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La Santísima Trinidad

Todo lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu tomará de lo mío y se los dará
(cf. Jn 16,12-15)

Cuando contemplamos la creación, nos damos cuenta de la grandeza de Dios y de nuestra relación con él.

Porque, como dice el salmista, él, que lo ha hecho todo, nos coronó de gloria y dignidad[1]. Nos quiere tanto, que le gusta estar con nosotros[2] ¡Hasta se ha hecho uno de nosotros en Jesús para hacernos partícipes de su gloria![3]

El Padre envió a su Hijo para rescatarnos del lío en que nos metimos al desconfiar de él y pecar, con lo que rompimos nuestra unidad con él, con nosotros mismos, con los demás y con la creación, y abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte. Amando hasta dar la vida, Jesús nos ha liberado del pecado y ha hecho posible que nos unamos de nuevo a Dios, pero ahora como hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz.

Gracias a Jesús podemos entrar en la intimidad de Dios. Él nos lo ha dado a conocer. Y consciente de nuestras limitaciones, hoy nos dice que el Espíritu de la verdad nos irá guiando hasta la verdad plena y nos anunciará las cosas que van a suceder. El Espíritu nos guía hasta Dios, que, siendo único, no es solitario: es Padre, Hijo y Espíritu Santo[4].

Comenta el Papa: “Dios es una «familia» de tres Personas que se aman tanto que forman una sola cosa”[5]. Y esta “familia divina” no está cerrada en sí misma, sino que se comunica en la creación y en la historia y ha entrado en nuestro mundo para llamarnos a formar parte de ella. Por eso, el Espíritu de la verdad nos anuncia lo que sucederá: los gozos de la patria celestial, como señala san Beda[6]. Así nos anima y nos lleva hacia delante.

Dios, familia de tres personas distintas unidas en el amor, nos invita a unirnos a él y entre nosotros, haciéndonos ver que, como decía san Juan Pablo II, unidad no significa uniformidad[7].  ¿Acaso son iguales todos los colores con los que se pinta un cuadro? ¿Son idénticos todos los ingredientes para elaborar un platillo? ¿Juegan todos los futbolistas en la misma posición? ¿Verdad que no? Precisamente la diversidad hace posible la belleza, el sabor y que un equipo pueda coordinarse para alcanzar la victoria.

Por eso, la unidad que estamos llamados a construir en casa y en nuestros ambientes, no consiste en tratar que todos sintamos, pensemos, hablemos y actuemos de la misma manera, sino en armonizar las diferencias a través del amor, que nos hace comprender, actuar con justicia, ser solidarios, pacientes y serviciales, perdonar y pedir perdón.

Ojalá que así como Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, estuvo dispuesto a darlo todo para reconstruir la unidad, también nosotros, a pesar de los rompimientos y problemas, estemos dispuestos a poner todo de nuestra parte para ser constructores de unidad en casa, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia y en el mundo, y así podamos llegar a la meta: la casa del Padre, donde habitan el Hijo y el Espíritu Santo.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 8.
[2] Cf. 1ª Lectura: Prov 8, 22-31.
[3] Cf. 2ª Lectura: Rm 5, 1-5.
[4] Cf. Aclamación: Apoc 1, 8.
[5] Ángelus, 22 de mayo de 2016.
[6] Cf. Catena Aurea, 13612.
[7] Cf. Audiencia, Miércoles 14 de diciembre de 1994.

 

Pentecostés, ciclo C

El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas (cf. Jn 14, 15-16. 23-26)

“El Espíritu de Dios habita en ustedes”1. ¡Qué gran noticia! ¡Nunca estamos solos! El Creador amoroso de cuanto existe está en nosotros, llenándonos de su amor. Así nos hace hijos suyos y coherederos con Jesús de su vida por siempre feliz.

Sólo hace falta que le abramos las puertas del corazón ¿Cómo? Amándolo. Y dado que, como dice san Gregorio: “La prueba del amor está en las obras”2 , Jesús, en quien Dios ha venido a nosotros, nos pide cumplir sus mandamientos: que vivamos en el amor, 3 .

Él sabe que amar no siempre es fácil. Por eso nos pide que pongamos de nuestra parte para que pueda ayudarnos rogándole al Padre que nos dé al Espíritu Santo, quien nos enseña todas las cosas y nos recuerda cuanto Jesús ha dicho, ayudándonos a comprender el significado de sus palabras, como dice san Juan Pablo II, 4.

El Espíritu de la verdad nos descubre que todo lo que Jesús ha dicho y ha hecho es para unirnos a Dios y entre nosotros. Jesús fue enviado, como dice el Papa, para restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; liberarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos, 5. Y siendo hijos de Dios, somos hermanos unos de otros.

