de los heridos y para que conceda fortaleza a sus familias.

 

Comunicación Social
Diócesis de Matamoros

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Primer Domingo de Adviento, Ciclo A

Velen y estén preparados (cf. Mt 24,37-44)

Comenzamos un tiempo especial de preparación a la Navidad, en la que celebraremos una vez más lo mucho que Dios nos ama, ya que, a pesar de que le fallamos, se hizo uno de nosotros en Jesús para rescatarnos del pecado y unirnos a él, en quien seremos por siempre felices.

¡Ese es el deseo más grande que tenemos! ¿Verdad? Ser felices por siempre. Y Dios, que nos ha creado, nos ha salvado para que podamos serlo. Lo único que nos toca es aceptar su invitación a seguir el camino que ha hecho para nosotros[1], y que nos lleva hasta su casa[2].

Sin embargo, a veces nos distraemos y nos desorientamos hasta salirnos del camino. Y el problema es que así podemos terminar perdiéndonos para siempre en el laberinto sin salida del amor reusado.

Por eso Jesús aconseja estar atentos ¿Cómo? Lo dice san Pablo: dejando las obras de las tinieblas y portando las armas de la luz[3] ¿Y cuáles son esas armas? La verdad, la comprensión, la justicia, la solidaridad, la paciencia, el bien y el perdón. En una palabra: el amor.

“Somos viandantes –decía san Agustín–… ¿…qué es andar? Avanzar siempre… Si te complaces en lo que eres, ya te has detenido… Y si te dices: «Ya basta», estás perdido… avanza siempre… no quieras desviarte… Más seguro anda el cojo en el camino que el corredor fuera de él” [4].

Quizá estemos fuera del camino. Quizá nos hayamos alejado de Dios, de nosotros mismos, de la familia y de los demás. Quizá nos hemos desviado y hayamos entrado en la oscura zona del egoísmo, de la envidia, del chisme, del rencor, del deseo de venganza, del sentirnos más que lo demás, de usar a los que nos rodean, de ser indiferentes a lo que les sucede. 

Pues aunque haya sido así, no debemos desesperar ni darnos por vencidos, porque Dios siempre está echándonos la mano para regresarnos al camino. Lo hace de muchas maneras; a través de su Palabra, de sus sacramentos de la oración, de las personas, de los acontecimientos.

Precisamente ahora lo está haciendo a través del Adviento ¡Aprovechemos esta gran oportunidad! Porque como dice Shakespeare: “Todo puede enmendarse”[5]. “Déjate transformar –aconseja el Papa–… El Señor la cumplirá (tu misión) también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que… estés siempre abierto a su acción”[6]. Que María, Refugio de los pecadores, nos ayude a estar atentos, teniendo siempre presente la meta y el camino.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

_________________________________________

[1]Cf. 1ª  Lectura: Is 2,1-5.
[2]Cf. Sal 121.
[3]Cf. 2ª Lectura: Rm 13,11-14.
[4] Serm. 169, 18.
[5] Hamlet, Ed. Porrúa, México, 2005, Acto III, Escena XXII, p. 47.
[6] Gaudete et exsultate, 24.

 

 

Objetivos y horarios de la Asamblea Diocesana de Pastoral

DIOCESIS DE MATAMOROS
AÑO DE PREPARAR EL TERRENO 2019-2020
ASAMBLEA DIOCESANA

SALON SAN JOSE DE LA UNM
H.
MATAMOROS, 28 y 29 DE NOVIEMBRE 2019 

 

OBJETIVO GENERAL

Iluminados por la Carta Pastoral “Hasta que Cristo sea formado en nosotros”, orar y dialogar juntos para discernir la manera concreta en la que Dios nos está pidiendo “preparar el terreno” poniendo al día todo lo que conforma nuestra Diócesis para que responda mejor a su naturaleza evangelizadora y misionera en la realidad actual.

OBJETIVOS ESPECIFICOS:

  1. Compartir y discernir los elementos esenciales de las líneas de trabajo que nos ofrece la Carta Pastoral “Hasta que Cristo sea formado en nosotros”.
  2. Compartir y discernir los resultados generales de las propuestas presentadas en las Asambleas Parroquiales de las 3 zonas pastorales.
  3. Compartir y discernir las propuestas de la Curia y de las Comisiones diocesanas de Pastoral.
   

 

 

Tiempos

PRIMER DIA: JUEVES 28 DE NOVIEMBRE 2019

 

Actividad

 

 

Responsables

08:00 – 09:00 Recepción de Inscripciones / Desayuno Vicaria de Pastoral
09:00 – 09:10 Bienvenida (presentación de Parroquias, Decanatos, Zonas) Pbro. José I. Charles Mtz.
09:10 – 10.15 EUCARISTÍA Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
10:15 – 10:30 Introducción al itinerario de la Asamblea Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
10:30 – 11:00 Visión panorámica del Plan Diocesano de Pastoral Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
11:00 – 11:45 Presentación de las Asambleas Parroquiales de las Tres Zonas Pastorales Vicarios Episcopales de Zona
11:45 – 12:00 Animación /Coffee break: Zonas Pastorales
12:00 12:10  ANGELUS Vida Consagrada
12:10 – 13:00 TEMA: “El discernimiento, don y tarea” Pbro. Eduardo González O.
13:00 – 14:00 Instrucciones, Bendición de alimentos, COMIDA Vicaria de Pastoral
14:00 – 14:15 Cantos/ Animación Ministerio de Música
14:15 – 15:30 Presentación de las Curias Vicaria de Pastoral/Curias
15:30 – 16:00 Grupos de trabajo para discernir las acciones comunes propuestas en las Asambleas Parroquiales de las Tres Zonas Pastorales Vicaria de Pastoral
  SEGUNDO DIA: VIERNES 29 DE NOVIEMBRE 2019  
08:00 – 09:00 Desayuno Zonas Pastorales
09:00 – 09:50 Hora Santa P. Alberto del Ángel
10:00 – 11:00 TEMA: “Construyendo una Iglesia segura” P. José Luis Cerra Luna
11:00 – 11:30 Coffee break: Zonas Pastorales
11:30 – 11:45 Presentación de la estructura de las Comisiones Diocesanas de Pastoral Vicario de Pastoral

Pbro. José I. Charles Mtz.

11:45 – 12:00 Ángelus-oración Mariana

 

Vida Consagrada
12:00 – 13:00 Presentación de las propuestas de las Comisiones diocesanas de Pastoral Coordinadores de cada Comisión, Dimensión y Departamento.
13:00 – 14:00 Instrucciones, Bendición de alimentos, COMIDA Zonas Pastorales
14:00 – 14:30 Reunión de grupos Vicaria de Pastoral
14:30 – 15:00 Economía Diocesana Pbro. Jorge Villanueva
15:00 – 16:00 Eucaristía Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
LUGAR: SALÓN SAN JOSÉ DE LA UNIVERSIDAD DEL NORESTE DE MÉXICO
Las inscripciones se entregarán en la entrada a los encargados de la Vicaría de Pastoral al inicio del evento, los gafetes cada Parroquia y cada representante laico o de un movimiento los elaborará conforme al formato enviado.

