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Oración por el eterno descanso del Padre Ildefonso Herrera

Comunicado No. 2/2020
Asunto: Oración por el eterno descanso del
P. Ildefonso Herrera Berlanga – funerales

H. Matamoros, Tam., 19 de enero de 2020,
año de preparar el terreno

 Al Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Matamoros:

Con tristeza y esperanza, les comunico que a las 3:45 am de este domingo 19 de enero, fue llamado a la casa del Padre, el Pbro. Ildefonso Herrera Berlanga.

El P. Poncho, como le decíamos de cariño, nació el 19 de mayo de 1953 en Burgos, Tam. Fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 1982 en la Catedral de Matamoros. Desempeñó su ministerio como Vicario Parroquial de la Parroquia San Martín de Porres en Cd. Reynosa, Tam., Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos (Fraccionamiento), Vicario Parroquial de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en H. Matamoros, Tam., Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia Santísima Trinidad en H. Matamoros, Tam., Párroco de la Parroquia San Martín de Porres en H. Matamoros, Tam., Coordinador de la Comisión Diocesana de Pastoral Penitenciaria y Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral, Párroco de la Parroquia San Martín de Porres en Reynosa, Tam., Decano del Decanato de San Martín de Porres en la Zona Pastoral de Reynosa, Director local del centro San Martin de Porres del IDITEP así como Miembro de su Consejo Directivo, Director Espiritual del Consejo Diocesano de la Adoración Nocturna, Coordinador del Área Humana y Miembro de la Comisión Diocesana del Clero, Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral, Párroco de la Parroquia San Martin de Porres en Rio Bravo, Tam., Vicario Parroquial de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en H. Matamoros, Tam., Párroco de la Parroquia Santa María Reina de la Paz en H. Matamoros, Tam., y recientemente era residente de la Casa Sacerdotal “San José”.

A partir de hoy, desde la 1:30 pm será velado en la Parroquia María Reina de la paz en H. Matamoros, Tam., donde celebraremos la Santa Misa de cuerpo presente mañana lunes 20 de enero a las 12:30 pm. Al término de la celebración será trasladado a Valle Hermoso donde será velado por su familia, para luego ser sepultado, esperando la resurrección.

Ruego a los sacerdotes que en sus eucaristías pidan a Dios que conceda al P. Poncho gozar de él por toda la eternidad, y a sus familiares, amigos y fieles, les dé fortaleza y consuelo.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el II Domingo Ordinario, ciclo A

Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1, 29-34)

Juan era como nosotros; una persona que quería ser feliz y que soñaba con un mundo mejor. Y la respuesta a todos sus anhelos llegó; Jesús vino a él. Pero el Bautista no lo sabía.

Sin embargo, como estaba abierto a Dios, pudo distinguir las señales que él le envió para comprender que, como dice Crisóstomo, Jesús es el esperado[1].

¡Sí! Jesús es aquel a quien Dios ha enviado para salvarnos[2]. Aquel que, haciendo lo que el Padre quiere[3], quita el estorbo del pecado, que no nos deja avanzar como personas, como familia y como sociedad, y nos da el poder de llegar a ser hijos de Dios[4], partícipes de su vida por siempre feliz, que consiste en amar y hacer el bien.

Juan lo reconoció y lo compartió. Y esto es lo que la Iglesia hace, como dice el Papa[5]. Porque Jesús se nos acerca siempre, de muchas maneras. Sin embargo, a veces no lo vemos claro. Pero Dios nos echa la mano a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración y de los buenos consejos para que, discerniendo, descubramos que Jesús es el único que puede sacarnos adelante, y lo compartamos con los demás.

Lo necesitamos. Nuestra familia y el mundo lo necesitan. Porque, siendo honestos, en nosotros, en casa y en el mundo hay cosas que están mal: egoísmo, resentimiento, injusticia, corrupción, daño al medioambiente, indiferencia, pobreza, violencia. Pero con quejarnos, no solucionamos nada. Hay que hacer cambios, dando testimonio de Jesús, que, como a san Pablo, nos elige para ser apóstoles suyos[6].

Él, que nos da su Espíritu de amor, nos envía a quitar lo que está mal y hacer que todo vaya mejorando ¿Cómo? Amando y haciendo el bien. Siendo comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, perdonando y pidiendo perdón, iremos quitando el mal que hay en nosotros, en casa, en la escuela, en el trabajo y en la sociedad; nos realizaremos y contribuiremos a edificar una familia y un mundo mejor. No nos quejemos del mal, ¡quitémoslo!, con Jesús y como Jesús: amando y haciendo el bien.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. In Ioannem, hom. 16.
[2] Cf. 1ª. Lectura: Is 49, 3.5-6.
[3] Cf. Sal 39.
[4] Cf. Aclamación: Jn 1,14.12.
[5] Cf. Ángelus, Domingo 15 de enero de 2017.
[6] Cf. 2ª Lectura: 1 Cor 1,1-3.

 

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2020

Queridos hermanos:

Este año, el material para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2020 (del 18 al 25 de enero) lo han elaborado las Iglesias cristianas de Malta y de Gozo. Tomando en cuenta que cada 10 de febrero celebran la Fiesta del Naufragio de San Pablo y, con este evento, la evangelización de las islas, el lema y las reflexiones de este año tendrán como tema el viaje del Apóstol, prisionero y encadenado que se enfrentó a las tempestades en el mar. Prisioneros, marinos y soldados naufragaron y llegaron a una isla, donde los habitantes no hablaban su idioma, no compartían su cultura ni su religión, pero fueron recibidos con calidez, con alimentos y ropa seca, con “una solicitud poco común” (Hechos 28, 2).

Este pasaje en la vida de San Pablo nos recuerda escenas que vemos actualmente en los noticieros: migrantes que se enfrentan a tormentas, a mares embravecidos y llegan a países con otras culturas, otros idiomas y otras religiones, pero a diferencia de los habitantes de Malta son recibidos en muchas ocasiones con indiferencia, discriminación y rechazo; son secuestrados o explotados e, incluso, sometidos a trata de personas. ¿Es ésta la actitud de un cristiano?, ¿es esto lo que Dios espera de nosotros? El Papa Francisco denuncia con crudeza esta situación en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019:

Las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte.

En nuestro país, uno de los compromisos pastorales del Proyecto Global Pastoral (PGP) es identificar y acompañar a los grupos vulnerables de nuestra sociedad, los migrantes entre otros. Por esta razón, al concluir el VI Encuentro de Obispos de la Frontera Sur y Centroamérica, en el estado de Chiapas, los obispos exigieron un corredor migratorio digno y seguro que proteja a un gran número de familias migrantes.

Los materiales que ofrecemos para el octavario están preparados para orar por la unidad de los cristianos, pero una unidad que no excluya a nadie, que no olvide a nadie, en especial a los más desfavorecidos, a los mas débiles y, entre ellos, a los migrantes.

Para profundizar más sobre el tema de la unidad, incluimos los siguientes artículos del abad de Taizé, hermano Alois, sobre la reconciliación entre cristianos; el arzobispo ortodoxo Ignacio Samaán nos hablará sobre la unidad en Cristo; el padre Mario Ángel Flores, rector de la Universidad Pontificia de México, sobre la confianza en la Providencia y finalmente una mujer, Isabel Miranda, agente de pastoral ecuménica, nos describirá el trabajo ecuménico del Papa en este año.

