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Directorio de diversas celebraciones desde nuestra Diócesis

Les mostramos las acciones de las comunidades, de forma virtual, especialmente por Facebook como plataforma. La Pastoral de Comunicación ofrece apoyo y asesoría. Se tiene un wapp de todos los responsables de transmisión, para estar en contacto permanente y ofrecer cada día, una mejor transmisión. #YoMeQuedoEnCasa #IglesiaEnSalida #MisaEnCasa
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💒Diócesis de Matamoros
MISA DOMINICAL | 11:30 a.m.

💒Catedral de Matamoros
MISA | todos los días | 9:00 a.m. y 7:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | jueves | 6:00 p.m.

💒Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe Oficial Matamoros
MISA DOMINICAL | 10:00 a.m. y 7:00 p.m.
MISA | todos los días | 7:00 p.m.
LAUDES | todos los días | 8:00 a.m.
ROSARIO | todos los días | 12:00 | p.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | todos los días | 3:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | todos los días | 6:00 p.m.

💒Seminario Diocesano de Matamoros
REZO DEL ÁNGELUS Y VÍA CRUCIS | todos los días | 12:00 p.m.

💒Parroquia Maria Reina De la Paz
Parroquia Santa María Reina de la paz (Matamoros)
MISA DOMINICAL | 10:00 a.m., 12:00 p.m. y 6:30 p.m.
MISA | lunes a sábado | 6:00 p.m. *jueves 7:00 p.m.*
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | todos los días | 3:00 p.m.
REZO DEL VÍA CRUCIS | viernes | 5:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | todos los días | 5:00 p.m. * jueves 6:00 p.m.*

💒Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Matamoros
MISA DOMINICAL CON NIÑOS | 10:00 a.m.
MISA | todos los días | 8:00 a.m.
REZO DEL ÁNGELUS Y VÍA CRUCIS | todos los días | 12:00 p.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | todos los días | 3:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | todos los días | 5:00 p.m.

💒Parroquia San Agustín
Parroquia San Agustín (Matamoros)
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.

💒Parroquia San Roberto Belarmino
MISA DOMINICAL | 9:30 a.m.

💒Rectoria San Judas Tadeo
MISA DOMINICAL | 10:00 a.m. y 6:00 p.m.

💒Parroquia De La Medalla Milagrosa Matamoros
MISA DOMINICAL | 9:00 a.m.

💒Nuestra Señora de San Juan – Matamoros
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.

💒Parroquia Nuestra Señora De Lourdes
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (Matamoros)
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.

💒 Parroquia Sagrada Familia Matamoros – Oficial
MISA DOMINICAL | 1:00 p.m.
MISA CON VISPERAS | lunes a sábado | 6:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | lunes a sábado | 5:00 p.m.

💒Parroquia Sagrado Corazón de Jesús (Matamoros)
MISA DOMINICAL | 8:00 a.m., 12:00 p.m. y 6:00 p.m.
MISA | lunes a sábado | 6:00 p.m.

💒Parroquia de la Luz Matamoros – oficial
MISA DOMINICAL | 9:00 a.m., 11:30 a.m. y 7:00 p.m.
MISA | lunes a sábado | 7:00 p.m.

💒Parroquia Espíritu Santo
MISA | lunes | 8:00 a.m.
MISA | martes a domingo | 6:00 p.m.

💒Parroquia Cristo Rey de la Paz Matamoros – Oficial
MISA DOMINICAL | 11:00 a.m.
MISA | lunes a sábado | 6:00 p.m.

💒Parroquia San Francisco de Asís Matamoros – Oficial
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA Y MISA | jueves | 6:00 p.m.

💒Capilla san Charbel (Matamoros)
MISA DOMINICAL | 2:00 p.m.

💒Parroquia de Guadalupe SF
MISA CON LAUDES | lunes a sábado | 7:00 p.m.
MISA DOMINICAL CON LAUDES |8:00 a.m.
MISA DOMINICAL CON VÍSPERAS | 6:00 p.m.
ÁNGELUS Y SANTO ROSARIO | todos los días | 12:00 p.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | todos los días | 3:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | lunes a sábado | 6:00 p.m.

💒Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Valle Hermoso Tam.
MISA DOMINICAL | 6:00 p.m.
MISA | lunes a viernes | 12:00 p.m.

💒Parroquia Sanjuanita, Río Bravo, Tam.
MISA | todos los días | 6:00 p.m.

💒Parroquia Ntra. Sra. De Guadalupe Reynosa
MISA DOMINICAL | 8:00 a.m. y 12:00 p.m.
MISA | lunes a sábado | 8:00 a.m.
ROSARIO | todos los días | 6:00 p.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | domingo | 3:00 p.m.

💒Parroquia San Pio X
MISA DOMINICAL | 10:00 a.m.

💒Parroquia San Pedro y San Pablo – Reynosa
MISA DOMINICAL | 8:00 a.m., 12:00 p.m. y 6:00 p.m.
MISA | lunes a sábado | 6:00 p.m.
ROSARIO | lunes a sábado | 10:00 a.m. y 8:00 p.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | lunes a sábado | 3:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA Y VÍA CRUCIS | lunes a sábado | 5:00 p.m.

💒Parroquia San Antonio de Padua de Reynosa
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.

💒Parroquia San Martin De Porres Reynosa
MISA DOMINICAL | 12:00 p.m.

💒 Parroquia Cristo Rey
MISA DOMINICAL | 1:00 p.m.
MISA | jueves | 6:00 p.m.

💒Parroquia Sagrados Corazones de Jesus y de Maria
MISA DOMINICAL | 10:00 a.m. y 5:00 p.m.
MISA | lunes a viernes | 7:00 p.m.
MISA | sábado | 10:00 a.m.
CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA | lunes a sábado | 3:00 p.m.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA | lunes a viernes | 10:00 a.m.