La hermandad de la humanidad, ¡cómo la anhelamos! ¿Verdad? Porque, como dice Benedicto XVI, aunque hemos multiplicado las posibilidades de comunicar parece que no hemos avanzado en la capacidad de entendernos; nos vemos con desconfianza, con temor, como si fuéramos peligrosos los unos para los otros, 6 .

Esto sucede en el matrimonio y en la familia; miramos con sospecha a la pareja, a los papás, a los hermanos, a la suegra, a la nuera. Y lo mismo pasa en la escuela, en el trabajo y en la sociedad. Pero en el fondo soñamos con un mundo en el que podamos entendernos, respetarnos, querernos y ayudarnos mutuamente a progresar y ser felices.

Y esto es posible si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, que así como en Pentecostés hizo que, gente venida de todas partes del mundo oyera a los discípulos hablar en su propia lengua 7, puede hacer que nos comuniquemos con el lenguaje que todos entendemos: el amor, que es comprender, actuar con justicia, ser pacientes, solidarios y serviciales, perdonar y pedir perdón.

El Espíritu Santo puede hacer maravillas en nosotros y a través de nosotros ¡Puede renovar la tierra, 8! Por eso, dispuestos a amar a Jesús y hacer lo que nos manda, abrámonos a él, diciéndole: ¡Ven Espíritu Santo, y llena nuestros corazones de tu amor! 9

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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1)Cf. 2ª Lectura: Rm 8, 8-17.
2)In Evang., hom. 30.
3)Cf. 2 Jn 1, 6.
4)Cf. Dominum et vivificantem, 4.
5)Cf. Homilía en la Misa de Pentecostés, Domingo 15 de mayo de 2016.
6)Cf. Homilía en la Misa de Pentecostés, Domingo 27 de mayo de 2012.
7)Cf. 1ª Lectura: Hch 2, 1-11.
8)Cf. Sal 103.
9)Cf. Aclamación.

 

 

Bendición a todos los comunicadores este domingo 2 de junio

Este próximo domingo 2 de junio se celebrará la Jornada Mundial de las #Comunicaciones y queremos invitar a todos los medios de comunicación de nuestra Diócesis, así como a los agentes de comunicación que sirven en #parroquias y #comunidades a participar de la Santa Misa en la Catedral de Matamoros a las 11:30 am presidida por Mons. Eugenio Lira, para ser miembros unos de los otros, como nos invita el Papa Francisco: De las redes sociales a la comunidad

#AñoJubilarDiocesano
#JornadaMundialDeLasComunicaciones

 

La Ascensión del Señor, ciclo c

Y mientras los bendecía, fue elevándose al cielo (cf. Lc 24, 46-53)

En el vientre materno, uno pregunta a su gemelo: “¿Crees en la vida después del parto?”. “¡Claro!”, responde el otro. “No hay nada –dice el primero– ¿Qué clase de vida sería?”. El otro contesta: “Podremos caminar, habrá más luz que aquí y muchas cosas que ahora no podemos entender, y nos reuniremos con mamá”. “Si hubiera vida después del parto –dice el primero– ¿por qué nadie ha regresado de allá? Además, caminar es imposible ¿Y a poco crees en mamá? Si existe, ¿por qué no la vemos?”. “Estamos en ella –contesta el otro– Y si guardas silencio y te concentras, percibirás su presencia y la escucharás”.

Hoy, en el silencio de la oración y concentrándonos en la Sagrada Escritura, en la Sagrada Tradición y en la Eucaristía, percibimos a Dios y escuchamos su voz en Jesús, en quien nos demuestra que existe, que nos ama, y que después de esta vida en la tierra nos espera en el cielo para hacernos por siempre felices junto a él.

Para eso Jesús, siendo Dios, se hizo uno de nosotros y, amando hasta dar la vida, nos rescató del pecado y nos hizo hijos del Padre. Así nos da la seguridad de que podemos entrar con él en la casa de Dios[1]. “Tú serás igualmente llevado a los cielos –dice san Juan Crisóstomo– porque así como la cabeza, es el cuerpo”[2]. Por eso el Papa comenta que, con su ascensión, Jesús atrae nuestra mirada al cielo, “para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre”[3].

Volviendo al cielo, su trono[4],  Jesús nos hace ver que hay algo después de esta vida; algo maravilloso, infinitamente más grande de lo que hemos conocido hasta ahora: el encuentro pleno y definitivo con el Padre. Esa es la meta que le da sentido a todo. Por eso, si como a los discípulos se nos preguntara: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo?”[5], podríamos responder: viendo lo que nos aguarda.