Pido a Santa María de Guadalupe, Madre Nuestra, que en la unidad de nuestro Señor Jesucristo, no nos veamos como extranjeros, desconocidos o migrantes, sino como hermanos, unidos en torno a un mismo mandamiento: amarnos como él nos amó.

 

† Carlos Briseño Arch

Presidente de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso y Comunión
Obispo de Veracruz

 

Descarga aquí el material completo 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el día del Bautismo del Señor, ciclo A

Este es mi Hijo muy amado (cf. Mt 3,13-17)

Han transcurrido algunos días de este 2020, que seguramente iniciamos con ilusiones y buenos propósitos, pero que quizá nos ha sorprendido con caídas, enfermedades, penas y problemas que nos hacen preguntarnos: “¿Ahora por dónde?”.

Pues Dios nos responde haciéndonos ver que para sacarnos adelante ha enviado a Jesús[1], quien nos enseña que la única manera de lograrlo es hacer lo que Dios quiere.

¿Y qué es lo que Dios quiere? Lo mejor para todos. Por eso lo creó todo bueno. Y aunque al pecar echamos a perder su obra, no nos abandonó, sino que quiso restaurar todas las cosas. Para eso envió a su Hijo, quien le entró haciendo lo que el Padre quiere: liberarnos del pecado, abrir nuestros ojos a la realidad, compartirnos su Espíritu, reunirnos en su Iglesia y hacernos hijos suyos[2]. ¿Y cómo lo hace? Como el Padre quiere: haciendo el bien[3]. Por eso se hizo uno de nosotros y nos amó hasta dar la vida.

Esto es lo que él nos regala en el Bautismo, en el que nos renueva y nos une de tal manera así mismo, que san Agustín dice: “hemos llegado a ser, no solamente cristianos sino el propio Cristo”[4]. Y para que podamos alcanzar la vida plena y eterna que nos ofrece, solo debemos seguir su consejo y hacer lo que Dios quiere. Como el Bautista, que, aunque pensaba que las cosas debían ser diferentes, no se cerró a su idea, sino que escuchó a Jesús para descubrir lo que Dios quería, y lo hizo.

Si queremos salir adelante, debemos ver más allá de nuestras ideas y distinguir la realidad iluminados por Dios, que hace brillar su luz a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración y de los buenos consejos. Así descubriremos que, en cualquier circunstancia, la clave para salir adelante es hacer lo que él quiere: dejar que nos renueve y entrarle a su proyecto de renovarlo todo, amando y haciendo el bien.

¿Lo hacemos? ¿Buscamos lo que nos hace bien? ¿Hacemos el bien a la familia, a los vecinos, a los compañeros y a la gente que nos rodea, especialmente a los más necesitados? ¿Tratamos de restaurar lo que se ha roto en casa, en la Iglesia y en la sociedad, o enfrentamos las diferencias intentando someter a los demás por la mala? ¿Procuramos restablecer los vínculos que nos unen, o terminamos de romperlos? ¿Tomamos en cuenta lo que hay de verdad y de bien en los demás, o lo apagamos sin darles una oportunidad?

La vida es una peregrinación hacia la casa del Padre. Una peregrinación en la que podemos perder el rumbo, causar mucho mal y acabar en el laberinto sin salida del amor reusado. Por eso necesitamos la guía del mejor GPS que puede haber: el discernimiento, con el que siempre encontremos la ruta correcta. Incluso, si nos equivocamos de camino, ese GPS nos redireccionará para que salgamos adelante, aprovechando cada día y cualquier circunstancia para hacer el bien.

Hacer el bien es dejarnos amar por Dios, vivir unidos a él, amarlo y actuar como enseña. Es dar a los demás el respeto que todos merecemos. Es mantener los vínculos que nos unen como familia, como Iglesia y como sociedad. Es buscar lo que hay de verdad y de bien en el otro y partir de ahí para caminar juntos hacia la verdad y el bien completos. Es ayudar a todos a tener una vida digna y libre, a realizarse, a encontrar a Dios y ser felices.

“El bautismo –recuerda el Papa– permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a él, para colaborar… en la transformación del mundo”[5]. Por rotas y a punto de apagarse que parezcan las cosas en nuestra vida, en casa y en el mundo, no nos demos por vencidos. Confiemos en Dios y hagamos lo que él quiere: renovarlo todo, a su manera: amando y haciendo el bien. Así, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras caídas, de nuestros fracasos y de nuestras luchas, el Padre podrá complacerse en nosotros.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 29.
[2] Cf. 1ª Lectura: Is 42, 1-4. 6-7.
[3] Cf. 2ª Lectura: Hch 10,34-38.
[4] In Iohannis evangelium tractatus, 21, 8.
[5] Cf. Catequesis 11 de abril 2018.

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el día de La Epifanía del Señor

Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo (cf. Mt 2,1-12)

A veces vemos los acontecimientos sin reflexionar.

Por eso nos sentimos en tinieblas, sin comprender lo que Dios nos está diciendo y sin saber qué hacer. Pero cuando unimos fe y razón, todo cambia; resplandece sobre nosotros Dios, que nos hace ver la realidad de manera más completa[1]. Así podemos distinguir el camino que debemos recorrer para realizarnos, construir una familia y un mundo mejor, y llegar a la meta: el encuentro definitivo con Dios, en quien seremos felices por siempre.

Eso fue lo que hicieron los magos de oriente, científicos de su época que no se resignaban a quedarse solo con lo que observaban, experimentaban y comprobaban, sino que buscaban ir más allá; a las causas y al sentido de las cosas. Por eso, cuando vieron surgir una estrella, trataron de entender qué significaba para sus vidas y para el mundo; acudieron a las profecías que habían escuchado de los judíos de Babilonia, y comprendieron que era la señal que indicaba la llegada del Salvador[2].

Entonces, uniendo fe y razón, se pusieron en camino. No se quedaron pensando, sino que actuaron. No se resignaron a seguir como estaban; querían algo más, y sabían quién podía dárselos. Por eso, aunque fuera arriesgado, se lanzaron en búsqueda del Salvador, que ha venido a liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eterna[3].

Y aunque el camino no fue fácil y las cosas se complicaron, no se sintieron defraudados, no se encerraron en la soledad de la autosuficiencia ni se echaron para atrás, sino que perseveraron; le buscaron, pidieron ayuda. Y Dios se valió, incluso de Herodes, de los sumos sacerdotes y de los escribas, para que nuevamente su Palabra los orientara hacia la meta: el encuentro con Jesús.

San Juan Crisóstomo dice que, como a los magos, Dios nos envía señales para encontrarlo a través de aquello que nos es familiar; personas, situaciones y acontecimientos[4]. Pero, ¿ponemos atención? ¿Sabemos discernir para comprender y hacer lo que nos pide? ¿O nos quedamos con lo inmediato, pensando que la vida es así, y que no vale la pena arriesgarse para buscar algo mejor?

Si queremos salir adelante, debemos desarrollar el don del discernimiento que Dios nos da, con ayuda de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración y de los buenos consejos. Así comprenderemos mejor el porqué y el para qué de lo que pasa, y seremos capaces de saber qué hacer para encontrar a Dios, que ha venido a nosotros, desarrollarnos integralmente, y ayudar a que todo mejore en casa y en el mundo.

Y cuando las cosas no salgan como esperábamos, cuando una enfermedad, una pena o un problema eclipsen la señal que nos guiaba, no nos decepcionemos ni pensemos: “no se puede” ¡Echémosle ganas! Volvamos a discernir. Porque el discernimiento es como un GPS que nos saca adelante, por la ruta mejor, previniéndonos de los peligros, como hizo Dios con los magos al advertirles que no volvieran a Herodes.