COMISIONES PARA EL EVENTO 

COMISIÓN RESPONSABLES
PREPARACIÓN PARA EL EVENTO  
1.      Preparación y arreglo del lugar (mesas y sillas) Vicaría de Pastoral                   
2.      Lona para ambientación del lugar Zonas Pastorales
3.      Colocación de lona Vicaría de Pastoral
4.      Recepción y acomodo Vicaría de Pastoral
5.      Salón, Sonido, proyector y pantallas Economía Diocesana
LOGISTICA  
6.      Exposición de temas Vicaría de Pastoral
7.      Memoria  Vicaría de Pastoral
DESAYUNO, COFFEE BREAK (CON TODO LO NECESARIO PARA SERVIR LOS ALIMENTOS Y BEBIDAS)
8.      Desayuno, jueves y viernes Zonas Pastorales
9.      Coffee Break, Aguas y Refrescos jueves y viernes Zonas Pastorales
10.  Comida jueves y viernes Zonas Pastorales
SECRETARÍA  
11.  Secretaría y Materiales: papelería, plumones, etc. Vicaría de Pastoral y secretarios de grupos
LITURGIA        
12.  Responsable general: CEREMONIERO  
13.  Elementos Litúrgicos y servicio del altar Universidad del Noreste de México

Comisión de Pastoral Litúrgica

14.  Flores Zonas Pastorales
15.  Ministerio de Música Zonas Pastorales

 

Carta Convocatoria para la Asamblea Diocesana de Pastoral

Hermanas y hermanos

Con mucho amor y esperanza les invito a participar en la Asamblea Diocesana de Pastoral, donde juntos, a la luz de la Carta “Hasta de Cristo sea formado en nosotros”, vamos a orar y a dialogar para discernir la manera concreta en la que Dios nos está pidiendo “Preparar el Terreno”, poniendo al día todo lo que conforma nuestra Diócesis para que responda mejor a su naturaleza evangelizadora y misionera en la realidad actual.

La Asamblea se llevará acabo los días 28 y 29 de noviembre en el salón San José de la Universidad del Noreste de México, en H. Matamoros iniciando a las 8:00 a.m. a las 4:00 p.m.

Particularmente están convocados:

  1. Todos los presbíteros, diáconos transitorios y diáconos permanentes.
  2. Candidatos al diaconado permanente.
  3. Todos los miembros del Consejo Diocesano de Pastoral.
  4. El Equipo animador diocesano de la Vida Consagrada.
  5. Dos representantes de cada comisión, dimensión y departamento de pastoral diocesana (Profética, Litúrgica, Social, Vocaciones y Ministerios, Familia, Juventud, Laicos y Vida, Diálogo interreligioso y comunión, Comunicación y Solidaridad intraeclesial).
  6. EL Seminario Mayor de Matamoros (Instituto de Teología).
  7. El moderador y el secretario de cada Equipo Decanal de Pastoral (si se tiene conformado).
  8. Dos representantes del Consejo de Pastoral (o su equivalente) de cada parroquia, cuasiparroquia o rectoría.
  9. Dos representantes laicos de cada grupo, asociación o movimiento.
  10. El Equipo Diocesano de la Dimensión de Laicos.
  11. Dos laicos por cada unidad de la Universidad del Noreste de México a saber: Director de la Universidad de la UNM y el encargado de pastoral de cada unidad.
  12. Dos encargados laicos de cada colegio católico.

Contando con la intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, pongo desde ahora en manos del Señor nuestra Asamblea, pidiéndole que nos dé la luz y la fuerza para hacer en todo su voluntad.

 

+ Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para Solemnidad de Cristo Rey del Universo, ciclo C 2019

Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí (cf. Lc 23, 35-43)

“Los éxitos –decía el beato Anacleto González Flores, patrono de los laicos mexicanos–… seguirán siendo de los audaces…

Cristo es la audacia más alta que ha pasado y sigue pasando… la audacia de lo eterno” [1].

Así lo reconoció uno de los malhechores que estaba crucificado junto a él. Mirando que en la cruz y en un ambiente hostil, Jesús tenía la audacia de seguir confiando en Dios y amando a todos, comprendió quién era: Dios hecho uno de nosotros para salvarnos. Y consciente de que se acercaba el final y que por sus pecados no podía alcanzar la vida por siempre feliz, le dijo: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”.

Entonces Jesús, que en la cruz seguía adelante con la misión que el Padre, creador de todo, le ha confiado: salvarnos con el poder del amor, que, como dice el Papa, lo restaura todo[2], le concede más de lo que le pide, como hace notar san Ambrosio: “el ladrón sólo pedía que se acordase de él, pero el Señor le dice: hoy estarás conmigo en el paraíso[3].

¡Sí! Amando hasta el extremo Jesús nos libera del pecado y nos lleva a Dios[4], en quien somos felices por siempre[5]. Solo necesitamos reconocerlo y dejarnos conducir por él[6], a través de su Palabra, sus sacramentos y la oración. Así recibiremos su Espíritu para ser audaces y reinar con él, amando y haciendo el bien, en casa, la escuela, el trabajo, la comunidad, la Iglesia, la cultura, la política, la economía, el deporte y la vida en sociedad.

No nos dejemos influir por los que, anclados a las apariencias, lo desprecian creyendo que su Reino es pura ilusión, y apuestan a que cada uno vea solo por sí mismo, usando a los demás, con lo que, desertando de ser reyes se convierten en esclavos[7]; esclavos que, sometidos a la resignación de que las cosas sean como son, se destruyen a sí mismos y a los que les rodean plagando la existencia de egoísmo, soledad, mentira, injusticia, corrupción, pobreza, contaminación y violencia.

Asociémonos a la audacia de Cristo, como el beato Anacleto González, esposo fiel y padre ejemplar, empleado y profesionista responsable y honesto, ciudadano y laico coherente, comprometido y participativo, que, cuando la situación lo requirió, defendió con su vida el derecho a la libertad religiosa, venciendo así la tentación de ver solo por sí mismo, para contribuir al bien y la salvación de muchos.