 

 

Comunicado sobre Semana Santa de 2020

Queridos hermanos, les compartimos el “Comunicado sobre Semana Santa de 2020” enviado por el Señor Obispo, el cual nos invita a estar en sintonía con las celebraciones propias, a través de los medios de comunicación.

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el V Domingo de Cuaresma, ciclo A

Yo soy la resurrección y la vida (cf. Jn 11, 1- 45)

Todo parecía perdido. Lázaro había muerto. Ya nada se podía hacer. Solo quedaba resignarse y llorar ¡Cuántas veces nos hemos encontrado también en una situación límite! Una enfermedad, una pena, un problema, la muerte de un ser querido, ver que se acerca el final.

Pero Dios no nos deja solos ¡Viene a nosotros en Jesús! Lo hace a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración, de los buenos consejos. Y como hizo con Martha y con María, lo primero que hace es escucharnos. Escucha nuestro dolor, nuestra aflicción, y hasta nuestros reclamos: “Si hubieras querido, esto no habría pasado”.

Y habiéndonos escuchado, nos cambia el panorama. “Yo soy la resurrección y la vida –nos dice–. El que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Así nos hace ver que él ha venido para sacarnos del sepulcro del pecado y compartirnos su Espíritu que nos une a Dios, que da vida[1]; una vida tan plena, que hace posible que el Padre resucite nuestros cuerpos mortales[2].

Lo único que necesitamos es creer en Jesús y dejarle que nos perdone y nos saque del sepulcro del pecado[3]. Sin embargo, al hacerlo, no pensemos que ya todo será fácil; como Lázaro, tendremos todavía atadas las manos y los pies con las vendas de las tentaciones, y envuelta la cara con el sudario de no poder comprenderlo todo aún. Porque, como explica san Agustín, será hasta la otra vida cuando todo eso desaparezca[4].

Mientras llega ese momento, frente a los grandes porqués de la vida tenemos dos caminos, como dice el Papa: quedarnos mirando melancólicamente los sepulcros o acercar a Jesús a nuestros sepulcros. Porque cada uno tenemos un pequeño sepulcro, una zona un poco muerta dentro del corazón: una herida, un mal sufrido o realizado, un rencor, un remordimiento, un pecado que no se consigue superar[5].

No nos dejemos aprisionar por la losa de la tentación de quedarnos solos y sin esperanza. No permitamos que la tristeza nos tenga encerrados. Dejemos a Jesús que nos resucite a una vida nueva; a la vida del amor a Dios y al prójimo. Él nos ayudará a no atarnos a los problemas y las penas, que nunca faltarán. Y para eso debemos seguir su ejemplo. Él, aunque lloró, no se encerró en el llanto, sino que levantó los ojos a lo alto.

Como Jesús, en medio del dolor, de los fracasos y de las pruebas, levantemos la mirada a Dios y dejemos que nos ayude a ver más allá de lo inmediato, más allá de este mundo estupendo, dramático y transitorio, y a descubrir lo que él nos tiene reservado; una vida por siempre feliz, que alcanza quien es capaz de ayudar a los demás a salir del sepulcro de la soledad, del pecado y de la miseria, y resucitar a una vida digna, libre, plena y eterna. 

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Ez 37,12-14.
[2] Cf. 2ª Lectura: Rm 8,8-11.
[3] Cf. Sal 129.
[4] Cf. Lib. 83, quaest. qu. 65.
[5] Cf. Homilía en la Plaza de los Mártires (Carpi), V Domingo de Cuaresma, 2 de abril de 2017.

 

Mensaje al Pueblo de Dios en ocasión de la pandemia del Covid-19

H. Matamoros, Tam., a 27 de marzo de 2020
Año de preparar el terreno

Mensaje al Pueblo de Dios
en ocasión de la pandemia del Covid-19

Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11, 25)

Amigas y amigos:

Hay momentos en los que todo se ve oscuro, como ahora que a nivel mundial enfrentamos al coronavirus, que nos ha cambiado inesperada y drásticamente la vida, privándonos del contacto físico, de las reuniones y hasta de acudir a Misa. Frente a esto, como dice el Papa, tenemos dos opciones: quedarnos solos, asustados, enojados, tristes y desesperados, o acercarnos a Jesús (cf. Homilía, 2 de abril de 2017). Él viene a nosotros a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración, de los buenos consejos, y hasta de las redes sociales. Y como hizo con Martha y con María, nos escucha; escucha nuestras penas, nuestros miedos y hasta nuestras quejas. Y nos cambia el panorama diciéndonos: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11, 25).

¡Sí! Jesús ha venido a sacarnos del sepulcro del pecado y a compartirnos su Espíritu que nos une a Dios, que da vida plena y eterna ¿Cómo lo ha hecho? Con el poder del amor; amando hasta el extremo de hacerse uno de nosotros y dar la vida para darnos vida. Lo único que necesitamos es creer en él. Y aunque todavía tendremos tentaciones y no podremos comprenderlo todo, porque como explica san Agustín, será hasta la otra vida cuando todo eso desaparezca (cf. Lib. 83, quaest. qu. 65), no no dejemos aprisionar por la “losa” de la desconfianza.

Permitamos a Jesús que nos resucite a una vida nueva; a la vida del amor a Dios y al prójimo. Él nos ayudará a no atarnos a los problemas y las penas, que en esta tierra nunca faltarán. Para eso, sigamos su ejemplo. Él no negó la realidad, sino que la enfrentó. Y aunque lloró, no se encerró en el llanto, sino que levantó los ojos a lo alto. Levantemos la mirada a Dios y dejemos que nos haga ver más allá de lo inmediato, más allá de este mundo estupendo, dramático y transitorio, para descubrir lo que él nos tiene reservado; una vida por siempre feliz, que alcanza aquel que ayuda a los demás a salir del sepulcro de la soledad, el mal y la miseria, y resucitar a una vida digna, plena y eterna.