A través del discernimiento, Dios nos hará ver el peligro de volver a la soledad del egoísmo, que nos hace presa fácil de los placeres y las adicciones, y que nos empuja a usar y desechar a los demás como si fueran “cosas”; y nos mostrará, como dice el Papa un camino alternativo[5]: el amor, que es capaz de hacer que todo mejore en nuestra vida, en nuestro hogar y en el mundo, y de llevarnos al encuentro de Aquel que nos hará felices por siempre.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Is 60,1-6.
[2] Cfr. Nm 24,17: “Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel”.
[3] Cf. 2ª Lectura: Ef 3,2-3.5-6.
[4] Cf. Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía VI.
[5] Cf. Homilía en la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2019.

 

 

Año Nuevo 2019

Encontraron a María, a José y al Niño (cf. Lc 2,16-21)

Termina un año y comienza otro.

Y como los pastores en Belén, venimos a encontrarnos con Jesús, sabiendo que en él, Dios, creador de todo, nos muestra su rostro, nos abraza, nos bendice y nos da su paz[1]. Él lo envió para que, hecho uno de nosotros y nacido de la Virgen María, nos rescatara del pecado, nos diera su Espíritu y nos hiciera hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz[2].

Por eso venimos a Jesús. Pero para que este encuentro haga efecto en nosotros y nos dé el consuelo, la luz y la fuerza para seguir adelante, hay que hacer lo que María, que no sólo miraba lo que pasaba y ya, sino que guardaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Trataba de comprender lo que sucedía, relacionando, como dice san Beda, los acontecimientos con la Palabra de Dios[3].

Si lo hacemos así, nos libraremos de dos peligros muy grandes, que nos dañan a nosotros, a la familia y a los demás: ser superficiales y precipitados. Porque quien es superficial no entiende el porqué ni el para qué de lo que sucede; se precipita y elige mal: se encierra en sí mismo, se pone a la defensiva y camina sin rumbo, dejándose llevar por el momento, hasta terminar en el laberinto sin salida del amor rehusado.

Para que eso no nos pase, debemos desarrollar, como María, el gran don que Dios nos da: el discernimiento ¿Y qué es discernir? Es saber distinguir para elegir bien, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración y los buenos consejos. Así veremos la realidad de manera más completa, teniendo clara la meta: llegar a la casa del Padre. Entonces comprenderemos mejor lo que sucede, descubriremos el gran proyecto de Dios, nos situaremos en él, y sabremos qué hacer con lo que pasa.

Discerniendo, nos damos cuenta que Dios nos ama infinita e incondicionalmente. Que valemos mucho para él. Que nunca nos deja solos. Que todo tiene sentido, porque en las alegrías y en las penas siempre nos hecha la mano para que salgamos adelante, siguiendo el único camino que nos lleva a realizarnos de verdad, a construir una familia y un mundo mejor, y a llegar a él, en quien seremos eternamente dichosos. Y ese camino es el amor, que impulsa a hacer el bien, y a construir algo que todos anhelamos: la paz.

Pero quizá, al ver que en casa, la escuela, el trabajo y el mundo hay demasiados pleitos, nos sintamos desanimados y nos preguntemos dónde encontrar la fuerza para construir la paz. El Papa lo dice: no resignándonos a vivir así, sino creyendo que la paz es posible. No nos resignemos a que nuestro matrimonio sea un ring, a que nuestra familia sea un campo de batalla y a que en el mundo tengamos que vivir con miedo y a la defensiva ¡Las cosas pueden ser diferentes! ¡Nosotros podemos hacer la diferencia!

A eso se le llama esperanza, virtud que, como dice el Papa: “nos pone en camino y nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables”[4]. La esperanza nos ayuda a ver a los demás como hermanos, no como enemigos. Nos ayuda a no encasillarlos por lo que han dicho o hecho. Nos anima a respetarlos, a ser justos, pacientes y solidarios, a perdonarlos, a pedirles perdón y a dialogar para conocernos mejor. Nos anima a cuidar la tierra, nuestra casa común[5].

Si unidos a la Madre de Dios y Madre nuestra, meditamos todo esto y lo ponemos en práctica, procurando que la esposa, el esposo, los hijos, los papás, los hermanos, la suegra, la nuera, los vecinos, los compañeros de escuela o de trabajo, los empleados y los demás se sientan bien, tratándolos siempre, no como cosas sino como personas, contribuiremos a que experimenten la bondad del Señor[6], y a que 2020 sea de verdad, y no solo de palabra, un feliz año para todos.

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª. Lectura: Nm 6,22-27.
[2] Cf. 2ª. Lectura, Gál 4,4-7.
[3] Cf. Catena Aurea, 9215.
[4] Cf. Mensaje para la 53 Jornada Mundial de la paz, 1 de enero de 2020, La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica.
[5] Ídem.
[6] Cf. Sal 66.

 

 

Comunicado sobre el nombramiento de Mons. Roberto Sifuentes como «Capellán de su Santidad»

H. Matamoros, Tam., 29 de diciembre de 2019

Escudo Diócesis de Matamoros

COMUNICADO ESPECIAL

 

Al clero y a los fieles de la Diócesis de Matamoros:

En la alegría de la Natividad del Señor, les comparto con emoción que el Santo Padre Francisco se ha dignado honrar a nuestra querida Diócesis, nombrando Capellán de Su Santidad a nuestro Vicario General, el Sr. Pbro. Roberto Sifuentes Aranda.

Unidos como Iglesia diocesana, damos gracias al Señor por este don que nos concede a través del Papa, a quien agradecemos esta distinción, y felicitamos sinceramente a nuestro querido Monseñor Sifuentes por esta designación, que constituye un reconocimiento a su entrega fiel y generosa al servicio de Dios y de su Iglesia.

En fechas próximas se dará a conocer el día y la hora de la celebración eucarística en la que daremos gracias al Señor por este nombramiento.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

Monseñor Roberto Sifuentes Aranda

 

Nació el 21 de octubre de 1948 en Pino, Zacatecas. Sus padres fueron el Sr. Felipe Sifuentes Espinoza y la Sra. Francisca Aranda Lugo. Es el mayor de 6 hermanos. Recién nacido se trasladó con su familia a vivir en Matamoros, donde en 1969 ingresó al Seminario. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1978. Cuenta con una Maestría en Psicoterapia por la Universidad de Texas. Entre otros servicios, ha sido Profesor y Director Espiritual del Seminario de Monterrey, Profesor y Formador del Seminario “San José” de Matamoros, Comisionado para la Pastoral Misional de la Diócesis, Administrador Parroquial de la Parroquia Ntra. Sra. de Fátima en H. Matamoros, Vicario Foráneo de la Foranía de Matamoros en la Zona Pastoral 1, Párroco de la Parroquia Ntra. Sra. de Fátima en H. Matamoros, Coordinador de la Comisión Diocesana de Pastoral de Rehabilitación, Perito Estable del Tribunal Diocesano, Párroco de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en H. Matamoros, y Párroco de la Parroquia Ntra. Sra. de San Juan en H. Matamoros, Tam. En tres ocasiones ha sido Administrador Diocesano de la Diócesis de Matamoros. Y desde hace varios años es Vicario General, Miembro del Consejo Presbiteral y Miembro del Colegio de Consultores. El 11 de noviembre de 2019 el Santo Padre Francisco lo nombró Capellán de Su Santidad.

