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XI Domingo Ordinario, ciclo B (2018)

El Reino de Dios es como un grano de mostaza (cf. Mc 4, 26-34)

Casi a todos nos gusta ver resultados rápido. Si nos ponemos una loción para que crezca el cabello, queremos verlo abundante en una semana. Si empezamos a hacer ejercicio, queremos tener una figura espectacular en un mes. Si estudiamos un nuevo idioma, queremos hablarlo a la perfección en quince días ¡Somos así! El problema es que esa impaciencia puede llevarnos a desanimarnos y a “tirar la toalla”.

Sin embargo, hay que tener presente que las cosas toman tiempo. De ahí el refrán: “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Si lo comprendemos, aprenderemos a hacer lo que debemos hacer y a tener paciencia para ser constantes ¡Así veremos resultados! Porque hay que ir paso a paso.

Es lo que Jesús nos enseña a través de la parábola del hombre que siembra la semilla, que poco a poco va creciendo y produciendo fruto. Él es esa semilla que el Padre plantó en el mundo para que, encarnándose de María y amando hasta dar la vida, nos liberara del pecado y de la muerte, nos hiciera fructificar dándonos su Espíritu y nos concediera anidar para siempre en la casa del Padre, como anunciaba el profeta Ezequiel[1].

Y toda esta maravilla comenzó de manera muy sencilla, como empieza todo; un gran árbol proviene de una semilla, un ser humano de una célula llamada cigoto, un atleta primero anduvo a gatas antes de jugar fútbol, un pintor comenzó haciendo trazos antes de realizar obras de arte. De igual manera, Jesús comenzó por hacerse pequeño al encarnarse de María para sembrar en nosotros su Palabra, que produce el fruto de la eternidad.

Lo único que hace falta es que la recibamos ¿Cómo? Comenzando por tener buenos deseos y procurar hacer el bien, como dice san Gregorio Magno[2]. Así, dejando que el amor inspire nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar, Dios nos ayudará a ir madurando poco a poco hasta que, cuando llegue el momento de la ciega, es decir, el juicio final, podremos gozar del fruto del amor unidos a él por toda la eternidad[3].

Claro está que esto sigue un proceso. Por eso san Felipe Neri decía que no se llega a santo en cuatro días, sino poco a poco[4]. No seamos impacientes. Nadie puede, de la noche a la mañana, ser la mejor persona, el mejor marido, la mejor esposa, el mejor padre, la mejor madre, el mejor hermano, el mejor cristiano, ni el mejor ciudadano. Hay que ir poco a poco, avanzando cada día, guiados por la fe, como dice san Pablo[5].

Esa fe que, como señala el Papa, nos hace ver que la victoria de Dios es segura; que su amor hará brotar y hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza, al compromiso y a la esperanza, a pesar de las injusticias, problemas y sufrimientos[6]. Así que a echarle ganas. Y paciencia, con nosotros y con los demás.

Porque a siempre habrá cosas que no nos gusten en casa, la escuela, el trabajo, la Iglesia y la sociedad. Pero no seamos como aquél que entró a la farmacia y preguntó: “¿Tiene pastillas para la impaciencia? ¡Ya déjelo! ¡Adiós!”. No exijamos que los demás sean perfectos ya. Como Jesús, sembremos en ellos la semilla del amor, con paciencia y perseverancia, confiando en que Dios hará germinar, poco a poco, en nuestra familia y en el mundo, la verdad, la justicia, el bien, el progreso y la vida.

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Ez 17, 22-24.
[2] Cf. Catena Aurea, 6426.
[3] Cf. Sal 91.
[4] Cf. Manuscrito ACOR, A. III. 9, en www.oratorio.mx.
[5] Cf. 2ª Lectura: 2 Cor 5, 6-10.

 

 

Réplica de la Capilla Sixtina en Cd. Reynosa, Tamaulipas

 

El 15 de junio del 2108 a las 7 pm se llevó a cabo en las instalaciones del Parque Cultural Reynosa la inauguración de la Réplica de la Capilla Sixtina, obra patrocinada principalmente por el Grupo Financiero Banorte y Maseca de México.

El Sr. Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca y su esposa Mariana Gómez asistieron al evento así como los Obispos Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros y Mons. Mario Alberto Avilés, Obispo Auxiliar de la Diócesis de Brownsville, Texas, Antonio Berumen, Director General del Proyecto, Gabriel Berumen, Productor, entre otras autoridades y personalidades.