Hagámoslo cuidando la vida y la salud que Dios nos ha regalado (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2288). Observemos las recomendaciones de las autoridades sanitarias: lavarnos bien y frecuentemente las manos con agua y jabón; fortalecer el sistema inmunológico; cubrirse con el antebrazo (parte interior del codo) nariz y boca al toser o estornudar; limpiar y desinfectar las áreas y cosas que son usadas por varias personas; evitar el contacto físico; aislarse y consultar al médico si se presenta algún síntoma o llamar al 800 00 44 800. Y sobre todo: QUEDARSE EN CASA. Esa es la única forma de detener el avance del Covid- 19. “Estamos en la misma barca –recuerda el Papa–, llamados a remar juntos… no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta” (Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo 2020).

Aprovechemos este tiempo de aislamiento para fortalecer a la familia, Iglesia doméstica, y atender mejor a los abuelitos y a los enfermos. Y recordando que, como decía san Atanasio: “Dios… junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados” (Carta 5, 2), participemos virtualmente en las misas, adoraciones eucarísticas, reflexiones de la Palabra de Dios, alabanzas y oraciones que muchos sacerdotes y laicos están transmitiendo por medio de las redes sociales.

Aunque por las circunstancias no podamos comulgar sacramentalmente, hagamos una Comunión espiritual. Y si nos sentimos preocupados por no poder confesarnos, recordemos que cuando estamos imposibilitados de recibir la absolución sacramental, el sincero arrepentimiento por las faltas cometidas y la humilde petición de perdón a Dios acompañada del propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1452).

Ganemos la Indulgencia Plenaria que el Papa concede a los enfermos de Covid-19, a sus familiares, a los que los cuidan, al personal sanitario, y a los que, rechazando todo pecado y con propósito de cumplir las condiciones habituales tan pronto sea posible (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa), imploran a Dios el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los difuntos, ofreciendo la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o del Vía Crucis, o de la Coronilla de la Divina Misericordia (cf. Penitenciaría Apostólica, Decreto, 19 de marzo de 2020).

Con la ayuda del Señor, saquemos un bien del mal que nos aqueja, aprendiendo lo que esta pandemia nos enseña. Ella, como dice el Papa, desenmascara nuestra vulnerabilidad, las falsas seguridades con las que habíamos construido nuestros proyectos y prioridades, y está dejando al descubierto que todos somos hermanos. Así, este tiempo de prueba se convierte en una oportunidad para elegir lo realmente necesario, “y restablecer el rumbo de la vida hacia Dios y hacia los demás” (Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo 2020).

Valoremos la vida y la salud. Valoremos la Palabra de Dios, la Eucaristía, la Confesión y los demás sacramentos. Valoremos a la familia, los amigos, la escuela, el trabajo, la comunidad, el medioambiente y las cosas sencillas e importantes de la vida. Así, después de esta cruz, podremos resucitar con Jesús a una vida nueva; una vida en la que estemos más cerca de Dios y ayudemos a construir una familia y una sociedad unidas, donde todos podamos vivir con dignidad, realizarnos, encontrar a Dios y ser felices.

En esta Cuaresma, que el Señor ha permitido que sea muy especial, levantemos los ojos a lo alto, y, contando con la ayuda de Nuestra Madre, Refugio de pecadores, y rezando frecuentemente la oración que el Papa ha compuesto, con Jesús pidamos al Padre por los enfermos, por sus familias, por los que los atienden, por el personal sanitario, por las autoridades y por todos para que actuemos con madurez, responsabilidad y solidaridad, y pronto superemos esta pandemia, que tanto dolor está causando.

“El dolor decía Luis Rosales Camacho es un largo viaje, que nos acerca siempre hacia el país donde todos los hombres son iguales… Y yo quiero decirles que el dolor es un don, porque nadie regresa del dolor y permanece siendo el mismo hombre” (La Casa encendida, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1983).

Nadie se sienta abandonado en este aislamiento necesario. Sepan que sus sacerdotes siguen pidiendo a Dios por ustedes, y que, con el apoyo de muchos laicos, se las están ingeniando para llevarles a Jesús a sus hogares a través de las redes sociales, y, con las debidas precauciones, atender a los enfermos, asistir a los funerales, y sostener las obras parroquiales y diocesanas a favor de los pobres, los necesitados y los migrantes.

Por mi parte, con mucho cariño estoy ofreciendo diariamente por ustedes la Santa Misa, la Liturgia de las Horas, la Adoración Eucarística, la Lectura de la Palabra, la oración, el Santo Rosario, la Coronilla, el Vía Crucis, la penitencia cuaresmal, las devociones y mi servicio episcopal, rogando a Dios que los proteja y los ayude, esperando el momento de encontrarnos nuevamente y celebrar juntos con alegría al Señor, que es nuestra fuerza.

¡Ánimo! El Señor está con nosotros (cf. Mt 28, 20). Él es el pastor que nos conduce (cf. Sal 23, 1). Perseveremos en la fe, la esperanza y el amor para que, cumpliendo su voluntad, alcancemos la promesa (cf. Hb 10, 35-36).