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el día de La Sagrada Familia 2019

Toma al niño ya su madre y huye a Egipto (cf. Mt 2,13-15. 19-23)

Como muchas familias, la Familia de Jesús, María y José enfrentó carencias, problemas y peligros. Pero Dios no la abandonó, como no abandona a ninguna familia. Él siempre interviene para sacarnos adelante y ayudarnos a salvar la vida, presente y futura.

Lo hace a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración, del prójimo y de los acontecimientos. Solo necesitamos hacerle caso y seguir sus caminos[1], como hizo la familia de Nazaret.

Él, que ha enviado a Jesús para liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos familia suya, nos enseña que el camino para estar unidos, salir adelante y participar de su vida por siempre feliz es el amor; ser compasivos, generosos, humildes, amables, pacientes, soportarnos y perdonarnos unos a otros[2]. Y esto debe empezar en casa[3], practicando tres palabras claves que el Papa recomienda: permiso, gracias, perdón[4]. Hay que ser respetuosos y agradecidos, reconocer los errores, disculparse, y saber perdonar.

Sin embargo, no falta gente que, como Herodes, buscando su propio beneficio, promueve una cultura de muerte que invita a no pensar en Dios; que reduce la existencia y la sexualidad a puro placer sin responsabilidad y sin futuro; que nos encierra en la soledad del egoísmo para hacernos presa fácil del alcohol, de las drogas, del juego, de los placeres y del consumismo; que ve a los seres humanos como objetos que pueden ser usados, explotados, ignorados y desechados cuando su vida incomoda a otros.  

Por desgracia, también nosotros podemos convertirnos de alguna forma en esos “Herodes”, y volvernos perseguidores de la propia familia y de los demás, con nuestros egoísmos y faltas de respeto; con nuestras envidias, mentiras, chismes y rencores; con nuestras indiferencias e infidelidades; con nuestras adicciones, parrandas y malas amistades; perdiéndonos en los videojuegos y las redes sociales, y siendo injustos, corruptos y violentos. 

¿Qué hizo que Herodes fuera así? El egoísmo, que lo hacía vivir obsesionado con el poder, temiendo que alguien se lo arrebatara. Por eso, cuando oyó que había nacido el Mesías, intentó aniquilarlo. No comprendió, como explica san Agustín, que Jesús no venía a quitarle nada, sino a darnos a todos parte en su gloria, plena y eterna[5].

Cuando nos aferramos a cosas superficiales y efímeras que creemos que nos dan poder, corremos el riesgo de mirar a Dios como una amenaza. Y esto lo extendemos a los que sentimos que ponen en riesgo nuestro estatus, nuestros gustos, nuestros intereses o nuestra comodidad: los papás cuando nos llaman la atención, un bebé no deseado, un pobre, un migrante, un enfermo. Entonces, viéndolos como enemigos, los atacamos, con lo que, al tiempo de dañarlos, derrumbamos nuestro hogar y el mundo, y terminamos por destruirnos a nosotros mismos.

Para que eso no nos suceda, aprendamos de José a estar atentos a los mensajes de Dios. Así, mirando con claridad, sabremos defendernos a tiempo a nosotros mismos, a nuestra familia y a las demás familias de esa cultura de muerte que quiere arrebatarnos a Dios, encerrarnos en la soledad del egoísmo, quitarnos el valor y el sentido de la vida, matar la unidad, cancelar el verdadero progreso, y despojarnos de la eternidad.

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 127.
[2] Cf. 2ª Lectura: Col 3,12-21.
[3] Cf. 1ª Lectura: Eclo 3,3-7. 14-17.
[4] Cf. Ángelus, 29 de diciembre de 2013.
[5] Cf. In sermonibus de innocentibus.

 

 

La Natividad del Señor

Hoy les ha nacido un salvador (cf. Lc 2,10-11)

Era de noche. Porque el pecado que la humanidad cometió había sumido la existencia en las tinieblas del mal y de la muerte. Pero Dios no nos despreció. No nos abandonó a las consecuencias de nuestro error.

No se resignó a que las cosas fueran así, sino que le entró para cambiarlo todo: se hizo uno de nosotros en Jesús y nació de la Virgen María para rescatarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz[1].

¡Eso es lo que celebramos en Navidad! Lo único que necesitamos para recibirlo es estar vigilantes, como los pastores en Belén, que, aunque era de noche, hacían lo que debían hacer. Si a pesar de nuestras caídas, de las penas y de los problemas le echamos ganas a nuestra vida, a nuestro matrimonio, a nuestra familia y a nuestra sociedad, encontraremos a Jesús, que ha venido a nosotros, y volveremos transformados, llenos de su amor para compartirlo con los demás[2].

No pensemos que esto va a ser fácil. Habrá muchos obstáculos y tentaciones. Sin embargo, el Niño en el pesebre nos demuestra que sí se puede. Él no vino al mundo en las mejores condiciones. Desde el principio enfrentó dificultades y carencias. Las cosas no salieron como humanamente se hubiera esperado. Pero él, fiado en el Padre, le entró para iniciar esa cadena de transformaciones que nos llevarán a una vida mejor.

Jesús nos invita a entrarle también para hacer que todo mejore en nuestra vida, en casa y en el mundo, llevando una vida sobria, justa, fiel a Dios, amando y haciendo el bien[3]. No esperemos a ser perfectos para empezar. No esperemos a que todo sea como queremos para echarle ganas. No esperemos a que los demás mejoren para amarlos y hacerles el bien. Lo que los demás hagan no está en nuestras manos, sino lo que nosotros podemos hacer.

Así lo enseña Jesús; aunque al nacer encontró un mundo oscuro con muchas puertas cerradas, le echó ganas y nació en un pesebre para hacerse don y entregársenos como alimento en su Palabra, en sus sacramentos –especialmente en la Eucaristía–, y en la oración, y así echarnos la mano para irnos transformando hasta que vivamos con dignidad, como dice san Cirilo[4].

Tengamos un poquito de buena voluntad y dejémonos buscar por él. Y dejándonos amar y salvar por él, hagámonos don para los demás. Porque, como dice el Papa, la mejor manera de cambiar el mundo no es tratar de cambiar a los otros, sino cambiar nosotros, haciendo de nuestra vida un don[5].

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. 1ª Lectura: Is 9,1-3.5-6.
[2] Cf. Sal 95.
[3] Cf. 2ª Lectura: Tit 2,11-14.
[4] Cf. Catena Aurea, 9206.
[5] Cf. Homilía en la Natividad del Señor, 24 de diciembre de 2019.

 

 

Mons. Eugenio Lira nos comparte su Mensaje de Navidad y Año Nuevo

 

Mensaje de Navidad y Año Nuevo

 

Amigas y amigos: en Navidad celebramos el amor y la esperanza. Porque a pesar de que le fallamos, Dios no dejó de amarnos, sino que se hizo uno de nosotros en Jesús para rescatarnos del lío en que nos metimos, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, ofreciéndonos así la esperanza de participar de su vida por siempre feliz. Lo único que nos pide es que le entremos a su gran proyecto de amor, amando y haciendo el bien. Quizá nos parezca difícil porque estemos enfrentando penas o problemas en casa y la sociedad. Pero Jesús, naciendo en la humildad de un pesebre, nos demuestra que sí se puede, confiando en Dios, entrarle para iniciar esa cadena de transformaciones que poco a poco harán realidad la esperanza de todos de una vida mejor. Él nos echará la mano a través de su Palabra, sus sacramentos, la oración y el prójimo, y así saldremos adelante ¡Feliz Navidad y próspero 2020!