Esta obra itinerante por el País estará en Cd. Reynosa un mes a partir del 16 de junio del presente año, de forma gratuita para toda la familia, con la consigna de mostrar a los ciudadanos réplicas de las pinturas contenidas en la Capilla Sixtina, edificio que forma parte del Vaticano en la ciudad de Roma, Italia.

En su intervención Mons. Eugenio Lira, Obispo de Matamoros expresó: “vale la pena visitar esta impresionante exposición, patrimonio artístico de la humanidad, que brotando de la fe, nos invita a la reflexión”.

Obtenga sus boletos en http://sixtinaenmexico.com  La entrada es gratuita. También puede ir directamente al lugar y se le asignará un boleto gratuito.

 

Encuentro Diocesano de las Obras Misionales Pontificio Episcopales

Las Obras Misionales Pontificio Episcopales (OMPE) son una gran ayuda para animarnos a vivir la misión que Jesús nos ha confiado: compartir con todos la alegría del Evangelio, saliendo incluso más allá de nuestras fronteras.

Por eso los invito a participar en el Encuentro Diocesano de la OMPE  que se llevará a cabo el próximo sábado 23 de junio en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de Reynosa, Tam., de las 8:00 am a las 3:00 pm, y que en esta ocasión se centrará especialmente en la Unión de Enfermos Misioneros (UEM), con la guía de las Hermanas del Instituto de colaboradoras del Apostolado Social y el Padre Roberto Figueroa Velázquez.

Les pido de manera especial a todos los agentes de pastoral de la salud, y que se dedican a visitar a las personas mayores, que asistan a este encuentro, que será de mucha ayuda para acrecentar nuestra espiritualidad y labor misionera.

Pongamos en manos de Dios, por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de Pecadores, este Encuentro, para que produzca muchos frutos en bien de nuestra comunidad diocesana, de toda la Iglesia y del mundo entero.

+Eugenio  Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

X Domingo Ordinario, ciclo B (2018)

Quien cumple la voluntad de Dios, es mi familia (cf. Mc 3, 20-35)

La confianza es básica en toda relación. Y sólo se puede confiar en quien nos demuestra que es bueno y que busca nuestro bien. Sin embargo, a veces nos falla y confiamos en quien no debemos.

Eso les pasó a Adán y a Eva; aunque Dios les había demostrado que era bueno y que quería su bien creándolos, dándoles todo y enseñándoles a distinguir lo bueno de lo malo para que eligiendo el bien fueran felices por siempre, prefirieron confiar en el demonio, que les sugirió inventarse su propio bien y su propio mal[1].

Pero como la realidad es lo que es y no lo que a nosotros se nos antoje, terminaron por echarlo todo a perder; confundieron a Dios con un enemigo del que hay que alejarse; se sintieron solos, débiles y a disgusto consigo mismos; y se vieron uno al otro como un objeto que puede usarse y desecharse según la propia conveniencia.

Por desgracia, esta historia se repite en nuestra vida; seducidos por el demonio, desconfiamos de Dios y decidimos inventarnos nuestro propio bien y nuestro propio mal. Así, si se nos antoja toda clase de placeres, ¡a darle al cuerpo lo que pida! Si nos conviene ser mentirosos, injustos, infieles, tramposos, flojos, corruptos, envidiosos, indiferentes y violentos, ¡adelante! ¡Todo se vale!

Pero de esta manera, tarde o temprano, echamos a perder nuestra vida, nuestra salud, nuestro matrimonio, nuestra familia, nuestra sociedad y nuestro medioambiente. Y quizá, como Adán y Eva, en lugar de reconocer nuestros errores, pedir perdón y corregirnos, le echemos la culpa a los demás; a los papás, a la pareja, a la sociedad, a la Iglesia y al mundo. Sin embargo, eso no resuelve nada.

Dios, que nos ama, nos rescata y nos ayuda a rehacerlo todo y a mejorarlo cada vez más. Para eso se hizo uno de nosotros en Jesús, quien, confiando en el Padre y amando hasta dar la vida, venció con el poder del amor al demonio y nos liberó de la prisión del pecado en la éste nos había encerrado[2], nos dio su Espíritu, nos unió a él y nos hizo hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz.

Sin embargo, el demonio insiste en que desconfiemos de Jesús; a través de una mala amistad, de una ideología o de la moda, hace que lo veamos fuera de la realidad, como hizo con algunos de sus parientes, que llegaron a decir que estaba loco. Satanás trata hacernos pensar que conocer la Palabra de Dios, ir a Misa, confesarse, orar, buscar la verdad y hacer el bien es vivir fuera de la realidad. Incluso, procura que, ante la evidencia de que Jesús es el Salvador, lo neguemos, como los escribas, que decían que estaba poseído por Satanás.