Son ustedes un gran pueblo, fiel a Dios, participativo, generoso y valiente. Han vivido cosas muy difíciles y no se han echado para atrás ¡Al contrario! Así será también ahora. Gracias por su testimonio. Agradezco de todo corazón al Señor haberme enviado a servirles. Que Él nos bendiga a todos y nos ayude a permanecer unidos, a actuar con responsabilidad, a ser solidarios, a mirar hacia delante, y a seguirle echando ganas.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el IV Domingo de Cuaresma, ciclo A

Yo soy la luz del mundo (cf. Jn 9, 1-41)

Samuel era bueno. Incluso Dios lo había elegido como profeta. Sin embargo, a veces se iba con la finta.

Pero el Señor le ayudó haciéndole ver que él no juzga como nosotros, porque no se fija en las apariencias, sino que va más allá[1].

Siendo honestos, a veces, como Samuel, no vemos claro y nos dejamos llevar por lo que parece ser. O de plano, como el ciego de nacimiento, no alcanzamos a vernos a nosotros mismos, a los demás, ni al mundo como son en realidad, lo que nos hace vulnerables a la manipulación de nuestras propias pasiones y de otras personas.

Pero Dios, que nos cuida[2], envía a Jesús para hacer que veamos. Para eso, él ha mezclado su saliva con tierra, es decir, siendo Dios se ha hecho uno de nosotros, como explica san Agustín[3], y, amándonos hasta dar la vida, nos ha comunicado al Espíritu Santo que nos hace ver la realidad completa y lo que podemos llegar a ser: hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz, que consiste en amar y hacer el bien.   

¡Eso fue lo que sucedió en nuestro bautismo!, como recuerda el Papa[4]. Ese día, sanándonos de la ceguera del pecado, Jesús iluminó nuestra inteligencia, como dice san Gregorio[5]. Así nos ha dado la capacidad de ver nuestra grandeza y nuestra identidad; la dignidad y los derechos de los demás; nuestra responsabilidad ante la creación; y el sentido de la vida: llegar a la casa del Padre, siguiendo el camino del amor.

La transformación del ciego de nacimiento fue tal, que la gente dudaba si realmente era él. Incluso algunos trataron de confundirlo para seguirlo sometiendo, y someter también a los demás. Tampoco hoy faltan los que intentan desorientarnos para hacernos desconfiar de Jesús y de su Iglesia, y así imponernos sus propios intereses.

Pero como aquel hombre, que no se rindió a la presión, sino que, como dice san Juan Crisóstomo, se manifestó él mismo para proclamar a su bienhechor[6], habiendo sido iluminados por Cristo debemos dar testimonio de él comportándonos como hijos de la luz. “Y comportarse como hijos de la luz –comenta el Papa– exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar… según otra escala de valores, que viene de Dios”[7].

¿Cuál es esa escala de valores? Lo dice san Pablo: la bondad, la justicia y la verdad[8]. Claro que vivir según esta escala de valores a veces es difícil, porque no faltan las presiones, internas y externas. Pero no tengamos miedo de ser expulsados de la masa que vive sometida al egoísmo y al utilitarismo, porque Cristo nos recibirá. Él, como recuerda el Papa: “nos espera siempre para hacer que veamos mejor” [9].

Lo hace también ahora que enfrentamos una crisis global a causa del coronavirus. Jesús, a través de su Palabra, de la oración, de los buenos consejos y de la Eucaristía, que ahora, por las circunstancias, nos vemos obligados a celebrar de manera virtual, nos hace ver que, a pesar de las tentaciones, debemos seguir confiando en Dios y hacer el bien, cuidándonos y cuidando a los demás.

No seamos ciegos frente a lo que está pasando. No juzguemos a la ligera. No nos dejemos llevar por falsas noticias o consejos sin fundamento. Como decía san Juan Pablo II, unamos fe y razón[10]. Porque como señala Benedicto XVI: “no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios”[11].

Detengamos unidos esta pandemia, antes de que sea tarde. Quedémonos en casa. Aprovechemos este tiempo para unirnos más a Dios, para convivir con la familia, para darnos cuenta de lo realmente importante, y para ayudar en lo que podamos a los más necesitados, incluso a través de las redes sociales. Así, como hijos de la luz, daremos testimonio de que quien sigue a Jesús tiene la luz de la vida[12].

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: 1 Sam 16,1.6-7.10-13.
[2] Cf. Sal 23.
[3] Cf. Catena Aurea, 12091.
[4] Cf. Ángelus, IV Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de 2017.
[5] Cf. Moralia, 8, 21.
[6] Cf. Catena Aurea, 12908.
[7] Ángelus, IV Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de 2017.
[8] Cf. 2ª. Lectura: Ef 5,8-14.
[9] Ángelus, 30 de marzo de 2014.
[10] Cf. Fides et ratio, presentación.
[11] Discurso en la Universidad de Ratisbona, 13 septiembre 2006.
[12] Cf. Aclamación: Jn 8, 12.

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el III Domingo de Cuaresma, ciclo A

Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed (cf. Jn 4, 5-42)

Todos tenemos sed de un amor infinito e incondicional. Sed de sentido y de saber. Sed de una vida plena que nunca termine.

Pero quizá, como la samaritana, hemos buscado calmar esa sed echando el cántaro del egoísmo en el pozo de los placeres, de las cosas y del utilizar a los demás. Y al final, la sed ha regresado, cada vez con mayor intensidad, como dice san Agustín[1].

Sin embargo, Dios, nuestro Padre y creador, nos echa la mano; envía a Jesús para que hecho uno de nosotros y amando hasta dar la vida[2], sea esa roca firme, que jamás se gasta, de la que brota el agua viva de su Espíritu[3], para que bebamos y nunca más tengamos sed.

Por eso, como hizo con la samaritana, Jesús platica con nosotros a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración, de los buenos consejos, de las personas y de los acontecimientos, para hacernos ver que aquello que tanto buscamos él nos lo ha dado ya en el Bautismo, como recuerda el Papa[4].