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Cuarto Domingo de Adviento, Ciclo A

Jesús nació de María, desposada con José (cf.Mt 1, 18-24)

Hay veces que por más que cuidamos nuestra salud, nos portamos bien, estudiamos, trabajamos, cumplimos nuestros deberes, vamos a Misa, rezamos, hacemos apostolado, y tratamos de ayudar a los demás, todo sale mal. Entonces podemos sentir que no sirve ser buenos; que Dios falla, que su camino no funciona, y que además, cuando más lo necesitamos, no nos ayuda.

Pues si acaso nos sentimos así, hoy el Señor nos echa la mano a través de una persona a quien de pronto se le derrumbó el presente y se quedó sin futro: san José, un hombre bueno y fiel a Dios, que con mucha ilusión se había desposado con una joven, quien antes de vivir juntos lo sorprendió esperando un hijo que no era suyo.

Pero José no dejó que el coraje le ganara. No mandó a volar a Dios ni buscó desquitarse de su mujer. A pesar del dolor, guiado por el amor, decidió repudiar en secreto a María para evitar que la condenaran a morir por adulterio[1]. Prefirió, como dice san Agustín, al castigo del pecado el bien del pecador[2]. A pesar de lo sucedido, supo ver a María como “alguien”, no como “algo”; la siguió valorando como persona y no se atrevió a dañarla.

¿Cómo le hizo san José para no perder el control? Teniendo un corazón limpio[3], honesto, transparente, sin segundas intenciones, no cerrado en sí mismo, sino abierto a Dios y a los demás. Así fue capaz de superar la suciedad del pecado que opaca la visión y empuja a dejarnos llevar por lo primero que vemos, y pudo recibir la luz de Dios para ver con claridad la realidad completa y elegir bien; elegir el amor.

Y el tiempo le dio la razón; más adelante Dios le envió un mensajero que le ayudó a comprender que lo que estaba sucediendo era la señal esperada; que el Niño que María había concebido era “Dios con nosotros” para salvarnos a todos[4]. ¡Qué habría pasado si José se hubiera dejado dominar por el coraje de lo que parecía evidente! ¡Cómo lo hubiera lamentado! Y nosotros también. Porque a veces las apariencias engañan.

José, atento a los mensajes de Dios, como hace notar el Papa[5], pudo descubrir que el Señor no le había fallado ni las cosas se le habían ido de las manos ¡Al contrario! Él, el creador y dueño de cuanto existe, que lo tiene todo previsto, lo invitaba a ser parte de su gran proyecto de amor para transformar definitivamente el universo, ofreciéndonos a todos un futuro maravilloso, sin límites y sin final.

¿Qué le tocaba hacer? Recibir a María y al Niño que había concebido por obra del Espíritu Santo; Dios hecho uno de nosotros para rescatarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida por siempre feliz. José, confiando en el Señor, lo hizo. Y aunque el resto del camino no fue fácil, siguió adelante, mirando la meta, abierto a las señales de Dios, y haciendo lo que le pedía en cada etapa.

Como él, abrámonos a Dios y dejémosle que nos ayude a ver la realidad completa a través de su Palabra, de sus sacramentos, de la oración, de las personas y de los acontecimientos. Así, en medio de las penas y de los problemas, seremos capaces de ver más allá de lo inmediato y entrarle a su gran proyecto de hacer que todo sea mejor en casa y el mundo, recibiendo a Jesús y compartiendo su amor que salva[6], viendo siempre a los demás como “alguien”, no como “algo”, y haciéndonos cargo de nosotros mismos, de la familia, de los demás, y de la creación[7].

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Lv 20,20; Dt 22,22.
[2] Cf. De Verbo Domini, serm. 16.
[3] Cf. Sal 71.
[4] Cf. 1ª Lectura: Jer 23, 5-8.
[5] Ángelus, 22 de diciembre de 2013.
[6] Cf. 2ª Lectura: Rm 1,1-7.
[7] Cf. S.S. Francisco, Homilía en la inauguración del Pontificado, 19 de marzo de 2013.

 

 

Obispos y Caballeros de Colón en la frontera México-EEUU apoyan Casa del Migrante

La Casa del Migrante San Juan Diego y San Francisco de Asís, A.C. situada en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, frontera con el sur del Estado de Texas, recibió un donativo de tres toneladas de alimento junto con un apoyo económico por parte de la organización internacional Caballeros de Colón en Estados Unidos, presidida por el señor Carl Anderson.

Esta acción realizada el 13 de diciembre del presente año a la una de la tarde, forma parte de los trabajos en conjunto que promueven los Obispos de esta región fronteriza, Mons. Daniel Flores (Obispo de Brownsville), Mons. Mario Avilés (Obispo Auxiliar de Brownsville) y Mons. Eugenio Lira (Obispo de Matamoros) en favor de nuestros hermanos migrantes, a través de la Pastoral Social en el norte de Tamaulipas coordinada por el Pbro. Francisco Gallardo y en el Valle de Texas por la Hermana Norma Pimentel, directora ejecutiva de las Caridades Católicas.

“En este momento la atención solidaria la centramos en Matamoros, ante la llegada de muchos hermanos migrantes a esta región” expresó Mons. Daniel Flores y añadió: “seguimos invitando a todos y cada uno para seguir apoyando a la comunidad migrante, lejos de juzgarlos y condenarlos”.

Por su parte Mons. Eugenio Lira mencionó: “Es un signo muy bonito de solidaridad de los Caballeros de Colón, quienes se han reunido y han hecho un esfuerzo para apoyar esta Casa del Migrante, en donde se busca tender una mano a nuestros hermanos y hermanas, que por diversas razones, han tenido que abandonar sus hogares y han venido a buscar el sueño americano”.

Posteriormente de que fueran escuchados nuestros hermanos migrantes, por parte de los señores obispos, tanto sus inquietudes, necesidades, tristezas e ilusiones, se tuvo una pre-posada, donde cantaron villancicos, se quebró la tradicional piñata y compartieron los alimentos en un clima de fraternidad y esperanza.

Estuvieron presentes en la recepción de los donativos para la Casa San Juan Diego y San Francisco de Asís, A.C. nuestros hermanos migrantes que residen temporalmente venidos del sur de México y Centroamérica, los Caballeros de Colón de diversos Consejos en la Diócesis de Matamoros, el equipo coordinador de Pastoral Social, los colaboradores de la Casa del Migrante en Matamoros, así como periodistas y comunicadores de ambos países, a quienes agradecemos su apoyo para dar a conocer la realidad del tema migratorio y las acciones conjuntas.

Mons. Daniel Flores, Mons. Eugenio Lira, Mons. Mario Avilés, Hna. Norma Pimentel, Pbro. Francisco Gallardo

Agradecidos por este gran apoyo a nuestros hermanos migrantes

Dentro de la Casa del Migrante en Matamoros

En la pre-posada

Convivio antes de compartir los alimentos

¡Gracias!

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Tercer Domingo de Adviento, Ciclo A

¿Eres tú el que ha de venir?(cf. Mt 11, 2-11)

Todos soñamos con grandezas; ser los mejores en todo y tener lo mejor de lo mejor. Pero resulta que en esta vida todo es limitado y se termina. Cuando nos damos cuenta, sentimos ganas de algo realmente grande, sin límites y sin final. Pues hoy Dios nos dice que lo tendremos, porque él, que nos creó para lo grande, nos ayuda a conseguirlo.