Después de todas las penas y los problemas pasajeros en esta tierra, al final nos espera la felicidad total y eterna del encuentro con Dios, si seguimos a Jesús por el camino del amor. Y para que podamos hacerlo, él nos comunica su Espíritu, al que debemos albergar permaneciendo unidos y escuchando su Palabra, recibiendo sus sacramentos –especialmente la Eucaristía–, y platicando con él en la oración.

Así tendremos la fuerza para ser comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, para perdonar y pedir perdón. De esta manera, ayudando a levantar la vida de nuestra familia, de nuestros vecinos, de nuestros compañeros y de los que nos rodean, especialmente de los más necesitados, seremos testigos del amor de Dios y animaremos a muchos a volverse a él.

“Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior –aconseja san Gregorio Magno–, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo… No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino”[6] ¡A echarle ganas!

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 2ª Lectura: Hb 9,24-28; 10, 19-23.
[2] Catena Aurea, 11450.
[3] @Pontifex_es, 30 mayo 2019.
[4] Cf. Sal 46.
[5] Cfr. 1ª Lectura: Hch 1,1-11.
[6] Sobre los evangelios, homilía 14, 6.

 

De las redes sociales a la comunidad, notas sobre la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019

Al inicio de su mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de este año, el Papa Francisco dice que quiere hablar “sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación” y de nuestra comunicación. Y alude a las figuras de red, comunidad y cuerpo, para desentrañar sus aspectos más hondos.

“Soy verdaderamente humano, verdaderamente persona –enuncia el Papa-, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal”.

En el camino de la existencia, el ser humano va siendo consciente que es en los otros como él puede encontrarse a sí mismo y reconocerse como una persona viva; que sin los otros él no existe, no es para alguien. Robinson Crusoe ha necesitado de Viernes para encontrarse; Adán necesita a Eva para no estar solo. Yo soy alguien desde unos padres, una familia, una comunidad, una ciudad, una lengua, una cultura, unos orígenes.

El otro es justamente aquel que por su misma alteridad me encuentra, me llama, me descubre aspectos diferentes de la realidad, me hace salir del encerramiento en mí mismo, me ayuda a entrar en relación y en comunicación con los demás, me ayuda a vivir lo que soy como ‘ser de relaciones’. Esto no lo podemos lograr en el aislamiento, en el encerramiento, al prescindir de los demás, al ver a los otros como rivales o enemigos. Necesitamos del encuentro, de la relación y de la comunicación, de persona a persona.

Más aún, la teología cristiana ve al hombre como ‘imagen’ de Dios, reflejo de su Creador, participación en la vida humana de aquello que es Dios Trinidad: relación y comunión de personas, comunicación de amor y desde el amor, búsqueda del bien de la humanidad. Éste es, en el fondo, el anhelo de todo ser humano en su existencia: vivir la relación verdadera con los demás, la comunión, la comunicación, el hacer una comunidad de vida auténtica.

Por eso, afirma Francisco, “el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión”. Sin embargo, “la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo, y éste se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, que termina a veces por fomentar espirales de odio”.

Si las redes sociales nos encierran en nuestras propias ideas, prejuicios, amigos; si nos separan de los demás, y nos llevan a verlos como rivales o contrarios; si nos separan de encontrarnos en vivo con otros y de comunicarnos de verdad, entonces las redes sociales no nos están ayudando a ser auténticamente seres humanos y personas llamadas a construir comunidad.

Desde las imágenes de red, comunidad y cuerpo, el Papa nos invita a estar presentes en las redes sociales desde lo que somos como personas, como seres en relación y comunicación. Podemos recoger cinco características para revisar nuestro modo de comunicarnos, particularmente en las redes sociales:

  1. Entramos en comunicación y relación cuando nos disponemos a escuchar en verdad lo que otra persona nos presenta, con lo que ello pide de atención, conciencia, acogida, silencio interior; nos exige, por tanto, hacer a un lado la tendencia a centrarnos en uno mismo, a refugiarnos en los propios pensamientos o creencias, a autoaislarnos.
  2. La comunicación es un encuentro y una relación personal. Se podrá dar también por redes sociales y digitales, si en ellas nos presentamos como verdaderas personas que van a un encuentro humano, y no ocultamos nuestra identidad personal, ni alentamos el individualismo ni el narcisismo. Pero en la comunicación se necesita también el contacto vivo, en carne y cuerpo, dice el Papa, hecho de miradas, sonrisas, abrazos, caricias, sentimientos compartidos.
  3. La comunicación establece un diálogo entre seres humanos, un intercambio de lo que cada uno piensa, siente, quiere, cree; diálogo desde el respeto, la caridad, la verdad, el mutuo entendimiento. Todo lo contrario de comunicarnos con prejuicios, falsedades, mentiras, descalificaciones, agresión.
  4. La verdadera comunicación y relación apela a los vínculos más hondos que unen a las personas, en lo que son y tienen, en su proyecto de vida compartido, en lo que pueden hacer por los demás y por el mundo. Una red o una comunidad, incluso digital, no se forma simplemente por ‘agregarse’ como un sujeto más; no se da por los números –de sujetos o de aprobaciones-, sino por la calidad de las relaciones.
  5. Se trata, en fin, de ir a nuestra identidad como seres humanos, llamados a la alteridad y a la comunión con los otros, llamados a la ‘projimidad’: el otro es alguien a quien yo me aproximo, me acerco para salir de mí mismo y hacerme prójimo, y actuar con misericordia, con amor, con paz, para seguir construyendo el ‘cuerpo’, la comunidad, el tejido social.

“Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad”. “Somos miembros unos de otros” (Efesios 4, 25), es el lema de esta Jornada Mundial. En la comunidad cristiana, incluso digital, no hay lugar para ver a los otros como enemigos, rivales, objetos, sino miembros del único Cuerpo, en el que todos nos reconocemos hermanos y prójimos.

 

SIGNIS/MEXICO/P.Luis García Orso, SJ

 

 

VI Domingo de Pascua, ciclo C, 2019

La paz les dejo, mi paz les doy (cf. Jn 14,23-29)

Todos queremos vivir en paz; en paz con nosotros mismos y con los demás, en casa, en la escuela, en el trabajo y en el mundo. Pero esto es muy difícil, porque no faltan penas y problemas.

Como sucedió al que un conductor le dio un aventón. Iban callados. Entonces pensó: “Si no le hablo quizá se enoje y me baje. Pero, ¿de qué hablarle? De deporte no, porque puede que le vaya al equipo contrario. De religión y de política, ¡menos!”. Entonces, para romper el hielo, dijo: “Pues sí…”. El chofer frenó y gritó: “¡Pues no, y te bajas!”

Si, la experiencia enseña que la paz en este mundo es incompleta y pasajera. Sin embargo, seguimos anhelando una paz total y duradera. Y eso es lo que Jesús nos ofrece; su paz, que es una paz profunda, plena y sin final. Esa paz que se encuentra en Dios, que hace la vida por siempre feliz. Para eso se ha hecho uno de nosotros y ha dado su vida; para unirnos al Padre y compartirnos su paz.

Lo único que nos pide es que lo amemos y cumplamos su palabra. “La prueba del amor –dice san san Gregorio– está en las obras”[1]. Por eso el Padre nos ha echado la mano enviándonos al Espíritu Santo, que nos enseña todas las cosas y nos recuerda cuanto Jesús ha dicho.

El Espíritu Santo nos enseña que todo en esta tierra se termina, incluidas las penas y los problemas; pero que al final nos aguarda una vida por siempre feliz con Dios[2]. Así nos llena de valor para que sigamos adelante, recordándonos lo que Jesús ha dicho: que la realización, el progreso y la eternidad se alcanzan amando a Dios y al prójimo. 

Claro está que las circunstancias en nuestra vida, nuestra familia y el mundo cambian, y a veces es difícil descubrir la manera concreta de amar. Pero, como señala san Juan Pablo II, el Espíritu Santo nos ayuda a comprender el significado del mensaje de Cristo, en medio de las condiciones y circunstancias mudables[3].

Así lo comprendieron los primeros cristianos, que al enfrentar una nueva situación que provocó confusión y pleitos, supieron encontrar el camino dejándose guiar por el Espíritu Santo[4]. Como ellos, ante los retos personales, en casa y en el mundo, unidos a los sucesores de los apóstoles, el Papa y los obispos, dejémonos guiar por el Espíritu Santo.

De esta manera descubriremos que el amor, que es Dios, hace triunfar la verdad, el bien y la vida. Entonces, aunque haya dificultades, experimentaremos lo que el Cardenal Poupard expresa así: “Cuando sopla un viento fuerte, la superficie del agua se encrespa y agita, pero, por debajo, las aguas profundas discurren tranquilamente hacia el mar”[5].

¡Confiemos en Dios, que a fin de cuentas guía con equidad todas las cosas[6]! Hagamos lo que Jesús nos pide ¡Amemos! Así, él y el Padre habitarán en nosotros, y, con la guía del Espíritu Santo, nos darán su paz y nos sacarán adelante.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] In Evang. Hom 30.
[2] Cf. 2ª Lectura: Ap 21,10-14. 22-23.
[3] Cf. Dominum et vivificantem, 4.
[4] Cf. 1ª Lectura: Hch 15, 1-2. 22-29.
[5] Felicidad y fe cristiana, Ed. Herder,  Barcelona, 1992, p. 20.
[6] Cf. Sal 66.