“Esta –decía– es la hora de los grandes riesgos y de las grandes osadías” [8]. Es la hora de pasar de simples espectadores, quejosos y resignados, a audaces constructores de nosotros mismos, de nuestro matrimonio, de nuestra familia y de nuestro mundo, extendiendo, con Cristo y como Cristo, el Reino de Dios, que es el Reino del amor, que, haciéndonos comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales y capaces del perdón, hace triunfar para siempre la verdad, el bien, el progreso, la paz y la vida ¡A echarle ganas! Vale la pena.

 

+ Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

_________________________________________

[1] Tu Serás Rey, 2ª edición, Comité Central de la ACJM, México, 1950, pp. 15. 17.
[2] Cf. Homilía, Domingo 20 de noviembre de 2016.
[3] Catena Aurea, 11338.
[4] Cf. 2ª Lectura: Col 1,12-20.
[5] Cf. Sal 121.
[6] Cf. 1ª Lectura: 2 Sam 5,1-3.
[7] Cf. Tu Serás Rey, Op. Cit., p. 7.
[8] Ibid., p. 19.

 

Mons. Eugenio Lira envía Circular con motivo del Diezmo diocesano

Circular No. 15/2019
Asunto: Diezmo 2019-2020 / OCEAS
H. Matamoros, Tam., 14 de noviembre de 2019,
Año de preparar el terreno

 

Al clero y a los fieles de la Diócesis de Matamoros: 

 “Compartir para repartir”. Con este lema se llevará a cabo la colecta anual del DIEZMO, con el que podemos sacar adelante las tareas de evangelización, asistencia y servicio que nuestra Diócesis de Matamoros ofrece a muchas personas, y que estamos impulsando con mayor empeño ahora que hemos comenzado con la primera etapa del Plan Diocesano de Pastoral.

La colecta del DIEZMO se realizará en los templos el 1 de diciembre, por lo que la colecta que realiza el Seminario el primer fin de semana de mes se traslada al siguiente fin de semana.

Teniendo en cuenta que los Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos de cada parroquia apoyarán la promoción, organización y ejecución del DIEZMO, tanto en los templos como en los domicilios (cf. Estatutos, Art. 20, M), ellos y los párrocos o rectores podrán fijar otra fecha para el DIEZMO si lo consideran más oportuno.

Lo recabado en templos deberá ser depositado o entregado en la Economía diocesana antes del 14 de diciembre. La Colecta domiciliaria que se realiza en el mes de enero deberá ser depositada o entregada en la Economía diocesana antes del 15 de febrero a las siguientes cuentas:

  BBVA Afirme Afirme (dólares)
No. Cuenta 0150985872 117000532

117118975

Clabe 012818001509858725 062818001170005326 062818001171189759

Los sobres foliados participarán en el sorteo a nivel parroquial de un cuadro de Nuestra Señora del Refugio, el 14 de febrero de 2020 o en la fecha que cada párroco o rector, junto con su Consejo Parroquial de Asuntos Económicos considere oportuno, por lo que es importante informar a la gente que debe llenarlos con sus datos y regresarlos.

Por otra parte les informo que el importe del Seguro OCEAS 2020 por cada sacerdote es de $15,000.00, de los cuales $8,000.00 serán cubiertos a través del Oficio que desempeña, y $7,000.00 serán cubiertos de manera personal. Para los pensionados el total es de $10,000.00, de los cuales $5,000.00 se cubre por su Oficio y $5,000.00 de manera personal. Deberá ser pagado, en efectivo, en la Economía diocesana o con los respectivos decanos antes del 17 de diciembre. 

Pido al Señor que, por intercesión de Santa María, Refugio de pecadores, nos ayude a llevar a cabo la actividad del Diezmo para su gloria y para bien de nuestra Diócesis.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Mensaje al Pueblo de Dios de los Obispos en México

  “Hagan el bien, busquen la paz

(1Pe 3,11)

 Cuautitlán Izcalli, Edo. De México, 14 de noviembre de 2019

 

1.  Los obispos, reunidos en la 108ª Asamblea, nos unimos al sentir y al caminar del pueblo mexicano. Seguimos en oración por las situaciones que estamos viviendo y nos empeñamos por colaborar con nuestras mejores fuerzas a seguir apacentando el pueblo que el Señor nos ha confiado. Las palabras del Apóstol Pedro nos impulsan a forjar nuestro compromiso: “Apártense del mal, hagan el bien; busquen la paz, síganla” (1Pe 3,11).

2.   Como Iglesia, hemos trazado un Proyecto Global de Pastoral 2031-33 (PGP), y nos hemos comprometido en continuar promoviendo la dignidad de la persona humana en sus diversas etapas y circunstancias. Cuando no se reconoce y promueve la verdadera naturaleza y dignidad humana, podemos encaminarnos a una crisis humana, social y espiritual que pueda dividirnos y contraponernos los unos contra los otros en lugar de unirnos para buscar un mejor futuro en la consecución del bien común.

3.  Una de nuestras grandes preocupaciones es el respeto a la familia, por lo que representa para nuestra nación e Iglesia: es el lugar privilegiado para la educación y en donde se transmiten los primeros valores. De estos, debe destacar el valor de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Ambos dones, la familia y la vida humana, estamos dispuestos a promoverlos, cuidarlos y defenderlos cuando se vean atacados.

4.   Otro de nuestras preocupaciones es la escalada de la violencia en amplias regiones de nuestro México. Esa violencia ha provocado más pobreza, abandono e inseguridad. Nos parte el alma, constatar los múltiples asesinatos, secuestros y extorsiones, que permanecen impunes. Se debilita, así, el estado de derecho, y eso aumenta la corrupción y ahuyenta la paz. Solamente trabajando todos juntos podemos resolver estas situaciones: como Iglesia debemos fortalecer no solo el conocimiento de la doctrina, sino la vivencia de los valores cristianos, porque muchos de los que se dedican al crimen forman parte de nuestra comunidad; al estado debe velar por la seguridad de los ciudadanos, ofreciendo condiciones dignas, seguras y bien remuneradas a las fuerzas del orden; y a todos los ciudadanos nos corresponde cuidarnos los unos a los otros.

5.  El sistema económico ha aumentado la pobreza. Cada vez hay más pobres en México que no tienen lo básico para vivir dignamente. Esa situación es un caldo de cultivo para que adolescentes y jóvenes pobres se involucren en la delincuencia o puedan ser sujetos de todo tipo de manipulación: social, política o religiosa.

6.  La situación que vivimos como nación nos obliga a revisar nuestro camino, a buscar nuevas formas de compromiso que nos unan para conducir nuestro país a lo que queremos que sea. Es una oportunidad para sumar esfuerzos y construir un México unido y en paz. Al respecto, el papa Benedicto XVI nos previene: “A veces el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo […] Los sistemas económicos, sociales y políticos que han tiranizado la libertad de la persona y de los organismos sociales no han sido capaces de asegurar la justicia que prometían” (Charitas in Veritate, 34).