Para eso, a pesar de que la regamos al desconfiar de él y pecar, envió a Jesús, que, hecho uno de nosotros, ha venido a liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eterna[1]. Lo único que necesitamos para alcanzar esta grandeza, sin límites y sin final, es reconocerlo.

Pero puede ser que al ver que aunque ya vino seguimos fallando, y que en el mundo sigue habiendo mucho mal, nos preguntemos: “¿De verdad es él quien habría de venir o tenemos que esperar a otro?”. Para ayudarnos, hoy el Bautista, haciéndose nuestro portavoz, se lo manda preguntar. Y Jesús responde con obras. Porque, como señala san Juan Crisóstomo: “El testimonio de las realidades tiene más fuerza que el de las palabras”[2]. El testimonio de Jesús, como dice el Papa: “no son palabras, son hechos”[3].

Él hace que veamos nuestra dignidad y la de los demás; que salgamos adelante guiados por la verdad; que recuperemos la semejanza divina deformada por el pecado, superando el egoísmo, la envidia, el rencor y la búsqueda insaciable de placer, de dinero y de poder; que escuchemos a Dios y a los demás; que resucitemos a la vida por siempre feliz del amor.

Sin embargo, esta maravillosa transformación que Jesús ha iniciado está en proceso. Es como el grano sembrado en la tierra; necesita tiempo y cuidados para crecer y dar fruto. Por eso Santiago aconseja tener paciencia y ánimo[4]. Llegará el momento en que nos unamos definitivamente a Dios; entonces las penas terminarán y todo será dicha eterna[5].

Mientras tanto, no nos dejemos vencer por nuestras caídas, por las desgracias y por las modas. Mantengámonos firmes. Como el Bautista, de quien san Hilario comenta que no era como la caña: vacío en el interior[6]. Dejémonos llenar por Dios a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración. Así, aún en medio de las penas y problemas, no nos sentiremos defraudados por Jesús, sino que reconoceremos que él es el esperado.

Y viviendo como enseña, no de palabra sino con obras, siendo comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, perdonando y pidiendo perdón, ayudaremos a la familia y a los demás a reconocerlo. Entonces seremos realmente grandes, formando parte de su Reino, que no tiene fin.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] Cf. Sal 147.
[2] Homiliae in Matthaeum, hom. 36,2.
[3] Ángelus 11 de diciembre de 2016.
[4] Cf. 2ª. Lectura: St 5,7-10
[5] Cf. 1ª. Lectura: Is 35,1-6.10
[6] Cf. In Matthaeum, 11.

 

El Papa: María se mestizó para ser Madre de todos

El Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la Santa Misa en la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. En su homilía el Pontífice se centró en tres adjetivos de María: ella es “mujer, madre y mestiza”, dijo.

María es mujer-discípula

María es mujer. Es mujer, es señora, como dice el Nican mopohua. Mujer con el señorío de mujer. Se presenta como mujer, y se presenta con un mensaje de otro, es decir, es mujer, señora y discípula. A San Ignacio le gustaba llamarla Nuestra Señora. Y así es de sencillo, no pretende otra cosa: es mujer, discípula.

Francisco señaló que la piedad cristiana “siempre buscó alabarla con nuevos títulos”: eran “títulos filiales”, dijo, “títulos del amor del pueblo de Dios”, pero que “no tocaban en nada ese ser mujer –discípula”. Y recordó que San Bernardo decía que “cuando hablamos de María nunca es suficiente la alabanza”. Los títulos de alabanza, “no tocaban para nada ese humilde discipulado de ella”, subrayó.

Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como co-redentora, no: discípula.

María es Madre

María, además, “nunca robó para sí nada de su Hijo”, sino que lo sirvió “porque es Madre”, prosiguió Francisco, centrándose en el segundo adjetivo.

María es Madre nuestra, es Madre de nuestros pueblos, es Madre de todos nosotros, es Madre de la Iglesia, pero es figura de la Iglesia también. Y es Madre de nuestro corazón, de nuestra alma. Algún Santo Padre dice que lo que se dice de María se puede decir, a su manera, de la Iglesia, y a su manera, del alma nuestra. Porque la Iglesia es femenina y nuestra alma tiene esa capacidad de recibir de Dios la gracia, y en cierto sentido los Padres la veían como femenina. No podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano que se extiende.

La esencialidad de María: ser mujer y madre

El Pontífice afirmó luego que cuando se busca el papel de la mujer en la Iglesia se puede ir “por la vía de la funcionalidad” porque la mujer “tiene funciones que cumplir en la Iglesia”. Se trata de algo que sin embargo, “nos deja a mitad de camino”, puesto que “la mujer en la Iglesia va más allá” con ese principio mariano que “maternaliza” a la Iglesia, y la transforma “en la Santa Madre Iglesia”.

María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos – pensemos en las letanías lauretanas – son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre.

María se mestizó para ser Madre de todos, y mestizó a Dios

María, concluyó el Papa, se “nos quiso mestiza, se mestizó”. Pero no lo hizo “sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo”, sino que ella se mestizó “para ser Madre de todos”, se mestizó “con la humanidad”. “Y, ¿por qué?” – planteó Francisco. “Porque ella mestizó a Dios”:

Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo.

“Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras”, alentó Francisco: “María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios”.

Que nos hable como le habló a Juan Diego desde estos tres títulos: con ternura, con calidez femenina y con la cercanía del mestizaje. Que así sea.

 

Griselda Mutual /Ciudad del Vaticano
Foto: VN

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el día de Nuestra Señora de Guadalupe

María se encaminó presurosa (cf. Lc 1, 39-48)

Isabel estaba viviendo momentos emocionantes, pero complicados, porque siendo ya mayor esperaba a su primer hijo ¿Y qué hizo María? Fue corriendo a ayudarla. En el siglo XVI los habitantes de lo que llegaría a ser México enfrentaban tiempos difíciles ¿Y qué hizo María? Corrió para auxiliarlos.

Así ha sido en nuestra vida ¿Verdad? Cuando más lo hemos necesitado, María ha corrido para echarnos la mano, repitiéndonos lo que dijo a san Juan Diego: “No te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”[1].

Sí, María, a quien Dios creo y eligió para ser Madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo, es sensible a lo que le sucede a los demás y corre para ayudar. Porque como dice san Ambrosio: “el amor no conoce de lentitudes”[2]

¡Esa es nuestra Mamá! La Mamá que Jesús nos ha regalado. La Mamá que nos ama y nos cuida. Por eso venimos a darle gracias y a pedirle que siga echándonos la mano, con la confianza de que seguirá dándonos lo mejor que tiene: a Jesús, el único que puede liberarnos del pecado, unirnos a Dios y hacer nuestra vida eternamente feliz[3].

Jesús, Dios hecho uno de nosotros para salvarnos, nos abraza a través de su Palabra, de sus sacramentos y de la oración, y nos llena de su Espíritu para que, como él y como la Virgencita, amemos y corramos a servir a los que nos rodean, empezando por casa. 

¡Hay tanta necesidad! La esposa, el esposo, los hijos, los papás, los hermanos, la suegra, la nuera, los vecinos, los empleados, los compañeros de escuela o de trabajo, los niños, los adolescentes, los jóvenes, los viejitos, los enfermos, los pobres, los abandonados, los adictos, los presos, las víctimas de la violencia, los desaparecidos, los migrantes, ¡necesitan tanto de nosotros!

Necesitan que estemos abiertos a Dios y a ellos. Que veamos lo que les pasa y que los ayudemos a tener una vida digna, a sentirse queridos, a realizarse, a progresar, a encontrar a Dios, a ser felices[4]. Por eso, como dice el Papa, nuestra Madrecita de Guadalupe nos pide: “ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos” [5].