 

V Domingo de Pascua, ciclo C, 2019

Ámense los unos a los otros (cf. Jn 13,31-35)

Judas salió del cenáculo. Tentado por el diablo, se cerró al amor. Rompió con Jesús y los demás. Se aisló en su egoísmo y se dejó llevar por la decepción, la ambición y la traición. Pero el diablo no ganó la partida ¡Al contrario! Dios siguió adelante con su plan: salvarnos con el poder del amor. Un amor sostenido en medio de traiciones, abandonos, envidias, chismes, injusticias y violencia.

Por eso Jesús afirma que ha sido glorificado; porque en él, Dios nos muestra que es bueno con todos[1]; tanto, que a pesar de que desconfiamos de él y pecamos, ha enviado a su Hijo, Dios hecho uno de nosotros, para que, amando hasta el extremo, nos libere del pecado, nos dé su Espíritu y nos haga hijos suyos.

En Jesús, Dios hace nuevas todas las cosas; vence al pecado, al mal y la muerte[2], hace triunfar definitivamente la verdad, el bien y la vida, y nos hace participar de su vida por siempre feliz, que consiste en amar. Por eso Jesús nos dice: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”.

Pero, ¿es posible amar como él? Sí, porque como explica san Agustín, Jesús nos ha amado para que podamos amarnos los unos a los otros[3] ¡Nos ha comunicado la fuerza de su amor, el Espíritu Santo, para que amemos como él!

¿Y cómo ama Jesús? Ama siempre, en las buenas y en las malas. Ama a todos, incluso a los que lo traicionan, lo abandonan y lo niegan. Así, como señala el Papa, nos demuestra que nos ama aunque no lo merezcamos[4]

Como Jesús, amemos a todos. Incluso a los que no nos caen y no les caemos, a los que no nos tratan bien o de plano nos hacen la vida de “cuadritos”. Amemos aún cuando las cosas no vayan bien en casa, la escuela, el trabajo. Amemos y ayudemos a los demás, especialmente a los más necesitados.

Ciertamente esto cuesta trabajo. Pero, como dicen Pablo y Bernabé, hay que perseverar, conscientes de que para entrar en el Reino de Dios hay que pasar por muchas tribulaciones[5]. Ya lo dice el refrán: “El que quiere azul celeste, que le cueste”.

Quien anhela algo valioso debe estar dispuesto a afrontar su precio. El azul celeste es un color maravilloso, pero costoso, ya que se obtiene de una piedra semipreciosa, el lapislázuli, que se extrae de pocos lugares y requiere un proceso largo y trabajoso.

Si queremos colaborar con Dios en hacer nuevas todas las cosas –nuestra vida, nuestra familia y nuestro mundo–, hay que echarle ganas, siguiendo la técnica que él nos enseña: el amor, que es saber comprender, actuar con justicia, ser pacientes, solidarios, serviciales, perdonar y pedir perdón ¡No le saquemos! ¡Vale la pena!

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 144.
[2] Cf. 2ª Lectura: Ap 21,1-5.
[3] Cf. In Ioannem, Trat. 65,1-3.
[4] Cf. Regina coeli, 10 de mayo de 2015.
[5] Cf. 1ª Lectura: Hch 14,21-27.

 

 

Colecta de la UPM 2019

Circular No. 7/2019
Asunto: Colecta de la UPM 2019
H. Matamoros, Tam., a 15 de mayo de 2019
Año jubilar diocesano.

 

 

La Universidad Pontificia de México ha contribuido, desde hace más de 30 años, en la formación de muchos sacerdotes, consagrados y laicos de todo el país, incluyendo nuestra Diócesis, lo que sin duda favorece la tarea evangelizadora que el Señor nos ha confiado.

Por eso, les invito a promover con mucho entusiasmo la Colecta especial a favor de la Universidad Pontificia de México, que se llevará a cabo el próximo domingo 19 de mayo de 2019.

Lo colectado deberá ser entregado en la Economía diocesana o depositado en la Cta. No. 0150985872 del Banco BBVA Bancomer, a nombre de Diócesis de Matamoros, A.R., enviando el respectivo comprobante a la Economía diocesana.

Agradeciendo el apoyo que pueda usted brindar a esta Colecta, ruego al Señor que por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de pecadores, bendiga abundantemente a usted y a la comunidad que le ha encomendado.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

IV Domingo de Pascua, ciclo C, 2019

Mis ovejas escuchan mi voz (cf. Jn 10, 27-30)

Uno que andaba por la calle se acercó a un caballero que pasaba y le preguntó: “¿Me podría decir dónde está la acera de enfrente?”. “¿Está usted tonto? –le respondió– La acera de enfrente es la que está enfrente”. Entonces, sorprendido, exclamó: “Pero acabo de estar allí y me han dicho que es esta…”.