Ese día nos liberó del pecado, nos unió a sí mismo, nos dio su Espíritu y nos hizo hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz, que consiste en amar ¡Así nos ha convertido en manantial de su amor para la familia y para los que nos rodean!

Sin embargo, a veces lo olvidamos ¿Y qué pasa? Que regresamos a las andadas; queremos calmar la sed en pocitos muy diferentes al manantial de agua viva que Dios nos ofrece, y que consiste en dejarnos querer por él, amar y hacer el bien a los demás. 

Pero si hemos caído, no nos resignemos a seguir con sed y a tener que regresar, una y otra vez, al mismo pozo que solo ofrece un agua que apaga la sed por un rato, sin satisfacer de verdad ¡Todo puede cambiar!

Solo hace falta que escuchemos a Jesús[5]; que dejemos el “cántaro” del egoismo, como dice san Agustín[6], y le pidamos que nos dé el agua que nos ofrece, dispuestos a quitar aquello que no nos deja ser llenados por su Espíritu de amor, como es el dejarnos llevar por lo inmediato y creer que todo se vale para conseguirlo.

Reconociendo a Jesús y viviendo como él enseña, nuestra vida será tan plena que nos convertiremos en manantial de amor para la familia, para los amigos, para los vecinos, para los compañeros, para la sociedad y para los más necesitados. Y con nuestra oración, nuestras palabras y nuestras obras, los animaremos a ir a Jesús, el único que puede calmar la sed de una vida plena y eternamente feliz.

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. In Ioannem, tract., 15.
[2] Cf. 2ª Lectura: Rm 5,1-2, 5-8.
[3] Cf. 1ª Lectura: Ex 17,3-7.
[4] Cf. Ángelus 19 de marzo 2017.
[5] Cf. Sal 94.
[6] Lib 83 quaest. qu. 64.

 

El Papa Francisco pide rezar ante la pandemia del coronavirus

En la Misa celebrada este 12 de marzo en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco advirtió el peligro de la indiferencia al saber mucha información, pero tener el corazón cerrado que hace olvidar el dolor del otro y pidió rezar juntos por los gobernantes que deben tomar decisiones ante la pandemia del coronavirus COVID-19.

“Continuamos a rezar juntos en este momento de pandemia por los enfermos, por los familiares por los padres con los niños en casa y sobre todo yo quisiera pedir rezar por las autoridades, ellos deben decidir, y muchas veces decidir sobre medidas que no le gustan al pueblo, pero es por nuestro bien. Muchas veces las autoridades se sienten solas, no entendidas. Recemos por nuestros gobernantes que deben tomar las decisiones de estas medidas para que se sientan acompañadas por la oración del pueblo”, pidió el Pontífice al inicio de la Eucaristía.

Durante su homilía, el Santo Padre se centró en la narración del Evangelio de San Lucas (16:19-31) en el que Jesús narra la historia de dos personajes: un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas y de un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico.

“Esta narración de Jesús es muy clara. Puede parece una narración para niños, muy simple. Jesús quiere indicar con esto no solo una historia sino la posibilidad de que toda la humanidad viva así, también nosotros vivimos así”, advirtió el Papa.

Al continuar con su reflexión, el Pontífice subrayó también que el rico “era feliz así, no tenía preocupaciones, tomaba alguna precaución, quizá alguna medicina en contra del colesterol, pero continuaba en los banquetes. Así la vida iba bien, estaba tranquilo” pero, sin embargo, “en su puerta estaba un pobre, Lázaro se llamaba, él sabía que estaba el pobre así, pero le parecía natural”.

Por ello, Francisco realizó dos consideraciones sobre esta narración del Evangelio. En primer lugar, “el hecho de que el rico sabía que estaba este pobre y que también sabía el nombre de Lázaro, pero no le importaba, le parecía natural. El rico hacía sus negocios que al final quizá iban contra el pobre, conocía bien claramente, era informado de esa realidad”.

La segunda consideración, fue el gran abismo entre ellos, que cuando los dos personajes murieron, Abraham le señaló al rico “es el mismo abismo que en la vida había entre el rico y Lázaro” el abismo “no comenzó allá, comenzó aquí”, añadió el Papa.
Drama de la información que no baja al corazón

En esta línea, el Santo Padre cuestionó: “¿cuál sería el drama de este hombre? Y dijo: “el drama de estar muy informado, pero con el corazón cerrado. La información de este hombre rico no llegaba al corazón, no sabía conmoverse, no se podía conmover por el drama de los otros, ni tampoco llamar a uno de los chicos que servían a la mesa como para decirle: llévale esto o el otro”.

“El drama de la información que no baja al corazón. También esto nos sucede a nosotros, todos nosotros sabemos, porque lo hemos escuchado en el noticiero, o lo hemos visto en los periódicos, cuántos niños padecen el hambre hoy en el mundo, cuántos niños no tienen las medicinas necesarias, cuántos niños no pueden ir a la escuela, continentes con este drama, lo sabemos, pobrecillos, y continuamos, esta información no baja al corazón, y muchos de nosotros, muchos grupos de hombres y mujeres, viven esta separación entre lo que piensan y lo que saben y lo que sienten separado al corazón de la mente, son indiferentes, como el rico era indiferente al dolor de Lázaro, existe el abismo de la indiferencia”, advirtió el Papa.

En este sentido, Francisco recordó que cuando visitó Lampedusa pensó en “la globalización de la indiferencia”. “Quizá hoy nosotros aquí en Roma estamos preocupados porque parece que los negocios están cerrados, yo tengo que ir a comprar aquello, y parece que no puedo dar el paseo de todos los días… preocupados por mis cosas y nos olvidamos de los niños enfermos, olvidamos las pobres personas que están en las fronteras de los países buscando la libertad, los migrantes forzados que huyen del hambre, de la guerra y que solamente encuentran un muro, un muro hecho de hierro, un muro de alambre de púas, pero un muro que no los deja pasar”.