Somos hijos de Dios y herederos de su vida eternamente feliz[6]. Vivamos esta grandeza. Amemos, como nuestro Padre Dios, que es amor. Y, como María, por amor, seamos buenos y corramos a hacer el bien.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1] VALERIANO Antonio, Nican Mopohua, traducción del náhuatl al castellano del P. Mario Rojas Sánchez, Ed. Fundación La Peregrinación, México 1998.
[2] Catena Aurea, 9139.
[3]  Cf. Is 7, 10-14.
[4] Cf. Sal 66
[5] Santa Misa en la Basílica de Guadalupe, 13 de febrero de 2016.
[6] Cf. 2ª  Lectura: Gál 4,4-7.

 

 

Comunicado sobre el uso de pólvora y cohetones en nuestra Diócesis

Comunicado No. 14/2019
Asunto: Sobre el uso de pólvora y cohetones
H. Matamoros, Tam., a 2 de diciembre de 2019
Año de preparar el terreno.

 

A los sacerdotes y fieles de la Diócesis de Matamoros:

Consciente de que el Señor nos pide cuidarnos unos a otros (cf. Gál 6, 2), lo que ha motivado la creación del Programa “Iglesia segura” y del “Consejo Operativo para la Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y Adultos Vulnerables”, y considerando la tragedia que hemos vivido el día de ayer en nuestra Diócesis durante una procesión en la que se usaron cohetones sin autorización de la Curia Diocesana, experiencia dolorosa que también han sufrido diversas comunidades en algunas diócesis de la República Mexicana, notifico a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos que queda totalmente prohibido el uso de pólvora y cohetones, que, además de afectar el medioambiente, ponen en riesgo la salud y la vida de las personas. Así mismo, les recuerdo que, cuando se organicen procesiones, hay que informar a las autoridades y a Protección Civil, y observar puntualmente las leyes y normas en esta materia, a fin de garantizar la seguridad de todos.

Ruego al Señor que, por intercesión de Nuestra Madre, Refugio de los pecadores, nos conceda el don del discernimiento y la gracia de la prudencia para observar esta disposición.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Segundo Domingo de Adviento, Ciclo A

Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos (cf. Mt 3, 1-12)

Todos queremos estar en paz ¿Verdad? En paz con nosotros mismos y con los demás. Y eso es lo que Dios quiere para nosotros.

Por eso, a pesar de que le fallamos y pecamos, con lo que abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte, él prometió que enviaría a alguien que nos trajera la paz[1].

Y ese alguien es Jesús, que, haciéndose uno de nosotros y amando hasta dar la vida, nos ha defendido del pecado, nos ha  dado su Espíritu y nos ha hecho hijos de Dios, partícipes de su vida por siempre feliz[2].

Lo único que necesitamos es recibirlo. Y para ayudarnos, Dios envía al Bautista que, invitándonos a preparar el camino a Jesús, que viene a nosotros para unirnos a Dios y darnos su paz y su vida, nos dice: “Conviértanse”.

No vaya a ser que, por estar bautizados y formar parte de la familia de Dios, pensemos que ya no hace falta más ¡Cuidado! Porque así le ponemos obstáculos a Jesús, corriendo el riesgo de que, al impedirle que venga a salvarnos, terminemos encerrados para siempre en el laberinto sin salida del amor reusado.

Por eso debemos revisar cómo estamos llevando nuestra vida, para no ponerle obstáculos a Jesús ¿Qué obstáculos? Inventarnos nuestra propia verdad, utilizar a los demás, ser indiferentes a sus necesidades y sufrimientos, ser esclavos del dinero, de la moda y de las cosas, ser flojos, envidiosos, corruptos, chismosos, rencorosos y violentos.

Y quizá uno de los obstáculos más grandes sea pensar que, aunque nos portemos mal, al final Dios nos va a salvar, porque es tan bueno que no puede condenar a nadie al infierno. Efectivamente, Dios es bueno. Y porque es bueno, no puede convertir la injusticia en derecho[3]. Por eso dará a cada uno lo que con sus obras haya elegido.

De ahí la importancia del llamado de Juan: “Conviértanse”, es decir “cambien”, “mejoren”. Hay que ser honestos y convertirnos. “El que no se arrepiente de su vida pasada –dice san Agustín–, no puede emprender otra nueva”[4]. Se trata, como dice el Papa, de ir un paso adelante cada día[5].

Para eso dejemos que Dios nos ayude fortaleciéndonos con su Palabra, sus sacramentos y la oración. Así tendremos el auxilio de su amor para vivir en armonía en casa, el barrio, la escuela, el trabajo, la escuela y el mundo[6], siendo comprensivos, justos, pacientes, solidarios, serviciales, perdonando y pidiendo perdón.

¡Por favor! Mejoremos. Seamos honestos, reconozcamos nuestros errores y cambiemos lo que debamos corregir. Quitemos los obstáculos y dejemos que Jesús venga a nuestra vida, a nuestra familia y a nuestra sociedad. Sólo él puede darnos la paz verdadera que dura para siempre.

 

+Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

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[1] Cf. 1ª. Lectura: Is 11,1-10.
[2] Cf. Sal 72.
[3] Cf. Spe salvi, 44.
[4] Catena Aurea, 3301.
[5] Cf. Ángelus 4 de diciembre de 2016.
[6] Cf. 2ª. Lectura: Rm 15, 4-9.

 

 

Peregrinos accidentados en H. Matamoros, Tamaulipas.

H. Matamoros, Tam.,
diciembre 1 de 2019.
Comunicado 01/12/2019

 

Con profunda pena informamos, que peregrinos de la Parroquia Santísima Trinidad en Matamoros, Tamaulipas, resultaron heridos, presuntamente al estallar accidentalmente los cohetes de pólvora, que se llevaban en la caja de una camioneta tipo pick up, en la Avenida Pedro Cárdenas, alrededor de la una de la tarde de este domingo 1 de diciembre.

La Parroquia se ubica en el Ejido 20 de noviembre de esta ciudad. Los heridos fueron trasladados a hospitales para su inmediata atención. Estaremos atentos a las investigaciones con las autoridades correspondientes.

Elevamos nuestra oración e imploramos la intercesión de la Virgen de Guadalupe, pidiendo a Dios por la pronta y satisfactoria recuperación de los heridos y para que conceda fortaleza a sus familias.

 

Comunicación Social
Diócesis de Matamoros

 

Homilía de Mons. Eugenio Lira para el Primer Domingo de Adviento, Ciclo A

Velen y estén preparados (cf. Mt 24,37-44)

Comenzamos un tiempo especial de preparación a la Navidad, en la que celebraremos una vez más lo mucho que Dios nos ama, ya que, a pesar de que le fallamos, se hizo uno de nosotros en Jesús para rescatarnos del pecado y unirnos a él, en quien seremos por siempre felices.

¡Ese es el deseo más grande que tenemos! ¿Verdad? Ser felices por siempre. Y Dios, que nos ha creado, nos ha salvado para que podamos serlo. Lo único que nos toca es aceptar su invitación a seguir el camino que ha hecho para nosotros[1], y que nos lleva hasta su casa[2].

Sin embargo, a veces nos distraemos y nos desorientamos hasta salirnos del camino. Y el problema es que así podemos terminar perdiéndonos para siempre en el laberinto sin salida del amor reusado.