Frente a todo esto, Jesús nos invita a unir la fe y la razón para comprender la realidad. Así, a los escribas les ayuda a darse cuenta de lo ilógico de su argumento, haciéndoles ver que un reino o una familia divididos no pueden subsistir ¿Y de dónde viene la división? De la desconfianza, fruto del desamor, que puede llevarnos hasta blasfemar contra el Espíritu Santo rechazando la salvación que Dios nos ofrece, y a terminar condenándonos para siempre[3].

No caigamos en la trampa. Confiemos en Dios y cumplamos su voluntad[4], dejándonos amar por él, amándolo, amándonos a nosotros mismos y amando a los demás. Así, como María, seremos parte de su familia. Hagámoslo, a pesar de que cueste trabajo, sabiendo que, aunque esta morada terrena se desmorone, él nos tiene preparada una morada eterna en el cielo[5] ¡A echarle ganas!

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Gn 3, 9-15.
[2] Cf. SAN BEDA, Catena Aurea, 6323.
[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1864.
[4] Cf. Sal 130.
[5] Cf. 2ª Lectura: 2 Cor 4,13-5,1.

 

 

 

Internet y las redes sociales para comunicarnos mejor

Internet y las redes sociales nos abren muchas posibilidades. Pero es necesario usarlas bien y para el bien. No para aislarnos, sino para comunicarnos mejor. No para difundir mentiras, sino para contar verdades.

“Internet es un don de Dios, pero también es una gran responsabilidad. La comunicación, sus lugares, sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes, un ensanche, para tantas personas. Aprovechemos las posibilidades de encuentro y de solidaridad que ofrecen las redes sociales. Y que la red digital no sea un lugar de alienación. Sea un lugar concreto, un lugar rico de humanidad.

Pidamos juntos para que las redes sociales no anulen la propia personalidad, sino que favorezcan la solidaridad y el respeto del otro en sus diferencias.”

 

 

 

Votar de forma responsable y orar por el proceso electoral

A un mes de la elección de Presidente de la República, senadores, diputados y presidentes municipales, les recuerdo a los que están en edad y condiciones para votar que es muy importante cumplir con esta responsabilidad ciudadana el próximo domingo primero de julio. Para hacerlo bien, podemos seguir cinco pasos:

1. Informarnos;
2. Reflexionar;
3. Compartir con respeto nuestros puntos de vista con otras personas para enriquecernos mutuamente;
4. Acudir responsable y libremente a votar por aquellos candidatos que consideremos que son los mejores;
5. Participar en la construcción de una sociedad próspera y en paz.

Como creyentes, es también importante pedir a Dios por el proceso electoral (no a favor o en contra de partidos o candidatos concretos). Para ello, les propongo la siguiente oración, que puede rezarse al final de la Santa Misa, en reuniones de grupos de apostolado, en casa o en otros momentos:

Señor, ahora que viene el momento de elegir a nuestros gobernantes y a los que nos van a representar, te pedimos que nos ilumines para que, debidamente informados y habiendo reflexionado, votemos libre y responsablemente por aquellos que consideremos los mejores para sacar adelante a nuestro país, a nuestro estado y a nuestro municipio, y ayúdanos para que todos participemos con ganas en la construcción de un México próspero y en paz. Te lo pedimos por intercesión de nuestra Madre la Virgen de Guadalupe. Amén.

Encomendando a todos al Señor, pido a los sacerdotes dar a conocer a los fieles esta circular al término de las celebraciones eucarísticas dominicales.

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

H. Matamoros, Tam., 1 de junio de 2018

 

 

Mons. Ignacio Vaquera cumple 40 años de vida sacerdotal

En punto de las 7 pm del primer día de junio del 2018 la comunidad diocesana dio gracias al Señor en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Matamoros) por los 40 años de vida sacerdotal de Mons. Ignacio Loth Vaquera Gallardo.

Originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, se formó en los seminarios de Matamoros y Monterrey, Nuevo León. Sacerdote dinámico, creativo y de gran preocupación pastoral por las familias.

Ha ejercido su ministerio como formador del Seminario (Monterrey, N.L.) y en las Parroquias de San Martín de Porres (Reynosa), Nuestra Señora de San Juan de los Lagos (Matamoros), Nuestra Señora de Guadalupe (Valle Hermoso) y actualmente en Nuestra Señora de Guadalupe (Reynosa).