“Sabemos que existe eso, pero no va al corazón, no baja, nosotros vivimos en la indiferencia, la indiferencia de este drama de estar bien informados, pero no sentir la realidad de los otros, este es el abismo de la indiferencia”, reiteró.

De este modo, el Papa concluyó que “sabemos el nombre del pobre, Lázaro”, también el rico lo sabía, porque cuando estaba en los infiernos pidió a Abraham que enviara a Lázaro, lo reconoce, pero “no sabemos el nombre del rico, el Evangelio no dice cómo se llamaba este señor, no tenía nombre, había perdido el nombre, solamente tenía los adjetivos de su vida, rico, poderoso, tantos adjetivos. Esto es lo que hace el egoísmo en nosotros, hace perder nuestra identidad real, nuestro nombre, y solamente nos lleva a evaluar los adjetivos”.

“La mundanidad nos ayuda en esto, hemos caído en la cultura de los adjetivos, en donde tu valor es lo que tienes, pero cómo te llamas, has perdido el nombre. La indiferencia lleva a esto, a perder el nombre, solamente somos los ricos, somos este, somos el otro, somos los adjetivos”.

“Pidamos hoy al Señor la gracia de no caer en la indiferencia. Que toda la información de los dolores humanos que tenemos bajen al corazón, y nos muevan a hacer algo por los otros”, invitó el Papa.

 

ACI/Prensa

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el II Domingo de Cuaresma, ciclo A

Este es mi hijo muy amado; escúchenlo (cf. Mt 17,1-9)

Como hizo con Pedro, Santiago y Juan, Jesús nos toma consigo para subirnos a la presencia de Dios. Y transfigurándose nos muestra su identidad y lo que pasa cuando nos unimos a él: nos llenamos de su luz, que permite verlo todo con claridad y de manera más completa, y nos hacemos capaces de irradiarla a los demás.

Por eso, como dice san Pedro: “¡Qué bueno sería quedarnos aquí!”. Y es que, como señala san Anastasio Sinaíta, nada más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en su luz[1].

Estar con Dios es lo mejor que puede pasarnos. Él, nuestro creador y nuestra meta, está de nuestra parte. Nos ama infinita e incondicionalmente. Y lo ha demostrado enviándonos a Jesús para liberarnos del pecado, destruir la muerte y hacer brillar la luz de la vida y de la inmortalidad[2].

¡Él es nuestra esperanza[3]! Solo Jesús puede darle sentido a la vida. Solo él puede mostrarnos cómo salir adelante y progresar. Solo él puede ofrecernos vivir por siempre felices con Dios. Por eso el Padre, al tiempo de abrazarnos con su Espíritu de amor[4], nos dice: “Este es mi Hijo muy amado… escúchenlo”.

Escuchemos a Jesús. Hagámoslo especialmente en este #CuaresmaChallenge, siguiendo el gran ejercicio que nos propone: “subir” y “bajar”;  “subir” a Dios, escuchando su Palabra, recibiendo sus sacramentos, orando y haciendo penitencia. Así descubriremos que cuando Dios nos pide dejar algo y avanzar por el camino que nos muestra, lo hace para sacarnos adelante, como hizo con Abraham[5].

Y ese camino consiste en “bajar” a los demás; a la familia, a los amigos, a los vecinos, a los compañeros de escuela o de trabajo, a la gente que trata con nosotros y a los más necesitados, y comunicarles su luz, como dice el Papa[6] ¿Cómo? Ayudándolos. Tratándolos como quisiéramos que ellos nos trataran a nosotros: con amor.

Quizá nos parezca difícil. Sobre todo ante nuestras debilidades y las penas, problemas, incomprensiones e incertidumbres de la vida. Pues hoy Jesús, transfigurándose y conversando con Moisés y Elías, al tiempo de hacernos ver que en él se cumple la promesa salvífica de Dios, nos enseña a mirar más allá y descubrir lo que el Padre nos tiene reservado al final: una vida eternamente feliz.

No dudemos que recibiremos la recompensa prometida, como dice san León Magno[7]. Con esta confianza, hagámosle caso a Jesús: levantémonos de nuestro egoísmo y de nuestro conformismo, y sin temor, “subamos” a Dios y “bajemos” a casa y a nuestra sociedad, dispuestos a amar y hacer el bien.

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sermón en el día de la Transfiguración del Señor, 6-10.
[2] Cf. 2ª. Lectura: 2 Tim 1,8-10.
[3] Cf. Sal 32.
[4] Cf. Orígenes, In Matthaeum, hom. 3.
[5] Cf. 1ª. Lectura: Gn 12,1-4.
[6] Cf. Ángelus, 16 de marzo de 2014.
[7] Sermón 51, 4.8; PL 54, 313.

 

 

Sobre el censo de población y vivienda 2020

Comunicado No. 6/2020
Asunto: Censo 2020
H. Matamoros, Tam., a 29 de febrero de 2020

 

 

A los fieles de la Diócesis de Matamoros:

 Del 2 al 27 marzo se llevará a cabo en todo el país el Censo 2020 para conocer mejor la realidad y así las diferentes instancias gubernamentales, civiles, sociales y religiosas podamos responder de manera más adecuada a las necesidades de la gente.

Por eso les invito a recibir al personal que hará el Censo, que deberá ir debidamente identificado con uniforme y credencial con fotografía y holograma. En caso de duda, ustedes podrán confirmar su identidad consultando el sitio en internet del INEGI.

A la pregunta sobre cuál es la religión que usted y su familia practican, es recomendable decir simplemente: “Católica”, a fin de evitar confusiones.