7.  Los retos y desafíos que tenemos ante nuestros ojos son grandes, pero la esperanza de encontrar caminos de reconciliación, de fraternidad y de crecimiento nos impulsan a seguir sirviendo a la nación con pasión. En el Acontecimiento Guadalupano descubrimos, que el odio y la división se vencen con la fe, el amor, el perdón y la paz. Crezcamos en la esperanza, pues, ella nos capacita para afrontar nuestro presente con ilusión, aunque el presente sea complicado y fatigoso.

8.  Los obispos mexicanos invitamos a hombres y mujeres de buena voluntad, a las instituciones de México y, especialmente, a todos católicos a construir una paz firme y verdadera. Necesitamos sanear la vida social. No hay paz sin verdadero desarrollo y sin justicia. El mensaje del Evangelio es de verdadera libertad, fraternidad, solidaridad y reconciliación. ¡No dejemos que el mal venza! ¡Venzamos el mal a fuerza de bien! ¡Trabajemos todos juntos y organizados por la paz y la vida!

9.   Que el beato Anacleto González Flores, patrono de los laicos, nos impulse a orar por el país y a trabajar por la paz. Que Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, con su ternura materna, nos enseñe a caminar hacia la unidad, como pueblo mexicano.

 

Toluca se convierte en la décimo novena arquidiócesis de México

Este lunes 18 de noviembre, por mandato del papa Francisco, la Diócesis de Toluca ha sido elevada a la dignidad de arquidiócesis –la décimo novena en México–, al tiempo que ha tomado posesión su primer arzobispo, Javier Chavolla Ramos, y se ha creado la provincia eclesiástica de Toluca.

La celebración, que contó con la participación del nuncio apostólico en México, Franco Coppola, y unos 40 obispos del país, entre ellos los que conforman junto con Toluca la nueva provincia, fue presidida por el arzobispo de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes.

En su homilía, Aguiar Retes explicó la responsabilidad de un arzobispo: “Ante la necesidad de cuidar y mantener la comunión de las Iglesias con el Sucesor de Pedro, se hizo necesario que surgiera la figura de un arzobispo, quien recibe la encomienda del Papa, de velar y acompañar en su nombre, la comunión eclesial en un determinado número de Diócesis vecinas, llamadas sufragáneas”.

La Provincia Eclesiástica de Toluca está conformada por la Arquidiócesis de Toluca como metropolitana, y las de Cuernavaca, de Ramón Castro Castro; Atlacomulco, de Juan Odilón Martínez, y Tenancingo, de Raúl Gómez González, como sufragáneas.

Anteriormente, estas cuatro Iglesias particulares formaban parte de la Provincia de México; sin embargo, con la reciente creación de tres nuevas diócesis en la capital del país, se creó una nueva provincia de México, y las que eran sus sufragáneas conformaron la Provincia de Toluca.

Promover la comunión

Durante la celebración, en la que participó el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza y su esposa, así como otras autoridades civiles, se dio a conocer que el nuevo arzobispo de Toluca, Chavolla Ramos, recibirá el palio arzobispal el próximo 29 de junio, como signo de esta nueva encomienda que ha recibido del Santo Padre.

“¿Cuál es la misión del Arzobispo y de los Obispos que integran una Provincia Eclesiástica? El Arzobispo al recibir la encomienda de cuidar y promover la comunión de las Diócesis que integran su Provincia Eclesiástica, favorece que el agua que mana de estas Iglesias, se encuentren y se conviertan en un torrente de vida, en un manantial de agua que mana hasta la vida eterna”, insistió el cardenal Carlos Aguiar Retes.

Una Iglesia para servir

Por su parte, Chavolla Ramos agradeció al papa Francisco el haber creado la nueva Provincia Eclesiástica de Toluca, así como al cardenal Carlos Aguiar Retes “por el gran apoyo incondicional” a lo largo de todo este proceso de creación.

De manera especial, agradeció al pueblo de Dios que peregrina en esa Iglesia particular: “Toluca, veo que estás feliz por este regalo que Dios y el Papa te han dado, pero también tenemos un compromiso de ser testigos fieles de Jesús. Saber servir con amor y entrega a nuestras hermanas Iglesias de la provincia”.

El nuevo arzobispo llamó a los fieles a ser ejemplo de amor y de servicio a Cristo y a la Iglesia; “Alégrate, Toluca, y dale gracias a Dios por este regalo que te ha dado, pero también por el llamado que te ha hecho a ser servidor de su presencia en medio de nuestros hermanos. Dios los bendiga todos”.

 

Miroslava López/vidanuevadigital.com

 

 

Diezmo diocesano 2019: “Compartir para repartir”

Hoy más que nunca tu #Diezmo diocesano será de gran #ayuda para seguir evangelizando nuestra región, a favor de quienes lo necesitan. Domingo 01 DICIEMBRE en todas las #parroquias.

 En todas las Parroquias, Cuasiparroquias y Rectorías

A lo largo de la historia de la Iglesia, el Diezmo ha fungido como uno de los grandes apoyos por los cuales el Pueblo de Dios ayuda en el sostenimiento de la misma Iglesia en todas sus obras por el bien de las comunidades.

El Diezmo, por tanto, es una ofrenda que cada uno de nosotros damos a la Iglesia como expresión de nuestro compromiso y responsabilidad para continuar apoyando los procesos de evangelización, para los sacerdotes jubilados y enfermos, así como apoyar las necesidades sociales apremiantes.

Agradecemos inmensamente su generosidad en las pasadas colectas del Diezmo. Muchas gracias por su invaluable apoyo.

¿Qué es el Diezmo Diocesano?
Es la ofrenda anual para impulsar las obras de la Iglesia y quinto mandamiento de la Iglesia

¿Cuánto debemos aportar?
Por lo menos 1 día de ingresos al año (para las personas que tienen un trabajo)

Con tu aporte:

  • Ayudarás a la propagación del Evangelio en la Diócesis
  • Al trabajo común entre las Parroquias
  • A la formación en la Iglesia
  • Al apoyo de las acciones sociales

¿Dónde entregar el Diezmo?

  • En tu Parroquia o Rectoría.
  • En las oficinas de la Economía diocesana

(Calle 4 #37 entre Morelos y González, Zona Centro,  H. Matamoros, Tam., C.P. 87300)
Teléfono: (868) 812-4318 H. Matamoros, Tamaulipas.

 

 

 

 

XXXIII Domingo Ordinario, ciclo C (2019)

Si perseveran con paciencia, salvarán sus almas (cf. Lc 21,5-19)

La gente admiraba la solidez y la belleza del templo. Y esto estaba bien, porque era realmente hermoso. Pero para que no se quedaran solo en eso, en lo material y pasajero, Jesús les invita a ver más allá, anunciando que de toda esa grandeza no quedaría nada. Y así sucedió; ese magnífico templo fue destruido por las tropas romanas en el año 70.