Ciertamente el hombre del chiste quería llegar a un lugar, aunque no tuviera claro de dónde venía, a dónde iba y como llegar. Pero la gente, al verlo confundido, lo tildó de tonto y le dio una información que lo dejó igual. Podrían haberse interesado por él y preguntarle si buscaba alguna dirección para ayudarlo a llegar a su destino. Pero no.

Como aquella persona, todos andamos buscando. Puede ser que no tengamos del todo claro qué, pero una voz dentro nos impulsa a buscar algo que le dé sentido a la vida, algo que nos haga sentir plenos, algo que nos permita mejorarlo todo, algo que haga nuestra vida por siempre feliz.

¿Y saben qué? Dios nos echa la mano ¿Porqué? Porque él es bueno. Porque él nos creó y somos suyos[1] ¡Nos ama! Por eso, cuando a raíz del pecado que cometimos quedamos atarantados y perdimos el rumbo, nos envió a Jesús para rescatarnos y guiarnos.

Jesús nos conoce y se interesa por nosotros. Nos ama tanto que ha dado su vida para lavarnos del pecado, darnos su Espíritu, hacernos hijos de Dios y guiarnos a la casa del Padre, quien enjugará las lágrimas de nuestros ojos y nos hará felices por siempre[2].

Aunque andemos confundidos y sin rumbo, él se nos da a conocer, nos habla y nos ayuda. Sólo hace falta que lo escuchemos, como hizo san Agustín, que después de andar perdido, se dejó encontrar por él y lo escuchó. Entonces pudo confesar con alegría: “Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera… me tocaste, y me abrasé en tu paz[3].

Jesús, como dice el Papa, “nos guía por el camino de la vida”[4]. Nos hace ver que venimos de Dios y que sólo en él alcanzamos lo que tanto buscamos. Escuchémoslo en su Palabra, conozcámoslo en sus sacramentos y en la oración, y vivamos como nos enseña: amando a Dios y al prójimo. Porque sólo así, amando, saldremos adelante.

Este amor debe aterrizarse; debe impulsarnos a echarle la mano a los demás. Como hicieron Pablo y Bernabé, que compartieron con muchos el camino de la dicha eterna, sin detenerse ante los obstáculos, llenando de alegría y del Espíritu Santo a cuantos encontraron[5].

Así debemos ser nosotros; gente buena que, como Jesús, se interese por los demás, y no los juzgue por andar confundidos, equivocados o perdidos, sino que les eche la mano para salir adelante en su vida personal, familiar y social.

Pidamos a Dios que nos ayude a ser así. Pidámosle además que nos envíe sacerdotes, consagradas, consagrados y laicos dispuestos a conocer a la gente, a amarla y a ayudarla a encontrar a Dios, a realizarse, a contribuir en la construcción de un mundo mejor, y a ser eternamente feliz.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 99.
[2] Cf. 2ª Lectura: Ap 7, 9.14b-17.
[3] Confesiones, Libro X, Cap. XXVII, 38.
[4] Cf. Regina coeli, 21 de abril de 2013.
[5] Cf. 1ª Lectura: Hch 13,14.43-52.

 

 

III Domingo de Pascua, ciclo C, 2019

Echen la red y encontrarán (cf. Jn 21,1-19)

¿A caso no nos ha pasado que por más que le hemos echado ganas, los cosas no han salido como esperábamos en nuestra vida, en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en nuestro noviazgo, con los amigos, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia y en el mundo?

Eso fue lo que sucedió a los apóstoles; a pesar de que habían seguido a Jesús, luego de trabajar mucho, no consiguieron nada. Pero él, que siendo Dios se hizo uno de nosotros y nos amó hasta dar la vida para hacer la nuestra plena y eterna[1], no los deja solos; resucitado, se les aparece y les dice cómo hacer las cosas para lograr una pesca exitosa.

También lo hace con nosotros, que en este mar de la vida, estupendo, dramático y temporal, esperamos “pescar” la plenitud y la eternidad. Desde la orilla de la playa que, como dice san Gregorio, significa la estabilidad del eterno descanso[2], al tiempo de recordarnos que esa es la meta, nos enseña la “técnica” para triunfar de verdad: el amor.

Los discípulos le hicieron caso ¡Y el resultado fue increíble!, como hace notar el Papa[3]. Hagámosle caso también. Amemos a Dios y dejémonos amar por él a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración. Así, llenos de su amor, podremos amarnos a nosotros mismos y darnos la oportunidad de vivir plenamente, amando a los demás y ayudándolos a tener una vida digna, a realizarse, a encontrar a Dios, a ser felices.