Elevamos nuestra oración para que siga siendo un sacerdote entregado a la comunidad. Oramos por las vocaciones.

Oremos por las vocaciones

 

IX Domingo Ordinario, ciclo B (2018)

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.

“¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”, preguntaron a Jesús los fariseos, que, sintiéndose superiores a todos, estaban siempre dispuestos a acusar a los demás. Por desgracia hay muchos como ellos; personas que, como dice san Agustín: “no buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder”[1].

¡Qué diferente es Jesús! Él, que nos ama, lo demuestra cuando a esos que creyéndose perfectos condenaban a todos, les responde: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Con estas palabras no enseña a desobedecer las leyes y las normas, sino algo mucho más profundo; nos hace entender que todo lo que Dios hace, dice y manda es para nuestro bien.

Precisamente, el mandamiento de santificar el sábado tenía como fin ayudar al pueblo a imitar a Dios[2], que como dice el relato de la creación, descansó el séptimo día ¡Todo lo que Dios hace es a nuestro favor! Por eso nos liberó de la carga del pecado[3] ¿Cómo? Haciéndose uno de nosotros en Jesús[4], quien por eso se declara “dueño del sábado”.

Y dado que Jesús, Dios encarnado que dio su vida para rescatarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos del Padre, resucitó el domingo, el sábado ha quedado sustituido por este día, que anuncia la creación renovada y la esperanza de descansar para siempre con Dios[5].

Por nuestro bien, Dios nos invita el domingo a unirnos a él y recibir la fuerza de su amor participando en la Santa Misa, y a renovar nuestro matrimonio, nuestra familia y nuestra sociedad, conviviendo para hacer de la casa un verdadero hogar y de nuestra sociedad un lugar donde todos podamos vivir en paz, progresar, encontrar a Dios y ser felices.

Así lo enseña Jesús cuando en la sinagoga pone en medio al hombre de la mano tullida. Lo hace para que, como explica san Juan Crisóstomo, viéndolo, los demás se compadezcan[6]. Él quiere que aprendamos a ver a las personas; que tomemos conciencia de papá, de mamá, de los hijos, de la esposa, del esposo, de los hermanos, de la suegra, de la nuera, de los vecinos, de los compañeros de escuela o de trabajo, y de los más necesitados ¡No son cosas! ¡Son personas!

Ante ellos, nos pregunta: “¿Qué está permitido hacer, el bien o el mal”. Los fariseos se quedaron callados, porque no entendían que, como señala el Papa: “lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, no la cantidad de datos y conocimientos que acumulen”[7] ¿Y nosotros? ¿Qué le contestamos?

Ojalá, como él, que vio y sanó al hombre que tenía la mano tullida, seamos capaces de ver y ayudar a la familia y a los que nos rodean, sin condenarlos, sino comprometiéndonos a hacer el bien, como hijos, como padres, como esposos, como hermanos, como estudiantes, como trabajadores y como ciudadanos.

Si sentimos que nos cuesta trabajo porque tenemos el corazón un poco tullido, no nos desanimemos; dejémosle a Jesús que nos sane para que su amor se extienda en nosotros de tal manera que podamos amar y hacer el bien a los demás.

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Sermón 19, 2.
[2] Cf. 1ª Lectura: Dt 5,12-15.
[3] Cf. Sal 80.
[4] Cf. 2ª Lectura: 2 Cor 4,6-11.
[5] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, 452.
[6] Cf. Homilia in Matthaeum, hom. 41.
[7] Gaudete et exsultate, 37.

 

 

Arzobispo emérito tamaulipeco fallece: Mons. Arturo Szymanski

Elevamos nuestras oraciones como familia diocesana por el eterno descanso de Mons. Arturo Szymanski Ramírez tamaulipeco y Arzobispo emérito de San Luis Potosí. Descanse en paz.

Curriculum Vitae

Nació el 17 de enero de 1922 en Tampico.
Cursos sus estudios en los seminarios de Tampico, San Luis Potosí y de Montezuma EUA.
Se ordeno el 22 de marzo de 1947 para la Diócesis de Tampico.
Nombrado Obispo por el Papa Juan XXIII en 1960, Coadjutor de San Andrés Tuxtla.
El Papa Juan XXIII lo nombró Obispo de San Andrés Tuxtla el 20 de febrero de 1965.
Fue trasladado a la Diócesis de Tampico por el Papa Pablo VI el 13 de agosto de 1968.
El Papa Juan Pablo II lo nombró primer Arzobispo de San Luis Potosí el 29 de enero de 1987.
Fue aceptada su renuncia 20 de enero de 1999 por el Papa Juan Pablo II.