Y es que nada en este mundo dura para siempre; ni la juventud, ni la belleza, ni el placer, ni el dinero, ni el éxito, ni el poder. Tampoco son para siempre las enfermedades, las penas, los fracasos y los problemas. Todo se pasa. Todo se termina. Por eso san Gregorio dice que sería insensato el viajero que, dejándose deslumbrar por el paisaje, se olvidara del término de su camino[1].

Sí, somos viajeros. Y hay que avanzar teniendo delante la meta: el encuentro con Dios, en quien seremos felices por siempre. Así, fijando la mirada en la meta, podremos seguir adelante, sin dejarnos enganchar por las seducciones y las penas del mundo. Es lo que Jesús enseña cuando nos invita a perseverar para salvar nuestras almas, confiando en que él nos echará la mano.

Con su ayuda, como dice el Papa, superamos el terror y la desorientación que nos provocan las guerras, la violencia y las calamidades, sabiendo que Dios nunca nos abandona[2]. Él está siempre con nosotros, incluso cuando enfrentamos la peor de las batallas: la lucha contra nuestras malas pasiones. Porque como dice san Ambrosio: “son más terribles los enemigos de dentro que los de fuera”[3].

Aunque parezca que el mal gana la batalla en nuestra vida, en casa y en el mundo, un día Jesús volverá para poner orden[4]; derrotará definitivamente al mal y la muerte, y hará triunfar para siempre el bien y la vida[5] ¡Esa es la esperanza que nos anima a no ser una carga para los demás y a trabajar para construir una familia y un mundo mejor[6]!

No seamos una carga para nosotros mismos, abandonándonos al egoísmo, al pecado y al desánimo. No seamos una carga para la familia, negándonos a comprender, a convivir y a perdonar. No seamos una carga para los que nos rodean, renunciando a respetarlos y a ser justos y solidarios. No seamos una carga para este mundo al no interesarnos por nadie y al no cuidar el medioambiente.

¡Trabajemos! Echémosle ganas a nuestra vida, a nuestra familia, a nuestros ambientes de vecinos, de escuela, de trabajo, de Iglesia, a nuestra sociedad y a nuestra tierra. Que nada nos distraiga. Permanezcamos atentos[7], con la ayuda de la Palabra de Dios, de sus sacramentos, de la oración y haciendo todo el bien que podamos. Así alcanzaremos la meta que no se acaba.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

__________________________________

[1] Cf. Sobre los evangelios, homilía 14, 6.
[2] Cf. Ángelus, 13 de noviembre de 2016.
[3] Catena Aurea, 11109.
[4] Cf. Sal 97.
[5] Cf. 1ª Lectura: Mal 3,19-20.
[6] Cf. 2ª Lectura: 2 Tes 3,7-12.
[7] Aclamación: Lc 21,28.

 

 

XXXII Domingo Ordinario, ciclo C (2019)

Dios es Dios de vivos (cf. Lc 20, 27-38)

Dos bebés conversaban en el vientre de su mamá. “¿Crees en la vida después del parto?”, pregunta uno. “Claro –contesta el otro–. Tiene que haber algo. Creo que estamos aquí preparándonos para lo que vendrá”. “No hay vida después del parto –responde el primero– ¿Cómo sería?”. “Pienso –dice el otro– que habrá más luz, que podremos caminar y que tendremos otros sentidos que ahora no podemos entender”. “Eso es absurdo –responde el primero–. Caminar es imposible. El cordón umbilical que nos nutre es demasiado corto. Además, si hubiera vida después del parto, ¿por qué nadie ha regresado de allá?”. “No lo sé –responde el otro– pero creo que existe y que nos encontraremos con Mamá”. “¿Mamá? –exclama el primero– ¿Realmente crees en Mamá? ¿Dónde está? Yo no la veo. Mamá no existe”. “Estamos en ella –responde el otro. Sin ella no podríamos vivir. Y si guardas silencio y te concentras, percibirás su presencia y escucharás su voz amorosa allá arriba”.

Esta historia nos ayuda a entender el Evangelio de hoy. Porque muchas veces pensamos que solo es real lo que podemos ver, oír, gustar, oler y tocar. Pero eso termina encasillándonos en lo inmediato. Porque si no hay nada más allá, si no hay una meta, entonces podemos tomar cualquier camino, aunque no lleve a ningún lado y termine perdiéndonos en un laberinto sin salida.

Si no hay algo después de esta vida, ¿para qué limitarse pensando en los demás? ¿Para qué ser fiel al matrimonio? ¿Para qué preocuparse por los hijos asumiendo el papel de papá o mamá, si es más fácil ser sólo “cuates”? ¿Para qué dedicarle tiempo a los papás y a la familia, si hay cosas más divertidas? ¿Para qué ser justo, solidario y caritativo, si es más ventajoso usar a la gente?

Pero hoy Jesús, Dios que se ha hecho uno de nosotros, nos hace ver que el Padre nos ha creado para la vida y que, por eso, después de que nos autocondenamos a la muerte a causa del pecado que cometimos, lo envió a rescatarnos y unirnos a él para hacernos hijos suyos[1], partícipes de su vida por siempre feliz, en la unidad de cuerpo y alma.

¡Esta es la meta! No es una ilusión, sino un regalo que Dios nos ofrece. Creerlo nos consuela en las penas, nos anima en las dificultades, nos da esperanza en los quehaceres de cada día, y nos dispone a toda clase de obras buenas[2]. Porque si hay meta, hay camino. Y ese camino es Jesús. Lo único que necesitamos es ser fieles a Dios y vivir como enseña: amando y haciendo el bien[3].

Hagámoslo, como aquella familia que estuvo dispuesta a morir antes que traicionar a Dios, confiando en que él los resucitaría[4]. Entendieron que después de esta vida limitada y transitoria, nos aguarda una vida tan maravillosa, que vale la pena darlo todo para alcanzarla. Una vida tan increíble, que Jesús nos hace ver que ninguna categoría terrena se le puede aplicar, como señala el Papa[5]. “Gozaremos –dice san Beda– de la presencia constante de Dios” [6].

Escuchemos a Jesús, que es la Palabra de Dios. Creamos en lo que nos dice y vivamos como enseña. Fijemos la mirada en la meta, ¡la resurrección y la eternidad!, y no permitamos que nada nos desvíe del camino. Así alcanzaremos aquella vida que va más allá de todo lo que podemos imaginar ¡Vale la pena!