Por eso Jesús aconseja estar atentos ¿Cómo? Lo dice san Pablo: dejando las obras de las tinieblas y portando las armas de la luz[3] ¿Y cuáles son esas armas? La verdad, la comprensión, la justicia, la solidaridad, la paciencia, el bien y el perdón. En una palabra: el amor.

“Somos viandantes –decía san Agustín–… ¿…qué es andar? Avanzar siempre… Si te complaces en lo que eres, ya te has detenido… Y si te dices: «Ya basta», estás perdido… avanza siempre… no quieras desviarte… Más seguro anda el cojo en el camino que el corredor fuera de él” [4].

Quizá estemos fuera del camino. Quizá nos hayamos alejado de Dios, de nosotros mismos, de la familia y de los demás. Quizá nos hemos desviado y hayamos entrado en la oscura zona del egoísmo, de la envidia, del chisme, del rencor, del deseo de venganza, del sentirnos más que lo demás, de usar a los que nos rodean, de ser indiferentes a lo que les sucede. 

Pues aunque haya sido así, no debemos desesperar ni darnos por vencidos, porque Dios siempre está echándonos la mano para regresarnos al camino. Lo hace de muchas maneras; a través de su Palabra, de sus sacramentos de la oración, de las personas, de los acontecimientos.

Precisamente ahora lo está haciendo a través del Adviento ¡Aprovechemos esta gran oportunidad! Porque como dice Shakespeare: “Todo puede enmendarse”[5]. “Déjate transformar –aconseja el Papa–… El Señor la cumplirá (tu misión) también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que… estés siempre abierto a su acción”[6]. Que María, Refugio de los pecadores, nos ayude a estar atentos, teniendo siempre presente la meta y el camino.

 

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros

 

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[1]Cf. 1ª  Lectura: Is 2,1-5.
[2]Cf. Sal 121.
[3]Cf. 2ª Lectura: Rm 13,11-14.
[4] Serm. 169, 18.
[5] Hamlet, Ed. Porrúa, México, 2005, Acto III, Escena XXII, p. 47.
[6] Gaudete et exsultate, 24.

 

 

Objetivos y horarios de la Asamblea Diocesana de Pastoral

DIOCESIS DE MATAMOROS
AÑO DE PREPARAR EL TERRENO 2019-2020
ASAMBLEA DIOCESANA

SALON SAN JOSE DE LA UNM
H.
MATAMOROS, 28 y 29 DE NOVIEMBRE 2019 

 

OBJETIVO GENERAL

Iluminados por la Carta Pastoral “Hasta que Cristo sea formado en nosotros”, orar y dialogar juntos para discernir la manera concreta en la que Dios nos está pidiendo “preparar el terreno” poniendo al día todo lo que conforma nuestra Diócesis para que responda mejor a su naturaleza evangelizadora y misionera en la realidad actual.

OBJETIVOS ESPECIFICOS:

  1. Compartir y discernir los elementos esenciales de las líneas de trabajo que nos ofrece la Carta Pastoral “Hasta que Cristo sea formado en nosotros”.
  2. Compartir y discernir los resultados generales de las propuestas presentadas en las Asambleas Parroquiales de las 3 zonas pastorales.
  3. Compartir y discernir las propuestas de la Curia y de las Comisiones diocesanas de Pastoral.
   

 

 

Tiempos

PRIMER DIA: JUEVES 28 DE NOVIEMBRE 2019

 

Actividad

 

 

Responsables

08:00 – 09:00 Recepción de Inscripciones / Desayuno Vicaria de Pastoral
09:00 – 09:10 Bienvenida (presentación de Parroquias, Decanatos, Zonas) Pbro. José I. Charles Mtz.
09:10 – 10.15 EUCARISTÍA Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
10:15 – 10:30 Introducción al itinerario de la Asamblea Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
10:30 – 11:00 Visión panorámica del Plan Diocesano de Pastoral Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
11:00 – 11:45 Presentación de las Asambleas Parroquiales de las Tres Zonas Pastorales Vicarios Episcopales de Zona
11:45 – 12:00 Animación /Coffee break: Zonas Pastorales
12:00 12:10  ANGELUS Vida Consagrada
12:10 – 13:00 TEMA: “El discernimiento, don y tarea” Pbro. Eduardo González O.
13:00 – 14:00 Instrucciones, Bendición de alimentos, COMIDA Vicaria de Pastoral
14:00 – 14:15 Cantos/ Animación Ministerio de Música
14:15 – 15:30 Presentación de las Curias Vicaria de Pastoral/Curias
15:30 – 16:00 Grupos de trabajo para discernir las acciones comunes propuestas en las Asambleas Parroquiales de las Tres Zonas Pastorales Vicaria de Pastoral
  SEGUNDO DIA: VIERNES 29 DE NOVIEMBRE 2019  
08:00 – 09:00 Desayuno Zonas Pastorales
09:00 – 09:50 Hora Santa P. Alberto del Ángel
10:00 – 11:00 TEMA: “Construyendo una Iglesia segura” P. José Luis Cerra Luna
11:00 – 11:30 Coffee break: Zonas Pastorales
11:30 – 11:45 Presentación de la estructura de las Comisiones Diocesanas de Pastoral Vicario de Pastoral

Pbro. José I. Charles Mtz.

11:45 – 12:00 Ángelus-oración Mariana

 

Vida Consagrada
12:00 – 13:00 Presentación de las propuestas de las Comisiones diocesanas de Pastoral Coordinadores de cada Comisión, Dimensión y Departamento.
13:00 – 14:00 Instrucciones, Bendición de alimentos, COMIDA Zonas Pastorales
14:00 – 14:30 Reunión de grupos Vicaria de Pastoral
14:30 – 15:00 Economía Diocesana Pbro. Jorge Villanueva
15:00 – 16:00 Eucaristía Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía
LUGAR: SALÓN SAN JOSÉ DE LA UNIVERSIDAD DEL NORESTE DE MÉXICO
Las inscripciones se entregarán en la entrada a los encargados de la Vicaría de Pastoral al inicio del evento, los gafetes cada Parroquia y cada representante laico o de un movimiento los elaborará conforme al formato enviado.

COMISIONES PARA EL EVENTO 

COMISIÓN RESPONSABLES
PREPARACIÓN PARA EL EVENTO  
1.      Preparación y arreglo del lugar (mesas y sillas) Vicaría de Pastoral                   
2.      Lona para ambientación del lugar Zonas Pastorales
3.      Colocación de lona Vicaría de Pastoral
4.      Recepción y acomodo Vicaría de Pastoral
5.      Salón, Sonido, proyector y pantallas Economía Diocesana
LOGISTICA  
6.      Exposición de temas Vicaría de Pastoral
7.      Memoria  Vicaría de Pastoral
DESAYUNO, COFFEE BREAK (CON TODO LO NECESARIO PARA SERVIR LOS ALIMENTOS Y BEBIDAS)
8.      Desayuno, jueves y viernes Zonas Pastorales
9.      Coffee Break, Aguas y Refrescos jueves y viernes Zonas Pastorales
10.  Comida jueves y viernes Zonas Pastorales
SECRETARÍA  
11.  Secretaría y Materiales: papelería, plumones, etc. Vicaría de Pastoral y secretarios de grupos
LITURGIA        
12.  Responsable general: CEREMONIERO  
13.  Elementos Litúrgicos y servicio del altar Universidad del Noreste de México

Comisión de Pastoral Litúrgica

14.  Flores Zonas Pastorales
15.  Ministerio de Música Zonas Pastorales