Desempeño los siguientes cargos en la CEM:

Presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia, Música y Arte Sacro durante dos trienios.
Presidente de la Comisión Episcopal del Clero dos trienios.
Representante de la Región pastoral del Bajío, trienios 1989-1991, 1991-1994.
Vocal del Consejo de Presidencia Trienio 1989-1991.
Vocal de la Comisión Episcopal de Diócesis 1997-2000.
Presidente de la Comisión Episcopal de Causas de Canonización dos trienios.
Suplente ante el Consejo Nacional de la Basílica de Guadalupe trienio 2003-2006, 2006-2009.
Vocal de la Comisión Episcopal del Clero trienio 2003-2006.

Ante el CELAM presto los siguientes servicios:
Miembro del Departamento de Liturgia, dos períodos.

Ante la Curia Romana presto los siguientes cargos:
Padre Conciliar en el Concilio Vaticano II (1962-1965)
Miembro del Comité Central de los Congresos Eucarísticos Internacionales.

 

 

Procesión de Corpus Christi por las calles de Matamoros

La Iglesia celebra la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo el próximo jueves 31 de mayo de 2018. El Decanato de Catedral conformado por las Parroquias de San Francisco, Cristo Rey, Sagrado Corazón, Nuestra Señora del Refugio, Sagrada Familia y Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, invitan a la procesión con el Santísimo Sacramento para adorar a Jesús en nuestra ciudad y pedir por la paz de nuestras comunidades.

Se partirá de las Parroquias de San Francisco (Col. San Francisco) y Nuestra Señora de San Juan (Col. Modelo) a las 5 pm del jueves para recorrer con el Santísimo por las calles de la ciudad, hasta llegar a la Catedral a las 7 pm para tener un momento de adoración y terminar este peregrinar con la Santa Misa a las 8 pm.

Favor de vestir de blanco como color eucarístico y de paz. Todos invitados para esta procesión.

Recorrido 1) Se parte de la Parr. San Francisco a las 5 pm, para ir por la calle Río Bravo y llegar a Parr. Cristo Rey. Luego por la calle Laguna Madre hasta calle 12, cruzar Diagonal y por la calle 10 hasta la Parr. Sagrado Corazón. De allí por calle Morelos hasta Catedral.

Recorrido 2) Se parte de la Parr. San Juan de los Lagos, hacia la calle Tamaulipas y llegar a la calle González, donde se encontrarán con los peregrinos de la Parr. Sagrada Familia. De allí hasta Catedral.

Explicación de la fiesta
http://es.catholic.net/op/articulos/1342/jueves-de-corpus-christi.html

Historia de la Solemnidad del Corpus Christi
https://www.aciprensa.com/Eucaristia/historia.htm

 

 

 

Se invita para el retiro de sanación interior en San Fernando, Tam.

“Dios hace maravillas en su pueblo”. Una de esas maravillas es sanar el interior de cada persona: perdonar, reconciliarse, amar, servir. Un clima adecuado en un lugar especial, es lo que brindan estos retiros que se realizan en cada ciudad. Todos invitados. Si alguien vive en Reynosa o Matamoros, habrá transporte que los lleve directamente hasta el retiro, en la ciudad de San Fernando, favor de contactarse en los números telefónicos. En oración para que Dios renueve nuestros corazones.

 

 

Foto de archivo/FB/ Mons. Lira

 

Agentes de Pastoral Vocacional tendrán asamblea diocesana

El próximo 9 de junio del 2018 laicos, religiosas, seminaristas y sacerdotes responsables de la promoción vocacional tendrán una asamblea, para evaluar los procesos de discernimiento vocacional de los jóvenes y trazar líneas que favorezcan la difusión de rezar y trabajar por las vocaciones. Se llevará a cabo en las instalaciones del Seminario de Matamros. Mayores informes (868) 812-0623.

 

Foto de archivo/Seminario

 

La Santísima Trinidad, ciclo B (2018)

Bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 16-20)

Hoy, como los discípulos, estamos delante de Jesús. Quizá lo hagamos con dudas y reparos. Pero aquí estamos. Y si dejamos que el Espíritu Santo nos ayude, reconoceremos que él es el Dios único, autor de cuanto existe, que se ha hecho uno de nosotros para rescatarnos del pecado y unirnos a él, que es misericordioso[1].