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

_____________________________

[1] Cf. Aclamación: Ap 1,5.6.
[2] Cf. 2ª Lectura: 2 Tes 2,16-3,5
[3] Cf. Sal 16.
[4] Cf. 1ª Lectura: 2 M 7, 1-2. 9-14.
[5] Cf. Ángelus 6 de noviembre de 2016
[6] Catena Aurea, 11027.

 

III Jornada Mundial de los Pobres

El domingo 17 de noviembre de 2019 celebrará la Iglesia la tercera Jornada Mundial de los Pobres.

«La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Así inicia el mensaje del Papa Francisco: “ Las palabras del salmo se presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.

Desarrolla el mensaje profundizando el texto bíblico del salmo 9, subrayando las nuevas esclavitudes: “Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. ¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?”

Y en los párrafos finales, exhorta sobre el compromiso como Iglesia para con nuestros hermanos: “La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha» es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas”.

Este día nuestra oración y apoyo a las acciones solidarias para con los más pobres.

 

Leer texto completo AQUI.

 

XXXI Domingo Ordinario, ciclo C (2019)

Hoy tengo que hospedarme en tu casa (cf. Lc 19,1-10)

A Zaqueo le iba bien; era jefe de los recaudadores de los impuestos que los judíos debían pagar al Imperio romano que los dominaba. Esto le daba la oportunidad de ganar mucho dinero. Y también le daba poder, del que seguramente se aprovechó para enriquecerse aún más. Pero no se sentía satisfecho. Por eso, cuando Jesús llegó a su ciudad, esperando que en él podría encontrar lo que buscaba, trató de conocerlo, superando muchos obstáculos, físicos, emocionales, sociales y espirituales.

Pero si reflexionamos, nos daremos cuenta que en realidad la iniciativa, más que de Zaqueo, fue de Dios, que es misericordioso[1]. Porque fue Dios, que nos ha creado y nos ama a todos[2], quien, al ver que perdimos el rumbo al pecar, se hizo uno de nosotros en Jesús para venir a nosotros y salvarnos[3]. Y fue precisamente Jesús quien viajó a Jericó y al mirar la disponibilidad de Zaqueo tomó la iniciativa de llamarlo y entrar en su vida para salvarlo.

Así es Dios. Siempre toma la iniciativa. Nos “primerea en el amor”, como dice el Papa[4]. Basta que vea en nosotros un poco de buena voluntad, y entra en nuestra vida para llenarla de su amor, que la hace plena y eterna. Lo hace a pesar de nuestras fallas, de nuestras caídas y de nuestra obstinación. Lo hace, aunque estemos muy mal. “Dios –comenta san Ambrosio– no rechaza a quienes ve, porque purifica a quienes mira”[5].

“Jesús –señala el Papa– va más allá de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro”[6]. Él sabe que lo que hicimos ya no lo podemos cambiar, pero que con su ayuda podemos llevar a término nuestros buenos propósitos y escribir una nueva historia[7].

No dejemos que los vicios, las personas, las ideologías o las modas nos impidan ver a Jesús. Superemos, como dice san Cirilo, esa confusión[8] ¡Así tendremos la alegría de recibir al Señor, que viene a nosotros a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración! Entonces, como Zaqueo, saldremos de la estrechez del egoísmo y se ensancharán nuestros horizontes. Porque como dice san Juan Pablo II, a la luz de Cristo nos damos cuenta de los demás y de sus necesidades, y de la justicia[9].

Ante Jesús, Zaqueo, de pie, es decir, liberado del egoísmo, tomó con dignidad esta gran decisión: que a partir de ahora daría y restituiría. Eso es importante. No basta decir: “ya cambié, ya mejoré”. Hay que demostrarlo siendo sensibles a los demás y echándoles la mano, compartiendo con los que necesitan y restituyendo a los que hemos defraudado. Porque como dice san Ambrosio: “no consiste el crimen en las riquezas, sino en no saber usar de ellas”[10].

Hay que saber compartir con los más necesitados los talentos y los bienes que hemos recibido. Hay que ayudarles a tener una vida digna, a realizarse, a encontrar a Dios, a ser felices. Y hay que saber restituirle a la familia, a los amigos, a los compañeros y a la gente con la que tratamos el tiempo, la comprensión, el respeto, el cariño, la justicia, la paciencia, el trato digno, la solidaridad, el testimonio y el perdón que les hemos defraudado. Entonces el Señor podrá decir de nosotros: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

 

+ Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

___________________________________

[1] Cf. Sal 144.
[2] Cf. 1ª. Lectura, Sb 11,22-12.2.
[3] Cf. Aclamación: Jn 3, 16.
[4] Cf. Evangelii gaudium, 24.
[5] De interpellatione David, IV, 6, 22: CSEL 32/2, 283-284.
[6] Misa de clausura de la JMJ, Cracovia, 1 de julio de 2016.
[7] Cf. 2ª Lectura: 2 Tes 1,11-2,2.
[8] Cf. Catena Aurea, 10901.
[9] Cf. Homilía en Elk, 8 de junio de 1999.
[10] Catena Aurea, 10901.

 

XXX Domingo Ordinario, ciclo C

Para los que se tienen por buenos y desprecian a los demás (cf. Lc 18,9-14)

Cuentan que un niño era tan soberbio, que le decía a su papá: “cuando sea grande quiero ser como tú… para tener un hijo como yo”. Y ya de adulto, tenía siete fotografías suyas con esta leyenda: “Las siete maravillas del mundo”. Hay gente que es así; solo se mira y admira a sí misma.

Como el Narciso de la mitología griega, que sintiéndose superior a todos no se interesaba por nadie, hasta que murió ahogado intentando abrazar su imagen reflejada en el agua. “Imprudente –escribe Ovidio– ¿por qué en vano unas apariencias fugaces alcanzar intentas?”[1].

Efectivamente, todos somos fugaces. No somos ni el principio, ni el centro, ni el fin del universo. Cuando no lo entendemos, nos encerramos en nosotros mismos creyéndonos lo único y no permitimos que nadie entre ¡Ni Dios! Eso fue lo que sucedió al fariseo de la parábola, quien, como dice el Papa, oraba a un espejo[2]. “No quiso rogar a Dios –comenta san Agustín–, sino ensalzarse a sí mismo… e insultar al que oraba”[3] . Y es que, para sentirse más grande, despreciaba a los demás, incluso al publicano que estaba orando.

Pero con esa actitud, el fariseo se cerró y no se dejó ayudar. Por eso Dios no pudo salvarlo. Esto puede sucedernos si nos creemos perfectos y merecedores de todo, y despreciamos a los demás, sintiendo que lo que va mal en casa, la escuela, el trabajo y la sociedad, es culpa de la esposa, del esposo, de los hijos, de los papás, de los hermanos, de la suegra, de la nuera, de los vecinos, de las cuñadas, de los compañeros, de los pobres, de los ricos, de los migrantes, de los políticos y hasta de Dios.