Pido a Dios que, por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, nos bendiga a todos y lleve adelante esta importante iniciativa ¡Participemos en el Censo 2020!

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el I Domingo de Cuaresma

No solo de pan se vive, sino de toda palabra que sale de Dios (cf. Mt 4,1-11)

Dios, que nos ha creado, nos ama y hace todo por nosotros.

Por eso, cuando vio el desastre que provocamos al desconfiar de él y pecar, con lo que abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte[1], envió a su Hijo para salvarnos ¿Y cómo lo hizo Jesús? Confiando en el Padre y haciendo lo que le pedía. Esa es la clave para restaurarlo todo.

Confiando en el Padre y haciendo lo que le pedía, Jesús se hizo uno de nosotros para, amando hasta dar la vida, liberarnos del pecado, unirnos a sí mismo, compartirnos su Espíritu y hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz[2]. Además, nos enseña con su ejemplo a salir adelante. Porque sabe que el demonio no deja de poner obstáculos en nuestro camino, como dice san Beda[3]. Y muchas veces caemos. Por eso nos invita al #CuaresmaChangelle; cuarenta días de intenso ejercicio espiritual para, con su ayuda, fortalecernos, vencer las tentaciones y resucitar con él a una vida libre, plena y eterna[4] ¿Cómo? Confiando en Dios y fiándonos de su Palabra ¡Esa es la clave del éxito!

Confiando en Dios y fiándonos de su Palabra vencemos cualquier tentación. Porque todas tienen siempre un común denominador: hacer que desconfiemos de Dios y que busquemos salir adelante siguiendo los laberintos del demonio: el egoísmo, buscar lo inmediato, usar a Dios y a los demás, y creer que todo se vale para alcanzar lo que queremos.

El egoísmo nos hace ver solo una parte de la realidad: lo material. Así nos hace creer que nada es más importante que satisfacer nuestras necesidades inmediatas y nuestros gustos, consumiendo sensaciones y emociones gratificantes, y llenándonos de cosas. Pero cuando se pasa la sensación y la emoción, terminamos insatisfechos. Entonces el demonio nos propone otra tentación: usar a Dios para que haga lo que queremos; curarnos de una enfermedad, solucionarnos un problema, ¡hasta sacarnos la lotería! Eso sí, sin comprometernos a vivir como nos pide. Pero de esta manera, terminamos desilusionados al buscar a un dios a nuestra medida, no al Dios verdadero.

Y es en ese momento cuando el demonio utiliza su arma letal: la ambición de poder; salirnos con la nuestra, tener éxito y dinero, rindiéndonos a sus “métodos”: mentir, hacer trampa, manipular, chismear, maltratar y hacer lo que sea para lograr lo que queremos, sin preocuparnos de si es bueno o malo. Pero así, al tiempo de lograr solo un éxito incompleto que tarde o temprano se acaba, terminamos plagando nuestro hogar y nuestro mundo de soledad, injusticia, corrupción, pobreza, contaminación y violencia ¡Provocamos un caos que nos daña a todos! Porque, como dice san Agustín, con lo que hacemos de malo a otros, nos perjudicamos a nosotros mismos[5].

Para que eso no nos suceda, Jesús nos enseña a dejarnos guiar por la Palabra de Dios, que nos hace ver la realidad completa. Así nos daremos cuenta que, si bien tenemos necesidades físicas, emocionales y sociales, también tenemos una gran necesidad espiritual: saber qué hacer para salir adelante, a nivel personal, familiar, social, político, económico, científico, cultural y deportivo. Y es precisamente la Palabra de Dios la que nos lo dice: amando y haciendo el bien. Así nos realizamos. Así progresamos. Así construimos una familia y un mundo mejor. Y así llegamos a la meta: la casa del Padre, de quien salimos y en quien seremos felices por siempre.

Por eso, ¡confiemos en la Palabra de Dios! Leámosla a menudo, meditémosla y hagamos lo que nos dice, como pide el Papa[6] ¡Es el mejor GPS que puede existir! No andemos por la vida sin ella.

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Gn 2,7-9; 3,1-7.
[2] Cf. 2ª Lectura: Rm 5,12-19.
[3] Catena Aurea.
[4] Cf. Sal 50.
[5] Confesiones Libro II, Cap. X, 1-3.
[6] Ángelus, 5 de marzo de 2017.

 

 

Mensaje de Mons. Eugenio Lira para la Cuaresma de 2020

 

#CuaresmaChallenge
Mensaje para la Cuaresma de 2020
+Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

 

Amigas y amigos:

Este Miércoles de Ceniza, Dios, que nos quiere mucho, nos invita a entrarle al #CuaresmaChallenge, una oportunidad maravillosa de volver a él, reencontrarnos con nosotros mismos y abrirnos a los demás.

Lo necesitamos. Porque muchas veces nos hemos alejado de Dios y nos hemos dañado a nosotros mismos y a los que nos rodean, siendo egoístas, tratándolos como si fueran cosas, y echando a perder el medioambiente.

Pero Dios, que nos ha creado por amor, envió a su Hijo para que, haciéndose uno de nosotros y amando hasta dar la vida, nos liberara del pecado, nos compartiera su Espíritu y nos hiciera hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz. 

Lo único que necesitamos es dejarnos sanar por él y vivir como nos enseña: amando y haciendo el bien, tomándonos en serio las cosas, como aconseja Jesús[1], sin aparentar[2].

Imponiéndonos la ceniza le decimos a Jesús que sí; que le entramos al #CuaresmaChallenge, aceptando cinco cosas: meditar su Palabra, recibir sus sacramentos, orar, ayunar y ayudar a los demás.