El Espíritu Santo nos echa la mano para descubrir que a través de sus mandamientos Dios nos enseña el arte de vivir para ser felices, hacer felices a los demás, y alcanzar una felicidad sin final[2]. Esos mandamientos que se resumen en amarlo a él, amarnos a nosotros mismos y amar al prójimo. Y del amor brota el deseo de la unidad[3]. Por eso Jesús nos pide: “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a seguir todo lo que yo les he mandado”.

Mediante el bautismo, Dios nos libera del pecado, que separa y divide, y nos une a él y entre nosotros ¿Cómo lo hace? Comunicándonos la fuerza de su amor, el Espíritu Santo, que nos une a Jesús de tal manera que nos convertimos en hijos del Padre y herederos de su vida por siempre feliz, que consiste en amar[4].

Pero, ¿es posible amar a los que sienten, piensan, hablan y actúan de forma muy diferente a la nuestra? ¡Claro que sí! Esto nos lo demuestra Dios mismo, que aún siendo único no es solitario, sino familia: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas, pero unidas. Cada uno Dios y Dios los Tres en conjunto, como decía san Gregorio Nacianceno[5] ¡Hoy celebramos esta verdad!

Dios, recuerda el Papa, es familia divina de Tres, que ha venido para llamarnos a formar parte de ella[6] ¿Cómo? Viviendo y testimoniando que el amor, que en definitiva es Dios, es capaz de unir más allá de las diferencias. Porque unidad no es uniformidad, decía san Juan Pablo II[7]. Precisamente, como señala el teólogo Ratzinger, la fe trinitaria, que admite lo plural en la unidad de Dios, consolida la valoración positiva de lo múltiple[8].

Valoremos que cada uno tengamos nuestra propia forma de ser, de sentir, de pensar, de hablar y de actuar; distintos gustos, cualidades, aficiones, ¡y que hasta le vayamos a equipos diferentes! Eso nos enriquece ¡Imagínense que todos fuéramos iguales! Además de aburrido, eso haría imposible la sobrevivencia y el desarrollo.

Quizá nos cueste entenderlo y aceptarlo, sobre todo cuando algunas de esas diferencias nos molestan ¿Qué hacer? Recordar que Jesús, que está con nosotros todos los días, nos echa la mano. Encontrémoslo en su Iglesia, a través de su Palabra, sus sacramentos –sobre todo la Eucaristía– y la oración, para que nos comunique de parte del Padre la fuerza de su Espíritu de amor.

Así, con su ayuda, seremos capaces de amar, respetar, comprender, escuchar, dialogar, actuar con justicia, ser solidarios, ayudar, perdonar y pedir perdón. De esta manera enseñaremos con el ejemplo a los demás a seguir lo que Jesús nos ha mandado, y nos convertiremos en constructores de unidad en casa, la escuela, el trabajo, la Iglesia y la sociedad, dando testimonio, como dice el Papa, que nuestro Dios, el único Dios, “es el Dios del Padre nuestro, no del «padre mío» y «padrastro vuestro»”[9].

 

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 32.
[2] Cf. 1ª Lectura: Dt 4 32.34. 39-40.
[3] Cf. Ut unum sint, 21.
[4] Cf. 2ª Lectura: Rm 8, 14-17.
[5] Cf. Orationes, 40, 41: PG 36, 417.
[6] Cf. Angelus, 22 de mayo de 2016.
[7] Cf. Audiencia, Miércoles 14 de diciembre de 1994.
[8] Cf. Introducción al cristianismo, Ed. Sígueme, Salamanca, 200, p. 152.
[9] Santa Misa en el área del Centro de Estudios de Ecatepec, 14 de febrero de 2016.

 

 

Solemnidad de Pentecostés

Como el Padre me ha enviado, así los envío yo… reciban el Espíritu Santo (cf. Jn 20, 19-23)

Si somos sinceros, debemos reconocer que a veces vivimos encerrados. Las causas pueden ser muchas: habernos sentido heridos y decepcionados por la esposa, el esposo, papá, mamá, los hermanos, la novia, el novio, los amigos, los compañeros, la Iglesia; ver un mundo plagado de mentiras, injusticias, corrupción, violencia y muerte.

Entonces, atemorizados y desesperanzados, terminamos encerrándonos en nosotros mismos, clausurando las puertas del corazón a Dios y a los demás. Y sólo las abrimos cuando nos conviene para utilizarlos, cerrándolas después de nuevo y dejando que cada uno se las arregle como pueda.