Y quizá nos justifiquemos sintiéndonos perfectos al no ser ladrones, injustos o adúlteros como otros, aunque le robemos a la pareja y a la familia el amor y el tiempo que deberíamos dedicarles; aunque con chismes y malos tratos le arrebatemos a los demás su honra y dignidad; aunque no paguemos ni cobremos lo justo, y seamos parte de la corrupción y la contaminación; aunque seamos indiferentes a los que nos necesitan; aunque seamos infieles a nuestros deberes ciudadanos y cristianos.

¡Cuidado! Porque si seguimos así, cerrados, no dejaremos que Dios entre en nosotros para ayudarnos, y terminaremos ahogados en la condenación eterna. Por eso Jesús, que ha venido a salvarnos[4], nos propone el ejemplo del publicano, que con humildad reconoció sus faltas y aceptando que necesitaba ayuda pidió perdón a Dios. Así se abrió. Su oración atravesó las nubes[5], y fue escuchada por el Señor, que lo salvó[6].

Por nuestro bien, seamos humildes. La humildad no es baja autoestima ni sentimiento de culpa. Es ver la realidad y ubicarnos. Como san Pablo, que reconoció que en los momentos más difíciles el Señor lo había ayudado, y miró el futuro con esperanza, confiando en que él lo sacaría adelante[7].

Veamos las cosas como son. Reconozcamos lo mucho que Dios nos ha dado. Reconozcamos nuestros aciertos y errores. Reconozcamos que necesitamos del Señor y pidamos su perdón y su ayuda, a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración. Y nunca despreciemos a los demás, sino tendámosles la mano, como Dios ha hecho, hace y hará con nosotros.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

________________________________________________

[1] Metamorfosis, Narciso y Eco, Libro Tercero. Biblioteca virtual “Miguel de Cervantes”, www.cervantesvirtual.com.
[2] Audiencia, 1 junio 2016.
[3] Cf. Citado en Catena Aurea, 10809.
[4] Cf. Aclamación: 2 Cor 5,19.
[5] Cf. 1ª Lectura: Sir 35,15-17. 20-22.
[6] Cf. Sal 33.
[7] Cf. 2ª Lectura: 2 Tim 4,6-8. 16-18.

 

XXIX Domingo Ordinario, ciclo C

Dios hará justicia a quienes claman a Él (cf. Lc 18,1-18)

Hay momentos en los que todo parece perdido; una enfermedad, una pena, un problema. Entonces, en medio del dolor y la desesperación, nos preguntamos: “¿De dónde me vendrá el auxilio?”

Y la respuesta es solo una: “el auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra[1]. “Cuando ya nadie me escucha –comenta Benedicto XVI–, Dios todavía me escucha… Él puede ayudarme… el que reza nunca está totalmente solo”[2].

¡Así es! El que reza nunca está solo. Por eso Jesús nos invita a orar, confiando en que Dios, que nos ha creado y nos ha salvado por amor, nos dará lo que en su bondad quiere concedernos, como dice san Juan Crisóstomo[3]. Santa Teresa de Jesús lo comprendió. Por eso decía: “…en este tempestuoso mar… ¿Quien me oye sino Tu, Padre y Criador mío?”[4]

Sin embargo, a veces, al ver que no recibimos lo que pedimos tan rápido como quisiéramos, nos desanimamos. Y eso puede llevarnos a pensar que la oración no sirve y que no tiene caso seguir orando. Pero Jesús, que nos quiere mucho, nos invita a no irnos con la “finta” y a seguir orando, confiando en que Dios nos echará la mano. Es como cuando uno ejercita los músculos; al principio no se nota, pero si somos constantes y perseveramos, poco a poco veremos los resultados.

Hagámosle caso a Jesús. Permanezcamos firmes en lo que hemos aprendido, como aconseja san Pablo a Timoteo[5]. Y si sentimos que no podemos más, recordemos que, así como Aarón y Jur ayudaron a Moisés a mantener los brazos en alto hasta que Dios diera la victoria a Josué[6], así la fe y la oración de la Iglesia nos sostienen. “En ocasiones –comenta el Papa– ya no podemos más, pero con la ayuda de los hermanos nuestra oración puede continuar, hasta que el Señor concluya su obra”[7].

¿Qué pasa cuando bajamos los brazos y dejamos de orar? Que el demonio, con las armas del egoísmo, la injusticia, la envidia, la corrupción, el rencor, la violencia, la indiferencia y el desaliento, empieza a ganar la batalla ¡No lo permitamos! “Confía en Dios –aconseja santa Faustina–, en buenas manos estás… Si Dios quiere realizar algo, tarde o temprano lo realizará a pesar de las dificultades, y tú, mientras tanto, ármate de paciencia”[8].

Armémonos de paciencia. No olvidemos que el que persevera alcanza. Oremos a Dios y hagamos lo que nos toca para que la justicia, que tanto anhelamos, se vaya haciendo realidad en nuestra vida, en nuestra familia y en nuestra sociedad, confiando en que, tarde o temprano, Dios hará que la justicia triunfe definitivamente, haciéndonos partícipes de su vida por siempre feliz.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

__________________________________

[1] Cf. Sal 120.
[2] Spe salvi 32.
[3] Catena Aurea, 10801.
[4] Exclamaciones del alma a Dios 1. 3.
[5] Cf. 2ª Lectura: 2 Tim 3,14-4,2.
[6] Cf. 1ª Lectura: Ex 17,8-13.
[7] Homilía Domingo 16 de octubre de 2016
[8] Diario, la Divina Misericordia en mi alma, 257 y 270.

 

 

XXVIII Domingo Ordinario, ciclo C

La gratitud (cf. Lc 17,11-19)

Los leprosos la estaban pasando mal. Su enfermedad los había desfigurado y convertido en foco de contagio para los demás, por lo que vivían alejados de todos. Eso es lo que hace el pecado; desfigura la semejanza divina con la que Dios nos creó y hace que dañemos a la familia, a los amigos y a la gente que nos rodea, al tratarlos como si fueran objetos, hasta que quedamos aislados en la soledad del egoísmo.

Pero Jesús llegó. Los leprosos lo vieron y con esperanza le pidieron que tuviera compasión y los curara. Él les respondió que fueran a presentarse a los sacerdotes, que, según la Ley, tenían la misión de constatar si alguien había sanado. Así, como explica Teofilacto, les asegura que se recuperarán[1]. Los diez, aunque de momento no quedaron curados, creyeron en él e hicieron lo que les mandó ¡Y al ir por el camino recobraron la salud!