Con su Palabra nos orientamos. Con la Confesión sanamos y con la Eucaristía nos alimentarnos. Con la oración nos vitaminamos. Con el ayuno y la abstinencia salimos del egoísmo. Y ayudando a los demás mejoramos su vida.

Entrarle al #CuaresmaChallenge es, como dice el Papa, sacudirnos la modorra[3]. Es comprender que Dios nos ha hecho para lo grande. Es dejarnos ayudar por él y dar más. Es tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Es poner de nuestra parte para que las cosas mejoren en casa y en el mundo ¡Aceptemos este desafío! ¡Vale la pena!

 

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[1] Cf. Mt 6, 1-6. 16-18.
[2] Cf. San Agustín, De sermone Domini, 2, 2.
[3] Mensaje para la Cuaresma 2020.

 

Encuentro diocesano de Pastoral de la Salud

Asunto: Encuentro diocesano de Pastoral de la Salud
H. Matamoros, Tam., a 22 de febrero de 2020,
Año de Preparar el terreno.

 

 

A los agentes de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Matamoros:

En este Año de preparar el terreno, y a la luz de XXVIII Jornada mundial del Enfermo, animo a todos los sacerdotes a que promuevan en sus Parroquias la Pastoral de la Salud, como una forma de hacer vida el Evangelio.

También invito a los agentes de Pastoral de la Salud al Encuentro Diocesano que se llevará a cabo el sábado 29 de febrero a partir de las 9 am, en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en Reynosa, Tam. (calle J. De Escandón y Occidental, Col. Longoria C.P. 88600, Reynosa, Tam).

Contando con la intercesión de Nuestra Madre, Refugio de pecadores, sigamos  adelante, siendo instrumentos de Jesús, que continúa haciendo el bien y tendiendo la mano a cuantos padecen alguna enfermedad.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Colecta anual del Seminario 2020

Asunto: Colecta anual del Seminario 2020
H. Matamoros, Tam. a 22 de febrero de 2020
Año de preparar el terreno.

 

Al Pueblo de Dios de la Diócesis de Matamoros:

Como cada año, el próximo 1 de marzo, I Domingo de Cuaresma, se llevará a cabo en todas las parroquias la Colecta Anual a favor de nuestro Seminario San José de Matamoros, en el que el Señor Jesús continúa la obra de formar a aquellos que ha llamado a participar de su sacerdocio único y eterno. 

Además, durante varios días, los seminaristas realizarán el Boteo en diversas calles de las ciudades que conforman el territorio diocesano, con el apoyo de los  jóvenes de Pastoral Juvenil.

Pidiendo a Dios su bendición, ruego a los sacerdotes, diáconos y fieles apoyar estas iniciativas, y orar para que el Señor conceda a su Iglesia muchos y santos sacerdotes.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el VII Domingo Ordinario, ciclo A

“Amen a sus enemigos” (cfr. Mt 5, 38-48)

El domingo pasado compartíamos el testimonio de personas que, a pesar de una discapacidad, una pena o un problema, han conquistado grandes triunfos. Y decíamos que la clave de su éxito es que se dieron cuenta que podían más, y estuvieron dispuestos al esfuerzo para lograrlo.

A eso nos invita Jesús: a dar siempre más. Lo hace por nuestro bien. Porque solo dando más tendremos mejores resultados. Por eso, recordándonos quiénes somos, nos dice: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” ¡Somos hijos de Dios, que es misericordioso[1]! Debemos ser como él, y amarnos a nosotros mismos y a los demás[2]. Lo podemos hacer porque su Espíritu de amor está en nosotros ¡Somos su templo[3]!

Por eso Jesús nos invita a querernos y a no dejarnos destruir por el odio. Él, que fue víctima de chismes, injusticias y violencias, supo ser libre y enfrentarlo todo con identidad, como Hijo de Dios: amando y haciendo el bien. Así fue capaz de salir adelante y transformar todas las cosas, venciendo al pecado, compartiéndonos su Espíritu, uniéndonos a Dios y haciendo triunfar para siempre la verdad, el bien y la vida.

Quizá muchos nos hayan lastimado: la familia, los amigos, los compañeros ¡Tanta gente! Pero como decía san Juan Pablo II, no podemos permanecer prisioneros del pasado[4]. No nos merecemos vivir con la herida abierta y siempre sangrante del rencor. “¿De qué aprovecha –dice san Agustín– el que una vez herido, vuelvas tú a herir?”[5]. Así no se resuelve nada ¡Al contrario! Terminamos encadenados al “me haces, te hago, a ver quién puede más”. Por eso Jesús nos invita a perdonar.

Perdonar no es olvidar o negar lo que sucedió. El perdón, como explica san Juan Pablo II, exige la verdad y la justicia[6]. Por eso, lo que Jesús enseña es a distinguir entre la justicia y la venganza, expresión de odio, y a entender que solo el bien hace que las cosas cambien realmente, como señala el Papa Francisco[7]. Perdonar es aprender de lo que sucedió que sólo el amor construye[8].

Por eso, amemos a todos; a los que nos quieren y queremos, y a los que no queremos y no nos quieren. Es difícil. Pero si nos dejamos ayudar por Jesús a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración y de los buenos consejos, poco a poco iremos adelante. No lo olvidemos ¡Somos hijos de Dios! ¡Somos grandes! No nos cortemos las alas ¡Podemos dar siempre más!

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 102.
[2] Cf. 1ª Lectura: Lv 19,1-2.17-18.
[3] Cf. 2ª Lectura: 1 Cor 3,16-23.
[4] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1997, 3.
[5] De sermone Domini, 1, 19.
[6] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1997, 5.
[7] Cf. Ángelus, Domingo 19 de febrero de 2017.
[8] Cf. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1997, 3.