Pero, ¿qué sentido tiene una vida así? Dios, que nos ha creado y nos ama, no quiere eso para nosotros. Por eso envía a Jesús resucitado que, mostrándonos las heridas de sus sus manos y su costado, cura nuestras dudas, como dice san Agustín[1], al probarnos que podemos confiar en él, que nos ha amado hasta dar la vida, y al demostrarnos que el amor es más poderoso que el pecado, que el mal y que la muerte[2] ¡Así nos da la paz!

E invitándonos a comunicar a todos esta buena noticia que nos da la esperanza que necesitamos para seguir adelante, nos hace partícipes de la misión que el Padre le confió: compartir con todos el amor de Dios, que hace triunfar para siempre la verdad, el bien y la vida. Para eso nos comunica la energía del Espíritu Santo, el Amor que nos renueva[3], que nos llena plenamente, y que nos hace capaces de hablar el idioma que todos entienden: el amor, que conduce a la unidad y el progreso[4].

¿Cómo lo hace? Ayudándonos a descubrir que todo lo que somos y poseemos es un regalo de Dios para nuestro bien y el de los demás[5]. Mi cuerpo, mis afectos, mi inteligencia, mi voluntad, mi fe, mis conocimientos, mi tiempo, mis recursos económicos y materiales, son dones que Dios me ha dado para ser cada vez mejor, ayudando a mi familia y a la gente que me rodea, especialmente a los más necesitados, a que tengan una vida digna, a que progresen, a que encuentren a Dios y sean felices.

“El mundo –recuerda el Papa– tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo”[6] ¡Por favor!, nada de vivir encerrados, indiferentes a lo que sucede en casa y en el mundo. Nuestra familia, nuestra Iglesia y nuestra sociedad nos necesitan ¡Salgamos del encerramiento de pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros placeres, gustos y necesidades! ¡Salgamos del aislamiento que hace la vida solitaria, triste e infecunda, y hagamos algo para llevar paz a los que nos rodean!

Para eso, abrámosle las puertas del corazón a Jesús. Dejémosle que entre a través de su Palabra, sus sacramentos y la oración para que nos comunique al Espíritu Santo, luz que nos ilumina y nos enriquece con la fuerza del amor[7]. Así podremos ser instrumentos suyos para renovar nuestro matrimonio, nuestra familia y nuestro mundo.

Que no nos desanimen nuestros errores y malos momentos, porque, como dice el Papa, si no abandonamos el camino del amor y estamos abiertos a la acción de Dios, él nos sacará adelante[8] ¡A echarle ganas!

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Catena Aurea, 14019.
[2] Cf. Dives in misericordia, 15.
[3] Cf. Sal 103.
[4] Cf. 1ª Lectura: Hch 2, 1-11
[5] Cf. 2ª Lectura: 1 Cor 12, 3-7. 12-13.
[6] Homilía 24 de mayo de 2015.
[7] Cf. Secuencia.
[8] Gaudete et exsultate, 24.

 

 

Misa en Catedral para despedir a Mons. Margarito Salazar

El pasado 16 de mayo en punto de las 6:00 pm la comunidad celebró en la Catedral de Matamoros una Misa para rezar por la misión encomendada a Mons. Margarito Salazar: ser obispo de la Diócesis de Matehuala.

Mons. Eugenio Lira al inicio de la Misa se dirigió a Mons. Salazar de forma fraterna, como hermano pastor. Asistieron seminaristas, religiosas, matrimonios y laicos de diversas parroquias. Al término, Mons. Salazar se dirigió a la comunidad expresando su agradecimiento y pidiendo la oración para responder con fidelidad al llamado de Dios de servir a la Iglesia.

Mons. Margarito Salazar Cárdenas, es sacerdote católico nacido en la ciudad de Matamoros; primer sacerdote de la Diócesis que es llamado al orden del episcopado y el tercero en la historia del Estado de Tamaulipas en ser obispo.

 

Encuentro con Cristo Vivo y Pentecostés

Al Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Matamoros.

Queridos hermanos y hermanas:

Al final del tiempo pascual, en el que nos hemos llenado de la alegría del Resucitado, celebramos en Pentecostés que él nos ha comunicado la fuerza de su amor enviándonos al Espíritu Santo, para que podamos vivir cada día como hijos de Dios

Con el deseo de compartir esta dicha, el próximo 19 de mayo nos reuniremos de 9:00 am 5:00 pm en el Lienzo Charro “Los Tamaulipecos”, en Cd. Reynosa Tamaulipas, para La fiesta de Cristo vivo y Pentecostés, a la que están invitados jóvenes y adolescentes, movimientos juveniles, maestros de catecumenado, y asesores de pastoral juvenil y de pastoral vocacional.