Jesús les cambió la vida ¡Hizo que la recuperaran! Pero solo uno se acordó de su Bienhechor; un samaritano que fue a Jesús, y alabando a Dios, se postró a sus pies dándole gracias. Descubrió que Dios lo había curado a través de su Hijo, a quien envió para sanarnos del pecado, darnos su Espíritu y unirnos a él, en quien la vida se hace por siempre feliz.

Como el samaritano, también Naamán supo reconocer que es a Dios a quien le debía su extraordinaria curación, y en gratitud, tomó una decisión: no adorar a otros dioses sino sólo al Señor[2]. Lo hizo porque miró con claridad de quién proviene todo don y que por ello, solo tiene sentido acudir al único y verdadero Dios.

Ambos, con su agradecimiento, se hicieron un gran bien: porque reconocieron de quién viene todo lo bueno y a quién hay que acudir y obedecer; se descubrieron amados por él y valoraron el don que les fue concedido; se percibieron amables y comprendieron que habían recibido tanto amor que podían compartirlo con los demás.

Por eso san Pablo dice que Dios quiere que demos gracias siempre, unidos a Jesús[3]. Lo quiere porque así nos hacemos un bien. “Mira tu historia cuando ores –aconseja el Papa– y en ella encontrarás tanta misericordia… el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida”[4]. Siendo agradecidos, nos sentimos queridos, miramos todo con sentimientos nuevos y con una actitud realista y confiada, y vemos el futuro con esperanza.

Acordémonos de Jesucristo[5], y demos gracias a Dios, que nos ha mostrado su amor y su lealtad[6]. Hagámoslo a través de su Palabra, de sus sacramentos –sobre todo la Eucaristía–, y de la oración. Y agradezcamos a los que han sido instrumentos de su amor. “¿Cuántas veces –se pregunta el Papa– damos gracias a quien nos ayuda… a quien nos acompaña en la vida?”[7].

“Señor –exclamaba san Paulo VI–, Te doy gracias porque me has llamado a la vida, y más aún, porque haciéndome cristiano me has regenerado y destinado a la plenitud de la vida. Asimismo siento el deber de dar gracias… a quien fue para mí transmisor de los dones… que me has concedido… mis Padres… Contemplo lleno de agradecimiento las relaciones… que han dado …ayuda, consuelo y significado a mi… existencia: ¡Cuántos dones… he recibido…!” [8].

Seamos agradecidos con Dios y con los demás. Así nos haremos un gran bien; podremos levantarnos de nuestras caídas y de nuestra baja autoestima, y seguir adelante, mejorando y construyendo un mundo más humano para todos, hasta llegar a la meta: la vida eterna.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

____________________________

[1] Cf. Catena Aurea, 10711.
[2] Cf. 1ª Lectura: 2 Re 5,14-17.
[3] Aclamación: 1 Tes 5,18.
[4] Gaudete et exsultate, 153.
[5] Cf. 2ª Lectura: 2 Tim 2,8-13.
[6] Cf. Sal 97.
[7] Homilía Domingo 9 de octubre de 2016.
[8] Testamento.

 

 

XXVII Domingo Ordinario, ciclo C

¡Auméntanos la fe! (cf. Lc 17,5-10)

La vida es muy bonita, pero difícil. Porque no faltan enfermedades, penas, problemas, incertidumbres. Por eso, seguramente, como el profeta Habacuc, más de una vez le hemos dicho a Dios:

“¿Hasta cuándo pediré auxilio, sin que me escuches?”. Y él, que nos escucha, nos responde con amor: “aunque parezca atrasarse, llegará sin defraudar: el justo vivirá por su fe”[1].

El justo, es decir, el que es bueno y hace el bien, vivirá por su fe. Vivirá plenamente en esta tierra y eternamente feliz en el cielo, porque descubrirá que no está solo; que todo en la vida, las alegrías y las penas, ¡todo!, tiene sentido; y que le aguarda una meta tan grande, que hace que valga la pena el esfuerzo del camino.

Eso es lo que nos da la fe ¿Y qué es la fe? Es unirnos a Dios y dejarnos ayudar por él. Es confiar en Jesús y permitir que su Espíritu de amor nos guíe para que podamos vivir amando y haciendo el bien, como él enseña.

Por eso, aunque nuestra fe sea pequeña, si es sincera, nos hace capaces de cosas humanamente imposibles[2]. Es lo que Jesús explica al compararla con una semilla de mostaza, que, aún siendo pequeña, es muy fecunda. Así nos enseña que, como dice san Juan Crisóstomo: “un poco de fe puede mucho”[3].

“Cuando falta la luz de la fe –comenta el Papa– todo se vuelve confuso”[4]. Quien no ve con claridad se siente solo, no alcanza a divisar la meta y no encuentra el camino. Piensa que lo inmediato es lo único; que el egoísmo, la mentira, la injusticia, la corrupción, la pobreza, la violencia y la muerte ganan la partida; que nada tiene sentido y que no hay esperanza.

No queremos vivir así ¿Verdad? Por eso, pidámosle a Jesús: “Auméntanos la fe”. Esa fe que nos hace capaces de cosas grandes, como lo demuestran muchos a lo largo de la historia: los mártires, como san Esteban, santa Perpetua y san José Sánchez del Río; santa María Goretti, que antes de morir perdonó a su asesino; san Camilo de Lelis, santa María Soledad Torres Acosta y santa Teresa de Calcuta, cuyas obras al servicio de los más necesitados han perdurado a través del tiempo y se han extendido por el mundo.

Todos ellos, y muchos más, gente como nosotros, con sus cualidades y sus defectos, con sus limitaciones y sus oportunidades, hicieron cosas que parecían imposibles. Pero no presumieron, porque descubrieron que esa fuerza extraordinaria venía de Dios, y que ellos solo hacían lo que debían hacer. “Somos siervos de Dios –recuerda Benedicto XVI–, no sus acreedores… a él le debemos todo”[5].

Es él quien nos da un espíritu de fortaleza, de amor y de templanza, como señala san Pablo[6] ¡Así que no nos dejemos desanimar por nada! ¡No endurezcamos el corazón[7]! Dejemos que el Señor nos aumente la fe, alimentándola con su Palabra, sus sacramentos y la oración, para que, ante las dificultades e incertidumbres, miremos más allá y sigamos adelante, confiando en él y haciendo todo el bien que podamos.

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

______________________________________

[1] Cf. 1ª. Lectura: Ha 1,2-3;2,2-4.
[2] Cf. FRANCISCO, Ángelus 6 octubre 2013.
[3] In Matthaeum, hom. 58.
[4] Lumen Fidei, 3.
[5] Cf. Homilía en Palermo, 3 de octubre 2010.
[6] Cf. 2ª Lectura: 2 Tim 1,6-8. 13-14.
[7] Cf. Sal 94.