Eso no siempre será fácil ¡Al contrario! Como sucedió a los apóstoles, habrá quienes intenten hacernos “tirar la toalla”[4]; gente que nos presionará para que no nos acerquemos a Dios, para que no vayamos a Misa, para que no hablemos de Jesús, para que no vivamos como él enseña y para que no nos preocupemos por los demás. Pero como los apóstoles, no dejemos que nadie nos “corte las alas”.

Jesús puede cambiar nuestra vida, la de nuestra familia y la de todo el mundo. Puede hacerlo en un instante. Él puede revivirnos y convertir nuestro duelo en alegría[5]. Sólo hace falta que lo amemos de verdad, y, confiando en él, hagamos lo que nos dice.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 2ª Lectura: Ap 5,11-14.
[2] Cf. In Evang., hom. 24.
[3] Cf. Regina coeli, 10 de abril de 2016.
[4] Cf. 1ª Lectura: Hch 5,27-32. 40-41.
[5] Cf. Sal 29.

 

 

 

Oración por el eterno descanso de la Sra. Nidia Angélica Peña

Comunicado No. 06/2019
Asunto: Oración por el eterno descanso
De la Sra. Nidia Angélica Peña.  
H. Matamoros, Tam., a 2 de mayo de 2019,
Año jubilar diocesano

 

 

Al  Pueblo de Dios de la Diócesis de Matamoros:

Con profunda pena les informo que la Sra. Nidia Angélica Peña, mamá del Padre Jesús Carlos Palacios Peña, fue llamada a la Casa del Padre, a la edad de 76 años el día de hoy, 2 de mayo de 2019.

La Sra Nidia estará siendo velada hoy, jueves 2 de mayo, a partir de las 6 pm en Funerales Escobedo (Calle República de Cuba #46, Col. Modelo, en H. Matamoros, Tam) y hasta mañana viernes 3 de mayo a las 5:00 pm.

La misa exequial, con las cenizas presentes de la Sra. Nidia, se celebrará el día miércoles 8 de mayo a las 6:00 pm en la Rectoría de San Judas Tadeo, de Matamoros, Tam.

A mis hermanos sacerdotes les invito a que tengamos en cuenta esta intención en las eucaristías y juntos elevemos a Dios nuestra oración, para que el Dios del consuelo, fortalezca al Padre Jechu y a la familia Palacios Peña en este momento de dolor y les dé el consuelo necesario.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Colectas del Seminario para los meses de Mayo y Agosto

Comunicado No. 5/2019
Asunto: Colectas del Seminario de Mayo y Agosto
H. Matamoros, Tam., a 29 de abril de 2019,
Año jubilar diocesano

 

En el marco del 60 aniversario de nuestra querida Diócesis de Matamoros, comenzaremos a celebrar, de igual forma, el jubileo de Nuestro Seminario de Matamoros, bendita casa que forma los futuros sacerdotes de nuestra Iglesia diocesana.

De esta manera, ante algunos acontecimientos que nuestro Seminario estará viviendo, habrá necesidad de trasladar la colecta mensual del primer domingo al segundo domingo.

Así, debido a que el primer fin de semana de Mayo se tendrá el Encuentro Provincial de Seminarios Menores, la Colecta mensual del mes de mayo se traslada al segundo domingo, es decir al domingo 12 de mayo.

De igual forma en el mes de agosto, debido a que nuestros seminaristas participarán en la Peregrinación Anual a la Basílica de Guadalupe, la colecta mensual se traslada al domingo 11 de agosto.

Que Jesús vivo y resucitado siga impulsándonos a anunciar la alegría de la resurrección y nos envíe muchos y muy santos sacerdotes.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

II Domingo de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia 2019

Dichosos los que creen sin haber visto (cf. Jn 20,19-31)

¡Jesús ha resucitado!

 

Y como dice el Papa, todo lo que él toca se llena de vida[1]. Así lo vemos con los discípulos que estaban encerrados por miedo: se les apareció y les cambió la vida, llenándolos de alegría.

También puede hacerlo con nosotros, que quizá estemos encerrados en nosotros mismos a causa del temor provocado por una enfermedad, una desilusión, un fracaso, una pena, y los problemas en casa, la escuela, el trabajo y en este mundo violento ¡Jesús puede cambiar nuestra vida!

Él se acerca a nosotros a través de su Palabra, de sus sacramentos –especialmente la Eucaristía– , de la oración, del prójimo y de los acontecimientos, y nos dice: “La paz esté con ustedes”. Y para que descubramos porqué podemos estar en paz, nos enseña las heridas de sus manos y de su costado.