Durante este evento, expositores de la editorial PPC nos ofrecerán algunas orientaciones para acompañar a nuestros jóvenes, de modo que juntos podamos ser verdaderos discípulos misioneros de Cristo, y contribuir a la mejora de nuestra sociedad.

A los que deseen acompañarnos, les pedimos llevar agua y alimentos, y aportar una cooperación de $10 (diez pesos).

Ponemos en manos de Dios, por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, esta gran fiesta, pidiendo que nos anime a seguir adelante en el camino de la santidad.

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

La Ascensión del Señor, ciclo B

Jesús subió al cielo (cf. Mc 16, 15-20)

Hoy, como los discípulos, miramos a Jesús subir al cielo. Lo hacemos con mucha esperanza. Porque como dice san Juan Crisóstomo: “Tú serás igualmente llevado al cielo”[1] ¡Sí! Al final de esta estupenda, dramática y temporal peregrinación terrena, nos aguarda una felicidad que jamás terminará.

Para eso nos creó Dios. Y aunque nos metimos en un terrible enredo al desconfiar de él y pecar, envió a su Hijo, que bajó del cielo y se hizo uno de nosotros para, amando hasta dar la vida, liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos del Padre, ofreciéndonos así la oportunidad de subir con él al cielo[2].

“¡Cuál no será tu gloria y tu dicha! –comenta san Cipriano–: ser admitido a ver a Dios… gozar… en compañía de los justos… las alegrías de la inmortalidad alcanzada”[3] ¡Qué maravilla! Mientras que todo en esta vida tarde o temprano se termina, allá, en el cielo, nuestra felicidad no tendrá límites ni final.

Por eso san Pablo pide a Dios que nos ilumine para que comprendamos cuál es la esperanza que nos da su llamamiento[4]. Así nos sentiremos motivados para echarle ganas y cumplir la misión que Jesús nos ha confiado: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”.

Vayamos a nuestra casa y a nuestros ambientes de vecinos, de estudio, de trabajo, de amistades, de noviazgo, de diversión, de ciudadanía y donde se sufre abandono y pobreza, y, con nuestra oración y nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar, anunciemos que Dios es amor, y que, por tanto, el único poder capaz de edificar una familia y un mundo mejor es el amor ¡Sólo el amor hace la vida por siempre feliz!

Ese amor ha de llevarnos a que, teniendo los pies en la tierra, miremos al cielo, nuestra meta; y así, unidos a Dios a través de su Palabra, sus sacramentos y la oración, encontrar la fuerza para traer un poco de cielo a la tierra, trabajando por la verdad, la justicia, la libertad, el progreso y la paz, procurando ser comprensivos, justos, pacientes, solidarios y serviciales, perdonando a los que nos ofenden y pidiendo perdón a los que ofendemos.

Ciertamente, esto no es fácil. Jesús mismo lo comprobó. Pero teniendo delante la meta, no dejó que nada lo desviara del camino ¡Hasta supo aprovechar las penas y los problemas para sacarnos adelante! Él, con su Ascensión[5], nos enseña lo realmente importante y nos alienta a dar lo mejor de nosotros, confiando en su ayuda, que nunca nos faltará.

Y si alguna vez nos sentimos abrumados y desanimados, ¡miremos al cielo! Porque, como dice el Papa, mirando hacia lo alto, reconoceremos nuestro futuro[6]. Así, teniendo delante la meta, recordaremos que todo se pasa y que al final nos espera una dicha que jamás terminará, que alcanza quien vive en el amor y hace el bien.

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

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[1] Catena Aurea, 11450.
[2] Cf. 1ª Lectura: Hch 1, 1-11.
[3] Ep. 56,10.
[4] Cf. 2ª Lectura: Ef 1, 17-23.
[5] Cf. Sal 46.
[6] Cf. Regina coeli, 8 de mayo de 2016.

 

 

Retiro de sanación interior en Matamoros

El movimento católico Conquistando las Naciones invita al retiro de sanación en H. Matamoros, Tamaulipas los días 25, 26, y 27 de mayo del 2018. Les esperamos en tan especial experiencia de Dios.

 

 

El Papa con motivo de la Jornada de las Comunicaciones: ¿cómo reconocer las «noticias falsas»?

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Mayo 13 de 2018

 

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz

 Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

 

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

 

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

 

  1. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

 

  1. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

 

Señor, haznos instrumentos de tu paz.

Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.

Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.

Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.

Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:

donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;

donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;

donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;

donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;

donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;

donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;

donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;

donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;

donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

 

Francisco