Las conserva abiertas para curar nuestras dudas, como dice san Agustín[2], porque son la prueba de que podemos confiar en él, que nos ha amado hasta dar la vida para salvarnos, y que ahora, vivo para siempre, nos ofrece una vida plena y eterna[3].

Con sus heridas, Jesús nos da la paz al demostrarnos que el amor, que en definitiva es Dios, es el verdadero poder, capaz de vencer al pecado, al mal y la muerte[4], y de hacer triunfar para siempre la verdad, el bien y la vida.

Así nos libera de todos nuestros temores, por grandes que sean; porque nos hace ver que tarde o temprano todas las penas y problemas terminan, y que al final, lo que permanece es el amor. Por eso nos comparte la misión que el Padre le confió: amar apasionadamente, y así ayudar a todos a salvarse.

Siendo comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, perdonando y pidiendo perdón, haremos grandes prodigios, como los discípulos[5], porque estaremos ayudando a salvar nuestro matrimonio, nuestra familia, nuestros ambientes y nuestra sociedad.

Quizá, como sucedió a Tomás al principio, hasta ahora nos hemos resistido a creer en el Resucitado y su fuerza transformadora. No desesperemos. Como hizo con aquel Apóstol, Jesús, que nos tiene paciencia, no dejará de hacernos “tocar” las señales de su amor apasionado por nosotros ¿Porqué? Porque su misericordia es eterna[6].

Por eso, en este Domingo de la Divina Misericordia, Jesús, el creador que se ha hecho uno de nosotros para liberarnos del pecado y hacernos partícipes de su vida por siempre feliz, nos repite lo que dijo a santa Faustina: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia… Mi amor no desilusiona a nadie”[7].

Como Tomás, dejándonos transformar por él, respondámosle con fe, esperanza y amor: “Señor mío y Dios mío. Jesús, ¡en Ti confío!”, decididos a cumplir la misión que nos ha compartido, con la ayuda del Espíritu Santo que nos ha dado: amar apasionadamente.

 

+ Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Vive Cristo, 1.
[2] Cf. Catena Aurea, 14019.
[3] Cf. 2ª Lectura: Ap 1,9-11a.12-13.17-19.
[4] Cf. JUAN PABLO II, Dives in misericordia, 15.
[5] Cf. 1ª Lectura: Hch 5, 12-16.
[6] Cf. Sal 117.
[7] KOWALSKA Faustina, Diario la Divina Misericordia en mi alma, Association of Marian Helpers, Stockbridge, MA, 2004, nn. 687 y 29.

 

 

 

Fuimos testigos de una gran celebración: 60 años de vida diocesana

El pasado 11 de abril de 2019 nuestra Diócesis de Matamoros cumplió 60 años de vida como Iglesia particular en esta porción de territorio, encomendado actualmente a Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, como VI Obispo diocesano.

Presidió la eucaristía ese día en la Catedral de Matamoros en punto de las 6:00 pm Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Concelebraron los señores obispos de diversas diócesis, sacerdotes, religiosas, seminaristas, laicos, jóvenes, niños, matrimonios y personas de la tercera edad.

Al finalizar la Santa Misa, frente a la Catedral y en parte de la Plaza principal de Matamoros, Tamaulipas, se pudo disfrutar de un momento cultural, mediante bailables y música regional, al evento asistieron además los presidentes municipales de los que conforman la Diócesis: Camargo, G.Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Matamoros, Valle Hermoso, San Fernando y Villa de Méndez.

Cabe mencinonar de forma especial, que días previos se tuvieron conferencias y mesas de diálogo en torno al tema de nuestros hermanos migrantes, así como la oración en Catedral con el Te Deum. Y para cerrar los eventos del 60 Aniversario se tuvo un concierto llamado Cielo Abierto Matamoros 2019 de forma gratuita para todas las familias.

Agradecemos a todos y cada uno el apoyo brindado para que todo esto fuera posible. Nuestra historia como Iglesia continúa. Y Dios bendiga nuestros hogares en la permanente construcción de la reconciliación y la paz.

 

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Mensaje de Pascua 2019 por Mons. Eugenio Lira

¡Cristo ha resucitado! Así nos demuestra que el auténtico poder, capaz de vencer al pecado, al mal y la muerte, es el amor, que en definitiva es Dios. El amor hace triunfar para siempre la verdad, el bien, el progreso y la vida. Por eso, resucitemos hoy con él a una vida nueva en la que nuestra forma de pensar, de hablar y de actuar esté guiada por el amor. De esta manera ayudaremos a resucitar a una vida mejor a nuestra familia y a nuestra sociedad, especialmente a los más necesitados ¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

+Eugenio Andres Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros